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Allá por el año 1990, Ronald Morales pasaba habitualmente por el antiguo aeropuerto Xolotlán, en la calle 15 de Septiembre de la vieja Managua, con el deseo de algún día vivir en la zona. Haciéndole un préstamo a su mamá y más US$2,000 en mano, su aspiración se cumplió seis años después, en 1996, cuando compró un terreno en un lugar al que recientemente habían bautizado como el barrio 21 de Febrero.

El nombre de este barrio tiene un significado patriótico, indica Luis Agustín Boniche Suazo, en su libro “21 de Febrero”, de la colección Memorias de mi Barrio del Centro de Historia de la Alcaldía de Managua.

“El nombre del barrio es en memoria al paso de la inmortalidad de un hombre al que muchos consideran un héroe. El general de hombres libres Augusto Nicolás Calderón Sandino”, refiere.

El barrio fue fundado por miembros del Ejército de Nicaragua, explica Boniche, así como por trabajadores de la alcaldía y del Ministerio del Interior.

“Nace por una necesidad de vivienda para miembros del Ejército de Nicaragua y otras instituciones”, agrega.

En los años 80, el general Julio Ramos Argüello, en coordinación con el entonces alcalde de la capital, Carlos Carrión Cruz, empezaron a realizar los primeros trámites para el proyecto.

De acuerdo con Boniche, “la sección de ingeniería militar apoyando a los miembros del Ejército les facilitó varios materiales de construcción para así crear las primeras estructuras del barrio”.

Actualmente, la ciudadela 21 de Febrero forma parte del Distrito IV de Managua, en la parte norte de la ciudad. Está asentada en 4 manzanas donde se ubican alrededor de 120 casas. Sus barrios vecinos Las Torres, Los Ángeles, San Luis, San José Oriental y la colonia Maestro Gabriel hacen que varios pobladores aledaños al sector desconozcan de su existencia.

Primeros asentamientos

Marisol Gutiérrez, una de las fundadoras del barrio, tiene 22 años de vivir en el lugar. Recuerda que cuando llegó, en 1992, “no había ninguna luminaria, las calles eran de tierra y tampoco había aguas negras”.

Las primeras casas en el sitio estuvieron finalizadas para 1989. En el libro “21 de Febrero”, se explica que la comunidad fue urbanizada con maquinaria del Ejército y de la Alcaldía de Managua y dos ingenieros fueron los que estuvieron a cargo de la construcción: León Silva Quintana y Carlos López Doña.

“Antes, esto era un predio vacío, ni la alcaldía se preocupaba por estas tierras. Hasta que cayó el plan de licenciamiento del Ejército y comenzaron a darle beneficios a estos militares y repartirles estas tierras”, recuerda Ronald Morales, habitante del lugar.

Conforme pasaban los años fueron llegando más personas al barrio, quienes luchaban porque se instalaran los servicios básicos en la zona. Aún hoy, pobladores del sector manifiestan que el principal problema que enfrentan es el del acceso al agua potable.

“Aquí ninguna casa tiene medidor (…) cada quien metió el agua a como pudo, lo que hay es una red clandestina de agua y ahora Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados) nos puso una cuota fija que la sube y baja cuando quiere”, refiere Ronald Morales.

Para Marisol Gutiérrez, una de las primeras habitantes del barrio, “aquí cada quien busca cómo resolver sus problemas”.

Mausoleo ignoradoLa pequeña rotonda del barrio luce simple y descolorida.

Durante los años 2002 y 2003, la Alcaldía de Managua ejecutó varias obras de mantenimiento vial en el barrio. Se pavimentaron las calles, se cubrieron las alcantarillas con asfalto y se construyó una rotonda. En el centro de esta se ubica un mausoleo en honor al general de hombres libres, Augusto C. Sandino, para recordar “cada día, semana, mes y año su gesta heroica”, comenta Luis Agustín Boniche Suazo en el libro “21 de Febrero”. 

A pesar de los esfuerzos por embellecer la localidad, actualmente la rotonda del barrio se ve descolorida. Los colores con que en un principio fuera pintada se han esfumado y el único adorno que la rodea es la basura. Las hojas que caen de los pocos árboles que hay en la zona alfombran las calles del barrio, dándole un aspecto sombrío al lugar.

El parque, a un costado de la rotonda, cuenta con tan solo un chino, un resbaladero y un sube y baja que con el paso del tiempo se han ido deteriorando. En la esquina opuesta al parque, existe la única señalización que identifica al sector como el barrio 21 de Febrero: un mural también descolorido y empolvado, cuyo lema “Patria bendita y siempre libre”, permanece oculto de la vista de sus pobladores y visitantes. 

Pocas actividades

Una de las habitantes más antiguas del barrio, Marisol Gutiérrez, refiere que cada año se hacen piñatas para todos los niños y las niñas para celebrar el aniversario de fundación del barrio. “También viene la alcaldía a limpiar las calles y hacer otras cosas bonitas”, revela Gutiérrez.

Sin embargo, Ronald Morales, poblador aledaño, no recuerda haber asistido a ninguna celebración durante el 2015 en honor al barrio. Para él, con el paso de los años “el proceso organizativo comunitario ha venido decayendo”.

Con nostalgia, Morales recuerda los días cuando unidos varios pobladores del 21 de Febrero hacían esfuerzos por resolver problemas como los del agua potable y hacían recolectas para organizar comidas vecinales y fiestas.

“Estos esfuerzos los patrocinaban los CPC (Consejos del Poder Ciudadano), pero ahora ya no se hace casi nada por el barrio”, finaliza Morales.

La muerte de Sandino

Luis Agustín Boniche Suazo, autor del libro “21 de Febrero”, relata que el nombre del barrio responde a que en ese sitio habría sido asesinado y enterrado el general Augusto C. Sandino.

Según Gregorio Selser, periodista e historiador argentino, en su libro “Sandino, general de hombres libres” en la tarde del 21 de febrero de 1934, Sandino y su padre, acompañados por los generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada, se encontraban celebrando la firma de un acta de paz alcanzada el año anterior con el presidente de ese entonces, Juan Bautista Sacasa, con una cena en la casa presidencial.

Allí permanecieron hasta las 10:00 p.m. de la noche. “A la salida ocurrió la tragedia”, expresa Selser.

Anastasio Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional, había visitado esa misma tarde del 21 de febrero al ministro de Estados Unidos Arthur Bliss Lane y tras finalizar su encuentro convocó a una reunión en su despacho con varios militares de la Guardia Nacional. Allí Somoza les indicó el plan para matar a Sandino y les compartió que para ello contaban con el apoyo del diplomático Bliss Lane.

Terminada la cena de celebración, Sandino salió en compañía de su padre y los generales Umanzor y Estrada en un vehículo hacia la casa de Sofonías Salvatierra, ministro de Agricultura y Trabajo, pero en el trayecto fueron detenidos por agentes de la Guardia Nacional en un retén llamado El Hormiguero.

El mayor Lisandro Delgadillo se acercó entonces “notificándoles de su detención y requisando sus revólveres”. Sandino y los generales Umanzor y Estrada fueron llevados en un camión “hacia un lugar conocido con el nombre de La Calavera, en el campo de Larreynaga”, relata Selser.

En “Sandino, general de hombres libres” se explica que los tres detenidos sabían que en cualquier momento los iban a matar. “El mayor Delgadillo debía dar la orden, pero tuvo un escrúpulo: como era hermano masón de Sandino, no quiso presenciar la masacre; retirándose a una prudencial distancia (...) se contentó con disparar al aire la señal” que daría muerte a los tres hombres.

Señala Selser que Sandino recibió una bala en la cabeza que le atravesó la sien y otra en la tetilla izquierda. 

Se cree que cerca del campo Larreynaga pudieron haber enterrado los cuerpos de los generales Sandino, Umanzor y Estrada; sin embargo, aún no existe una prueba contundente que compruebe dicha hipótesis. 

Clemente Guido, historiador, asevera que “la tumba del general Sandino no existe porque fue sacado en la madrugada (del lugar donde fue asesinado) a un destino que todavía hoy sigue siendo un misterio”. 

“En esa zona, hacia la colonia Tenderí y El Paraisito está la fosa común, no identificado aún el lugar con precisión donde estuvo (el cuerpo de Sandino) unas horas, junto con los demás fusilados quienes todavía deben estar allí, pero hasta la fecha nadie ha podido dar con el paradero de dicha fosa”, argumenta Guido.

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