Raúl Obregón
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En los últimos tiempos he observado con beneplácito la voluntad de organismos públicos y privados de contribuir a la lucha contra el maltrato en todas sus manifestaciones. El maltrato, desde mi punto de vista, es una conducta que, entre otras causas, resulta de bajos niveles de bienestar psicológico del maltratador(a), que por lo general adolece de falta de sustento espiritual.

Es improbable que una persona con alto bienestar psicológico, y más aún con principios espirituales arraigados, maltrate, ofenda, insulte, agreda a otro(a) ser viviente, en tanto, cuenta con al menos tres condiciones básicas: a) Autoconcepto y  autoaceptación bien cimentados; b) Adecuado manejo de relaciones interpersonales de calidad; y c) Aprecio por la autonomía propia y de otras personas.

El maltrato como forma de agredir a personas consideradas más débiles, con gritos, insultos  y hasta con violencia física, es de larga data,  tiene un efecto multiplicador, en tanto, el agredido se convierte en un potencial agresor de personas que considera más débiles que él o ella.

Desgraciadamente en un descuido nos podemos convertir en maltratadores(as), o si observamos a nuestro alrededor, es muy probable que no sea muy difícil ver a personas que por baja autoestima, egoísmo, o arrogancia, o envidia o egoísmo, etc.. violentan los derechos de los demás.

El maltrato ha estado presente desde siempre, por ello es loable el esfuerzo que hacen organismos públicos y privados para enfrentarlo con políticas públicas, legislación, programas de toda índole, etc.. Este flagelo es universal, y desde siempre ha sido abordado por grandes hombres, organizaciones religiosas etc.. Por ejemplo, Confucio (pensador Chino, 550 AC) proponía: Lo que no quiere que le hagan, no lo haga a los demás. E Isócrates (orador y educador griego, 400 años AC) decía: No hagas a otros lo que te dolería que te lo hicieran a ti.

Hace más de 2,000 años, Jesús enseñaba a sus seguidores: Todas las cosas que quieran que los demás hagan con ustedes, así también hagan ustedes con ellos… (Mateo 7:12).

Jesus nos exhorta a que  hagamos el bien, lo que ayuda y edifica a las otras personas, y enseña de palabra y obra que lo hagamos con amor, el segundo mandamiento que Él nos da es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Quién así ama, está preparado para tratar a otras personas como quiera que le traten.

Los esfuerzos que realizan los diversos organismos en la lucha contra el maltrato, serían mucho más efectivos si se complementan con lo espiritual. Suena medio romántico, pero la verdad es que si funciona. Si quiere que le sonrían, primero sonríale a los demás; si quiere respeto, antes respete al prójimo; si le molesta que otros le griten, no grite a otras personas, etc...

El vecindario, la ciudad, el país, el planeta sería un lugar mucho más agradable para vivir, si lo hiciéramos irradiando paz y armonía en nuestras relaciones interpersonales, familiares, laborales, sociales, ello es posible, si cumplimos con el mandamiento: Ama a tu prójimo como a ti mismo; y nos guiamos por la regla que enseña Jesús:  Todas las cosas que quieran que los demás hagan con ustedes, así también hagan ustedes con ellos.

 

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

 

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