•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Cada vez que el semáforo del Instituto Rigoberto López Pérez se pinta de rojo, Nehemías Velásquez con su pantalón camuflado, camiseta verde fluorescente, chaleco morado y gorro verde está más que listo para realizar uno de los espectáculos que cientos de conductores aprecian en este punto de la capital.

Tenía 14 años de edad cuando empezó a pintarse la cara y a ponerse peluca para lucir igual que los bufones.

“Cuando te pintás la cara descubrís que detrás de eso hay algo más valioso como lo es el contorsionismo, el malabarismo, en fin, todas esas disciplinas del circo”, expresó Velásquez, circense.

Con una mesa de patas reclinadas hacia fuera, cubierta por un mantel rojo con borde amarillo, cinco pequeñas  pelotas rojas, tres clavas y un aro este hombre de 32 años de edad  realiza, día  tras día, sus espectáculos.

“A veces me duele la cadera porque hago un poquito de contorsionismo”, aquejó Velásquez, luego de realizar una de sus presentaciones.

Este aspirante a conformar un circo propio confesó que, más que por necesidad, está ahí por amor al arte circense. “Había pensado en trabajar en otra cosa, quise vender mangos y termos plásticos, pero le pedí a Dios que me guiara y ahora no tengo la menor duda de que esto es lo mío, porque hacer circo es algo que lo tenés que sentir”, afirmó.

Padre soltero

“También estoy aquí, porque tengo que alistar diario a mis dos pollitos para que vayan a clases”, confesó Velásquez.
Velásquez, que tiene 18 años de dedicarse al arte circense, es padre soltero y no tiene  hogar. “Como soy padre sin mamá, ellos viven conmigo. La madre se fue hace dos años y estoy sin casa. A veces me quedo a dormir en la casa de un señor que vive cerca. Él me ofreció hospedaje, lo cual para mí es una bendición de Dios”, relató.

Mejor dar que recibir

Además de realizar sus espectáculos en la vía pública, ofrece sus servicios para celebraciones y en ocasiones trabaja con el Circo Infantil Americano.

En algunas ocasiones, a pesar de la experiencia, el tiempo de la luz roja del semáforo le toma inadvertido y su show termina justo cuando el semáforo cambia al color verde, por lo tanto, se queda sin recibir una sola moneda. “No me molesto ni nada. Siempre he dicho: dar es mejor que recibir. Me queda la satisfacción de que di algo de mí. Además, así aprendés a calcular mejor y si me pasa es por lento”, expresó.

Anhelo

Además de sus malabares, por las noches hace sus espectáculos con fuego.

Este hombre, que a diario soporta el inclemente sol del mediodía revela que su mayor anhelo es tener un circo; con el que desea promover este arte que en Nicaragua ha estado en el olvido. “Mi mayor deseo es formar un circo en Managua y llevarlo a todo el país. Ese es el sueño de todo aquel que ama este arte, yo sin pintura te puedo hacer reír”, confesó.

Este hombre, que vive actualmente en Ciudad Sandino, arriba a las 9:00 a.m. a realizar sus malabares y se va a las 7:30 p.m., debido a que por las noches hace espectáculos con fuego.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus