•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hace quince años Guillermo García emprendió un negocio de comidas en su casa, ubicada en el barrio Los Ángeles. Poco tiempo después el mercado Oriental acaparó la zona y desde entonces su familia y él viven dentro del populoso centro de compras. 

“No tenemos un lugar dónde irnos y así atender mejor a los clientes”, contó García desde su casa, la que se encuentra junto a varias ferreterías y zapaterías. Por las noches en la zona no hay pandillas. El peligro está en el día, cuando se concentran los compradores. 

“Lo peligroso es en la mañana, los ladrones asaltan a las personas que vienen a comprar al mercado, pero por la noche no, no hay pandillas, pero cerramos para evitar cualquier incidente”, relató el comerciante.

En el hogar de García viven tres adultos y cuatro niños. Todos ayudan a preparar la comida que venden y por eso están en pie desde las 6:00 a.m. Entre las pocas ventajas de vivir en el mercado está que muy cerca compran los alimentos que sirven en la comidería entre C$50 y C$60. 

García recuerda que en 1996 hubo un incendio en la zona y gran parte de la casa se quemó. Desde entonces no se han podido recuperar por completo. 

Su casa no es solo un comedor. Alquilan la sala a los carretoneros del mercado para que los guarden y les cobran C$10 por la noche.

 “Es un poco difícil vivir acá principalmente durante el invierno porque el techo está en mal estado y cuando llueve toda el agua se nos mete. Como está oscuro no nos podemos mover de aquí”, narró. 

Otras de las dificultades de vivir en el mercado es que no pueden salir a cualquier hora del día.

Entre verduras Manuel Lazo

Familias enteras se han asentado en los mercados de Managua. Por el día venden y por la noche duermen, algunos en condiciones más precarias que otros. 

Cristina Hernández es originaria de Matagalpa. A los 20 años tomó la decisión de dejar su hogar para viajar a la capital y trabajar como empleada doméstica porque el trabajo del campo se le hacía muy pesado.

La casa de Hernández está ubicada al lado este de la terminal de buses del mercado Roberto Huembes. En la entrada principal se observan canastos, mesas, botellas de gaseosa y siempre está abierta.

“Cuando me casé construimos la casa con cartón, ahora tenemos dos cuartos y dos camas. Lo más difícil es acomodarse porque viven tres de mis hijos con sus familias y a mis nietos los tengo que estar cuidando para que no les pase nada”.

Antes de dedicarse a vender verduras, Hernández vendía pan. En los días buenos el negocio vende C$3,000. “Con lo que gano espero que en el futuro pueda comprar mi casa para ayudar a mis hijos, que también se dedican a lo mismo”.

Casas sin salida

Cuando me casé construimos la casa con cartón, ahora tenemos dos cuartos y dos camas. Lo más difícil es acomodarse". Cristina Hernández, comerciante. 

El mercado Oriental, de 120 manzanas, se ha extendido tanto que muchos de los barrios que lo rodeaban, como Los Ángeles, Santo Domingo y Ciudad Jardín, quedaron anclados en el centro de compras. 

La casa de Manuel Lazo es una de las que se devoró el mercado. Él tiene más de 50 años de vivir aquí, solo estuvo fuera en la década de los 89 emigró con sus dos hijos a los Estados Unidos y después regresó a hacerse cargo del negocio de alquiler de servicios higiénicos que su papá le dejó antes de morir.

En la sala de su casa hay siete servicios higiénicos, los que son lavados varias veces al día. “Antes de acostarnos los dejamos lavados para que no huelan mal y en el día los lavamos varias veces porque hay gente que los deja sucios”, relató.

Pero no solo ofrecen este servicio, también venden baldes de agua a C$2 y el uso de los servicios cuesta C$4. En el día gana aproximadamente C$200.

La calle donde está la casa está cerrada debido a la gran cantidad de negocios que hay. En varios tramos reparan televisor, venden zapatos de hule, termos, agua. Por la noche no suele salir, pero asegura que es una zona tranquila. “A veces me quedo dormido con la puerta abierta y no pasa nada”.

Lazo vive con una hija, con su yerno y sus nietos, quienes juegan en la sala de la casa. Hay dos habitaciones que están a mano izquierda separadas por una pared de concreto que evita que los malos olores del día se sientan al otro lado.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus