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Hace 11 años un grupo de conductores se organizó para brindar recorridos desde el mercado Iván Montenegro hasta la terminal de buses en el barrio Milagro de Dios, al noreste de Managua. 

Al paso de tres años conformaron una cooperativa, y más tarde debido a que no encontraban beneficios al ser cooperados, aceptaron la oportunidad que les brindó el Frente Nacional de los Trabajadores (FNT) de formar el Sindicato de Servicios de Taxis Rapiditos Milagro de Dios. 

Anselmo Rayo Castillo tiene 44 años y es uno de los coordinadores de este sindicato. Desde que inició la idea de brindar este recorrido de estos carros particulares, él ha estado presente. 

Los Rapiditos tienen un límite territorial ya establecido, y desde el punto de salida hasta el punto de llegada recorren aproximadamente tres kilómetros. Los socios de este sindicato son 20, sin embargo, también le dan oportunidad a otras personas en algunos turnos. 

Rayo Castillo vive con su esposa y sus dos hijos, la mayor de 19 años estudia en la Universidad de Managua (UdeM), y el menor de 16 años está cursando su segundo año de secundaria en un colegio cercano. 

El cobro por el recorrido es de C$5 durante el día y C$10 después de las cinco de la tarde. Sin embargo, al frente de sus oficinas, ubicadas una cuadra al sur del mercado Iván Montenegro, tienen un “aviso” en el que explican que debido al aumento en la gasolina cobrarán C$2 más a partir de la otra semana. 

Anselmo Rayo Castillo no es de carácter fuerte. Pero en su piel se nota que ha pasado bastante tiempo adentro de un carro —antes de trabajar en Los Rapiditos fue taxista—, “esta labor es cansada, nosotros incluso trabajamos más de 14 horas al día, y el sol es lo más terrible”, relata.

“Lo bueno es que mi familia se siente agradecida conmigo, mis hijos sobre todo porque saben que he intentado brindarles lo mejor”, dice. 

Su casa es la típica estructura que se puede encontrar en Managua, construida como minifalda y con techo de zinc. Según Anselmo, con la cantidad de horas que trabajan pueden ganarse 1,300 córdobas los días buenos —sábado, domingo, lunes y martes— los demás son días malos y pueden llevarse 1,000 córdobas.

Carretones de caballo

En el otro extremo, al sureste de Managua las cosas son un tanto distintas. Aquí no hay rapiditos y tampoco transportan personas o compras del mercado. Aquí lo que trasladan es basura y lo hacen en carretones halados por caballos. 

Sentado bajo la sombra de un árbol de mango, al frente de su casa construida de zinc, madera y ripios, Víctor Tórrez —quien nació en 1964, vive en el barrio Naciones Unidas, en el Distrito V de Managua y es uno de los ejemplos de cómo se gana la vida en este trabajo— cuenta sobre este peculiar oficio.

En su casa no solo viven siete personas, sino también su caballo. En el patio hay un puñado de botellas plásticas que esperan dentro de un saco para ser llevadas a vender a un centro de acopio.  

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Él se levanta a las cinco de la mañana para bañar al caballo. Poco tiempo después sale con su carretón para recolectar la basura de la parte occidental de este distrito, entre ellos los barrios René Schick, Walter Ferreti, Pablo Úbeda, Las Colinas y las Naciones Unidas.

Tórrez no es un hombre serio ni de carácter rudo sino jovial. En la última década se ha dedicado a recoger basura para luego reciclar lo que le sirve y así ganar los 400 córdobas que logra en los días buenos, que es cuando no pasa el camión recolector de la Alcaldía. 

“El reciclaje ahorita está caído”, dice. Él era miembro de un grupo de 22 carretoneros que hace más de cinco años constituyeron la Cooperativa de Carretoneros Manos Unidas para ofrecer el servicio de transporte alternativo de basura.

Sin embargo se separaron hace más de seis meses ya que no veían ingresos ni ayuda por parte de la Alcaldía de Managua ni de ninguna institución. Al inicio les entregaron un uniforme, les pintaron los carretones y les brindaron capacitación.  

  • 1,300 córdobas pueden ganar los conductores de “rapiditos” en un día bueno.

Ahora solo quedan cuatro. Sara Jiménez, de 48 años y esposa del carretonero Juan Martínez, expresa que hay gente que ni la basura les saca para que se la lleven. Se la guardan al camión recolector. “Esas personas quieren que los carretones de caballos desaparezcan. Pero después, ¿de qué vamos a vivir nosotros?”, dice Jiménez. 

Víctor Tórrez relata que se separaron de la cooperativa debido a que la gente comenzó a pensar que cobrarían por recoger la basura de sus casas. “Nosotros no cobramos nada, de la basura sacamos nuestros ingresos, pues los llevamos al acopio y lo que no sirve lo botamos en el vertedero más cercano. Pero la gente prefirió dársela al camión de la basura cuando comenzó a entrar”. 

  • 5 córdobas es el costo de la carrera durante el día.

Según Tórrez, los cuatro que aún quedan, guardan las camisas de uniforme que les fueron entregadas por una cooperación internacional. Ahora aprovechan los días que no pasa la basura o llegan antes que pase para hacer sus trabajos. Por las tardes también ofrecen servicios de jardinería. 

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