•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El terremoto ocurrido en diciembre de 1972 impidió que la ciudad creciera para arriba. Esto fomentó la plantación de árboles en las aceras y en los patios de las casas, haciendo de Managua una ciudad verdosa. Cada tarde es posible observar miles de golondrinas en el sector de Bello Horizonte y centenares de aves tijeretas rosadas cruzan la carretera a Masaya, ¿pero es la capital una ciudad bosque?

“En un patio común podés hallarte hasta cinco especies de aves, las más comunes son los cenzontles, pero incluso podés ver poblaciones de chocoyos”, explicó la ecóloga Salvadora Morales. 

A criterio de Morales, la poca planificación de la capital ha permitido la plantación de árboles, propiciando la abundancia de aves. “Aquí se pueden observar aves migratorias. Si te ponés a las 5:00 pm en la carretera a Masaya, frente al Centro Pellas, podrás observar tijeretas rosadas, unas aves que tienen una cola bien larga. En una hora pueden pasar unas 500”, dice.

“Donde hay árboles y naturaleza van a haber aves”, explicó Morales, quien agregó que es de suma importancia la especie del árbol que se va a plantar. “No provoca el mismo efecto sembrar un mango, adonde llegarán aves que son insectívoras, que un nim”. 

El arquitecto especialista en urbanismo Romer Altamirano señala que es interesante encontrarse con tanto verdor alrededor de una ciudad. Él lo atribuye al lento desarrollo de la infraestructura capitalina desde el terremoto de 1972, que provocó 10,000 muertos y destruyó por completo la ciudad. 

“El desarrollo de la ciudad desde el terremoto ha sido de forma horizontal y no vertical, a diferencia de Costa Rica, Guatemala o Panamá, haciendo que queden espacios de tierra en las propiedades. La herencia autóctona agrícola nos ha permitido mantener árboles que reduzcan el impacto del sol e incluso hay quienes hacen huertos familiares”, consideró Altamirano.

Según el urbanista, cuando el propietario de una vivienda recubre de toda su área de cemento, los rayos solares irradian, haciendo que las casas se transformen en pequeños hornos, lo que elevan la temperatura en su perímetro.

Otro árbol es el chilamate, pero poco a poco está desapareciendo de la capital, porque es un árbol enorme y sus raíces de alto crecimiento son destructoras”. Marvin Tórrez

Teniendo en cuenta que el clima de la zona donde se ubica Managua tiene una variante con máximos históricos de hasta 37 grados Celsius en la temporada más cálida, la población ha mantenido la costumbre de sembrar todo tipo de árboles tanto ornamentales como frutales.

“Desde el aire, en avión, Managua puede verse verde por todos lados en el interior de la ciudad, a diferencia de las capitales de otros países latinoamericanos como Bolivia o Panamá, cuyo crecimiento es de edificaciones de más de un piso. En estas ciudades los habitantes no tienen espacio para sembrar prácticamente nada”, explicó el arquitecto.

Pese a eso, Altamirano consideró que faltan parques boscosos en la ciudad. 

¿Ciudad verde?

El investigador de la Universidad Centroamericana (UCA), el biólogo Marvin Tórrez, no está seguro si llamar ciudad verde a Managua.

“Si la comparamos, por ejemplo, con ciudades que mantienen su estructura colonial original, efectivamente se observa la diferencia. Encontramos que difícilmente hay andenes y mucho menos árboles en las calles de ciudades como Granada, Masaya y León, principalmente esta última, que es muy caliente”, comparó Tórrez.

Explicó que si bien Managua tiene abundante vegetación en la zona urbana, un problema es que no son árboles nativos, y eso afecta en alguna medida el ecosistema natural. Además, los árboles rodeados de concreto no son realmente efectivos en su funcionalidad por la falta de desarrollo de sus raíces y la poca absorción de agua, por lo que no es igual a un bosque.

“Hay mucha vegetación exótica que fue traída al país durante la colonización. Los árboles que vemos son acacias y eucaliptos, que son de origen australiano, o árboles frutales como el mango de origen asiático. Otro árbol es el chilamate, pero poco a poco está desapareciendo de la capital porque es un árbol enorme y sus raíces de alto crecimiento son destructoras”, indicó el biólogo.

Tórrez mencionó que no se puede negar la cantidad de árboles en la capital, algo que es muy positivo. Sin embargo, los parques boscosos y reservas son más efectivos para el ecosistema, tal como se hace en Costa Rica y Panamá.

El ambientalista Raomir Manzanares consideró que no solo se trata de sembrar árboles sino también de cuidarlos. Asimismo dijo que es de suma importancia eliminar adecuadamente los desechos sólidos para que no sean factor de contaminación.

Manzanares coincidió en lo altamente positivo que significa para la ciudad que la población sostenga áreas verdes en sus viviendas.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus