Raúl Obregón
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Recientemente una persona se lamentaba de sentirse una especie de “pararrayos” de su entorno social inmediato. En tanto, los integrantes de dicho entorno, sin excepción, le trasladaban tareas y responsabilidades que no le correspondían o recurrían a ella en busca de apoyos, muchos de los cuales no ameritaban su intervención, pero se lo pedían por comodidad, pues sabían que era incapaz de decir no.

En nuestras relaciones interpersonales nos solicitan apoyos, favores, etc., a los cuales en algunos casos debemos decir “sí” y en otros responder “no”.

El problema es cuando siempre estamos diciendo “sí”, impulsados por temor a que la otra persona se moleste o porque más adelante le puede pagar con la misma moneda, o porque puede perder la amistad o estropear una relación, etc. Cuando se acepta toda carga que otras personas imponen por temor a decir “no”, cuando se pierde la perspectiva de lo que se debe o no asumir, porque de lo contrario afloran sentimientos de culpabilidad, entonces se está ante una relación insana, de arribismo, de irrespeto, de menosprecio, a la cual hay que ponerle coto.

Decir “sí” cuando no se está de acuerdo con una petición o exigencia inadecuada, irremediablemente acarrea costos para la salud psicológica de la persona  que siempre dice “sí”, tales como: irritabilidad con ella misma por decir “sí”, cuando sabe que debiera haber respondido “no”; tristeza por sentirse usado(a); ansiedad y agotamiento emocional y físico por sobrecargarse con tareas y responsabilidades que no le corresponden, frustración porque no logra realizar lo que le compete o no alcanza objetivos, porque deja a un lado sus propias prioridades por atender las de otras personas.       

La estrategia de afrontamiento para superar la tendencia a siempre decir “sí” pasa por: a) establecer límites, dar a conocer a las otras personas lo que estamos dispuestos y lo que no; de tal manera, sepan con claridad que hay situaciones que son inaceptables. b) Tener absoluta y plena convicción que decir “no” es un deber y un derecho que debemos ejercer todas las personas. Por lo tanto, no hay que sentirse culpable cuando se dice “no” a peticiones que no nos competen.

La Biblia, en Santiago 5:12 dice: que tu sí sea sí y tu no sea no. Nos insta a tener la determinación y valentía de ejercer ese derecho que como personas tenemos, de discernir lo que nos conviene aceptar y lo que no.

Amiga, amigo, si Ud. se siente atrapada(o) por esa tendencia a decir “sí” incluso en situaciones que lo indicado es un “no”, dispónganse a romper con esos grilletes de opresión que solo daño le causan a su salud psicológica. Cuando alguien, quien sea, venga a Ud. solicitando o exigiendo que Ud. asuma tareas que no le competen, piense muy bien antes de comprometerse; revise si ello no le afecta sus prioridades y si no interfiere en otras actividades que ya tenga en agenda y dígalo con toda la claridad del caso; no acepte cargas por que está bajo presión, o para no sentirse culpable.

Una vez diga “no”, Ud. comprobará que la otra persona resolverá y que Ud. no es indispensable.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus