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Tras el terremoto de abril de 2014, cuyo epicentro fue en Mateare, muchos de los pobladores que habitan en las cercanías de la Cuesta el Plomo se mostraron asustados porque, además de los sismos, en esa zona se produjo una serie de pequeños derrumbes. De acuerdo con el ingeniero del Instituto de Geología y Geofísica (IGG-Cigeo), Horacio Ulloa, este tipo de eventos son comunes en suelos arenosos como los de esa área.

El experto explicó que al producirse un movimiento sísmico se pueden provocar deslizamientos. Agregó que la naturaleza sísmica del país, principalmente de la franja del Pacífico, hace de Nicaragua un país altamente vulnerable a los deslizamientos y a los derrumbes debido a la inestabilidad de sus suelos. 

De acuerdo con un estudio que realizó el IGG-Cigeo con apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), solo en la cuenca sur existen unos 13 puntos donde la inestabilidad de los terrenos ha causado derrumbes o deslizamientos.

La inestabilidad de terrenos o taludes incide “en los suelos blandos que tienen características arcillosas, al llover se saturen y esto reduce su resistencia, de modo que las fallas provocan los deslizamientos. Tal es el caso de la isla de Ometepe, Bonanza y El Crucero”, señaló Ulloa.   

Otros factores que intervienen en la inestabilidad de los terrenos son las condiciones geológicas de los materiales, las pendientes, el uso del suelo, lluvias, entre otros. 

“Toda obra civil ubicada en terrenos inestables corre el riesgo de ser dañada o siendo más rígido a pérdidas humanas, tal es el caso del deslizamiento ocurrido en el volcán Casita en 1998, durante el huracán Mitch. Debido a las altas precipitaciones los suelos se saturaron, hasta que perdieron su resistencia y se produjo un gran movimiento de materiales combinado con agua (avalancha), en este evento hubo miles de pérdidas humanas, poblados enterrados. En pocas palabras estos tipos de movimientos pueden causar enormes daños, tanto económicos como humanos”, refirió. 

Más vulnerable

El especialista sostuvo que la cantidad de puntos de riesgo ha aumentado en la actualidad respecto a cinco años antes, debido al crecimiento poblacional. 

Con la entrada del invierno, indicó recientemente Abdel García, coordinador del área de cambio climático del Centro Humboldt, la vulnerabilidad de los suelos se incrementa debido a que durante los últimos tres años el déficit en el régimen de lluvias ha incidido en que los suelos estén sueltos, “en una condición de fragilidad que una lluvia súbita obviamente tiene una afectación importante”. 

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