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Ochenta años de amistad representados en un parque, donde la tranquilidad y el sano esparcimiento son un reflejo de las relaciones entre los pueblos del Japón y Nicaragua.

“Es un parque totalmente diferente a los que hay alrededor de toda Managua. Los espacios verdes, la cantidad de árboles, las edificaciones con el estilo clásico de la cultura oriental desde que entrás, otro ambiente”, señala Walkiria Armengol, una de las visitantes.

Ella llegó con su esposo y su niño de seis años, quienes aprovecharon el momento para estar en familia y, al mismo tiempo ejercitarse por diversión en el gimnasio al aire libre ubicado en el parque.

Para Álvaro Chavarría, habitante de Residencial Los Robles y vecino del parque, con la reciente rehabilitación el lugar sufrió varios cambios, pero para mejor. 

“Antes habían juegos de madera y cuerdas, había más arena, el auditorio era más pequeño y el parqueo era reducido. Ahora hay un auditorio multiusos, una cancha con piso especial y gradería con asientos, además los juegos infantiles son de los modernos. Uno puede caminar por senderos, bancas por todos lados, hay bebederos, pero lo más atractivo es la glorieta central y el arco a la entrada del parque”, alegó Chavarría comentando que lo único que no posee este espacio es conexión de internet libre.

Otro aspecto que observó Chavarría es que antes había dos áreas divididas por un muro de bambú, una que representaba a Nicaragua y el otro a Japón donde estaba el viejo auditorio, pero ahora las dos áreas están fusionadas.  END

Este parque, desde antes de su remodelación ejecutado por la Alcaldía de Managua, con fondos de la Cooperación Japonesa, ya era considerado como uno de los mejores de Centroamérica por su ambientación.

Unión de culturas

Durante la reinauguración en junio de este año, con presencia de representantes del Japón y de autoridades municipales, el embajador del Japón en Nicaragua, Yasushi Ando, señaló que el parque es un escenario para el desarrollo de actividades de recreación y esparcimiento, pero también de unión de ambas culturas, por tanto, esa fue la razón de eliminar la división.  

  • 7 de la mañana hasta las 9 P.M. las puertas del parque están abiertas para sus visitantes.

Parte de la arquitectura del parque es el arco tradicional japonés Torii, que suele encontrarse a la entrada de los santuarios sintoístas, marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado.

Según la seguridad del parque, las tardes y en especial los fines de semana son los períodos en los cuales el parque es más visitado. Muchos de ellos son realizados en el auditorio de 1,200 metros cuadrados, con capacidad para 500 personas.

Otra de las áreas del parque está alrededor del antiguo Centro Cultural Japonés el cual tiene jardines conectados por puentes tradicionales orientales, así como un pequeño cerro que rememora los volcanes Fuji, del Japón, pero también representando al Volcán Momotombo.

El parque japonés-nicaragüense, se inauguró en febrero de 2005, en el marco de la celebración del 70 aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. La obra original tuvo un costo de U$1,091.559.

El nuevo parque capitalino es parte del proyecto de mejoramiento urbano, desarrollado por ALMA. Se suma a las obras de rehabilitación de 25 proyectos de parques y plazas que ahora embellecen los diferentes sitios y barrios de Managua.

  • 10 años tiene el parque brindando sano esparcimiento a los managuas.
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