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Con 63 años y un oficio de orfebre, Cristóbal Sandoval gusta de tirar unos jabs, pero no dentro del mercado Roger Deshon o mercadito de San Judas, sino en el gimnasio del mismo nombre, ubicado a un lado del centro de compras. 

Sus compañeros en el mercadito de San Judas lo conocen como una persona tranquila y que hace bien su trabajo, pero sobresale por sus ganas de seguir practicando este deporte. 

“Casi todo los días voy al gimnasio de 1 a 2 horas. Guanteo con otros señores cuando están dispuestos”, dijo el joyero, quien tiene su pequeño negocio en el mercadito. 

Aseguró que a las 4 de la mañana sale a correr, da cuatro vueltas desde el tope 8 en San Judas hasta la rotonda universitaria, invirtiendo aproximadamente una hora.

“Ya viene en la sangre, yo tenía un tío boxeador llamado José Delgado que me enseñó a boxear”, dijo y luego agregó: “Una vez me fui con Román González a correr y otros boxeadores del gimnasio Roger Deshon, pero después no pude seguir el ritmo”. 

Los demás chicos lo conocen y hacen bromas sobre su edad y su afición por practicar boxeo. Es joyero desde los 13 años y es originario de Lechecuagos, León. Desde pequeño se dedicaba a vender tortillas. En el mercado Roger Deshon, lo conocen como el tucayo, por su pequeña estatura. 

“Mi profesión inició cuando un joyero del pueblo donde viví de pequeño me vio en la calle vendiendo tortilla, sucio. Entonces me llamó y me dijo: vos chavalo, ¿te gustaría aprender a ser orfebre? Lo primero que me enseñó fue a usar el soplete”, relató.  

A los 20 años se vino a Managua. Su primer trabajo en la capital fue de cobrador en una ruta. Desde hace 25 años trabaja en el mercadito de San Judas. “Nunca peleé en la calle porque mi objetivo no era ese”, expresó Cristóbal, quien no piensa retirarse de su oficio en este momento y tampoco dejar de sentir la adrenalina que le provoca  boxear. 

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