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Róger Cuevas tiene 10 años de comprar y vender chatarra en su negocio de reciclaje ubicado en Las Jagüitas. Todas las mañanas viaja desde su casa, ubicada en el barrio La Fuente, en compañía de su esposa Gladys Fuentes. 

Ambos llegan diario a eso de las 6:00 a.m. y la jornada comienza con un par de vendedores que conducen un carretón halado por un caballo, cargado con la chatarra que recolectaron de barrio a barrio un día antes. 

El peso de lo que llevaron este día es de 190 libras, que en córdobas equivale a C$266, ya que cada libra está valorada en C$1.40.

Cuevas es ingeniero eléctrico graduado de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), técnico en telecomunicaciones del Instituto Tecnológico de Electrónica y Telecomunicaciones de Colombia y maestro. Asegura que está al frente del negocio no por falta de trabajo, sino porque a sus 64 años ya es una persona jubilada y su señora necesitaba de su apoyo.

“Nosotros compramos chatarra, la vendemos a exportadores. Este negocio es una cadena”, explica. 

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La jornada de trabajo se intensifica entre las 4:00 y 5:00 p.m. cuando los recolectores llegan en carretones y camionetas a vender lo que recogen.

Cuevas dice que hace cinco o seis años el negocio era más rentable. “Como todas las cosas, esto tiene su momento de acomodamiento y lo más duro son las transiciones de bajada de precio, sobre todo en el petróleo y estos materiales, por lo que la gente se desinteresa y se dedica a otras actividades. El negocio de la chatarra no es muy rentable como se piensa”, añade.

“El mejor tiempo de la chatarra fue para los Juegos Olímpicos de China (Pekín en 2008), que demandaron el hierro, por lo que llegó a valer C$3 la libra y también otros materiales subieron su precio”, comenta Cuevas.

Generando empleos

Cuatro son los trabajadores que laboran en este negocio. Se encargan de atender a las personas y acomodar el material. Una vez por semana llenan un contenedor que luego traspasan a exportadores.

Socorro Castellón fundó hace 22 años un acopio cerca de La Subasta, hay 16 trabajadores organizados en dos equipos porque la jornada comienza entre las 7:00 y 8:00 a.m. y finaliza entre las 9:00 y 10:00 p.m.

“Tenemos mucha visitas de la Alcaldía y de la Policía para regular lo que compramos a nuestros proveedores. Si nos vienen a vender un carro como chatarra pedimos una carta de compra-venta porque eso también nos lo exige la empresa a la que nosotros le vendemos. Todo tiene que ser por la vía legal”, destaca Mayra Morales, quien está a cargo del negocio.

Por otro lado, Morales también coincide en que el negocio no es muy estable debido a dos factores: “Ahora no es tan bueno debido a la competencia y la baja del petróleo”, alega.

En ese sentido, Ena Urbina, actual propietaria e hija de la fundadora del negocio, señala que las grandes empresas también han hecho que el negocio no sea tan rentable. “Nosotros trabajamos artesanalmente, ellos tienen grandes máquinas industriales, pero aquí nunca se ha dejado de vender y comprar; gracias a Dios. Hemos trabajado los 22 años sin parar”.

Mayra Morales narra que se han extendido otros tres sitios ubicados en el barrio Nueva Vida, Monseñor Lezcano y cerca de los semáforos del mercado Mayoreo, administrados individualmente, pero que igualmente conforman la empresa familiar que fundó Socorro Castellón en 1994.

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Comportamiento 

Juan Paniagua es propietario de Metales Alfa en La Subasta, y agrega que la demanda de China mueve este mercado y ha bajado porque han encontrado reserva en países cercanos, por esa razón los precios han descendido.

Róger Cuevas coincide en que el precio de estos productos se determina con base en el comportamiento del mercado internacional y los países asiáticos. Según Cuevas, el comportamiento del mercado nacional se mantuvo durante estos meses.

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