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Tres veces por semana Félix Pedro Bermúdez después de llevar a su nieta al colegio se dirige al cementerio Oriental de Managua donde lo espera su amada.

Cada día que visita la tumba de su esposa, Reyna Yolanda Ortega de Bermúdez es especial, pero con la cercanía de la conmemoración del Día de los Difuntos, necesitaba que la tumba estuviera más elegante que de costumbre. Le quitó el monte de alrededor, le puso flores nuevas y lanzó agua sobre la lápida.

“Por trece años he venido a verla todas las semanas. Le rezo cinco Ave Marías, refresco su tumba y le pongo música. La Sonora Matancera es su música favorita”, comenta Bermúdez con la voz entrecortada mientras le sube el volumen a un pequeño radio de baterías que lleva para escuchar música junto a su esposa, quien falleció en 2003.

Para Bermúdez  nadie debe olvidarse de sus familiares y en su caso, nunca podrá olvidar a cónyuge.

“Yo vengo siempre. Me siento en la sombrita de un arbolito de flores blancas que sembré, aunque yo las quería rojas. Después de rezarle me pongo a platicar con ella. Le hablo de todo y a veces hasta le pongo quejas de nuestros hijos, yo espero que tal vez ella pueda hacer algo desde donde está y les ayude”, dijo Bermúdez, quien vio por primera vez a su esposa en el cine Tropicana, recuerda que luego la encontró en una Purísima y finalmente, al tercer día la llegó a conocer en una fiesta, y desde entonces fueron inseparables.Miles de personas acudirán a los camposantos el Día de los Difuntos.

Arreglos finales

En medio de sus recuerdos y su dolor, otros visitantes del cementerio también hacían lo suyo.

Una de las personas que desde el fin de semana se acercaron a sus deudos, fue Hortensia Amador quien junto a otros familiares fue a ver  la tumba de su mamá Consuelo Amador, fallecida a seis meses del terremoto de 1972.

Amador comentó que los hermanos embellecen la tumba de su mamá previo al Día de los Difuntos, ya que el propio día hay demasiada gente.

Algo muy positivo que  consideró Amador es la limpieza en ese camposanto, las nuevas luminarias y más seguridad.

Falta limpieza

Pero no es igual en todas partes, y en el caso del cementerio Occidental, la maleza todavía es abundante.  

María Isabel Valladares, junto con sus hijos, visitan las tumbas de sus familiares y se quejó de los matorrales que crecen por todos lados y a eso se agrega que la gente limpia sus tumbas, pero lanzan los desperdicios a los terrenos de los otros moradores del cementerio.

"Aquí tenemos a mi mamá y mi hermano, y otros familiares. Nosotros preferimos venir antes, porque esto se llena cada 2 de noviembre", alega la señora Valladares.

El tercer camposanto de mayor tamaño es el Milagro de Dios,  que estuvo muy concurrido el fin de semana.

Obreros municipales señalaron que se trabajó en mejoras de las calles raspando con una pala mecánica, y comenzaron labores de limpieza desde la semana pasada, pero todavía les falta mucho, ya que la mayor parte del campo es de tierra.

“Este cementerio es grande y aunque todavía hay terrenos, se llena rápido. En promedio entran dos diarios, pero de repente vez hasta cuatro entierros”, dijo uno de los obreros, señalando que en la zona oeste todavía hay espacio.

Comercio a la espera

Con el movimiento de los familiares en los panteones, también comienza a moverse el comercio a los alrededores.

Yadira Marenco, propietaria de la Tienda de flores Daisy, comentó que los precios de los ramos, coronas y corazones no variaron en comparación con el año pasado. Sin embargo se quejó que las ventas no son muy buenas, ya que una veintena de personas vienen desde Masaya y venden el moño de flores de monte a C$20, pero su duración es corta, a diferencia de las flores que traen de Costa Rica, que tienen vida por aproximadamente 15 días.

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