Raúl Obregón
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En un mundo donde predominan las malas noticias, ciertas o imaginarias, da la sensación que un título como el de esta columna es lo que la gente llama un cliché. 

Pero pronto me convenzo que no lo es porque la vida es un don que Dios nos da para que demos fruto y la disfrutemos, es la mayor y más delicada empresa que debemos cuidar los seres humanos. 

Para disfrutar la vida es esencial la calidad de vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), calidad de vida es "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, y sus relaciones sociales”. Comparto la definición que propone la OMS; y agrego que, para el cristiano, la principal fuente de calidad de vida se encuentra en Jesucristo.

Él transmite valores y principios, que de creerlos y aplicarlos, conducen al bienestar, la felicidad y satisfacción, y ello a su vez, proporciona las capacidades requeridas para ser personas positivas.  Hemos sido creados para disfrutar la vida, el camino no es fácil, hay momentos que nos tocará transitar por caminos empedrados, que tratarán de contaminarnos de estados neuróticos como el temor, la ansiedad, la preocupación, atentando contra nuestra calidad de vida, sin embargo, se pueden enfrentar utilizando como principal arma la palabra de Dios. En aquellos casos que esos destructores de calidad de vida han logrado enquistarse en la persona, hay que apropiarse de la palabra que dice que con 

Dios todo es posible y disponerse a recuperar la felicidad, el bienestar y la satisfacción con la vida porque cualquier cosa adversa que se adhiera al espíritu humano con Dios puede ser extirpada.  La calidad de vida demanda de la práctica de estilos de vida que la propicien, para ello es de suma importancia la educación en valores, el fortalecimiento de la estima personal, mejorar la capacidad individual de adaptación a las adversidades, respetar normas de comportamiento establecidas y respetar a las demás personas.

Dios por medio de su palabra, nos proporciona el sustento espiritual para ser tierra fértil de enseñanzas y conductas arriba mencionadas. Él impregna la mente y el corazón de quienes deciden aceptarle, del fruto de su espíritu, que es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22). 

Este fruto del espíritu representa un factor de protección determinante que potencia capacidades para enfrentar y superar el flagelo de los destructores de calidad de vida.     

Amiga, amigo, a cada quien le corresponde decidir la calidad con quiere vivir en esta tierra. Si usted opta por una calidad de vida óptima le instamos a dar el primer paso, invite a Jesús a morar en su corazón, y él le equipará para alcanzar una vida de bienestar, felicidad y satisfacción. 

Queremos saber de usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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