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Entre el 2005 y 2015 Managua se expandió en 3,120 hectáreas por la zona sur, suroeste y en la salida oeste de la capital, por lo cual especialistas hacen propuestas para que este crecimiento sea más ordenado y no se afecte a las áreas protegidas de la cuenca sur.

Según el estudio preliminar para la propuesta de Plan Maestro de Desarrollo Urbano de Mangua, elaborado por consultores de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), con datos proporcionados por la Alcaldía de Managua, entre el 2005 y el 2015 la capital lleva un ritmo promedio de 312 hectáreas por año.

El concejal del Partido Liberal Independiente, Alfredo Gutiérrez, destacó que ese trabajo es importante, ya que recomienda una actualización de estudios de suelos, para poder determinar los tipos de consistencia y el tipo de actividad que se le dará.

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“Managua tiene un desarrollo importante y está creciendo al borde. Eso no se puede bloquear, pero para que ese desarrollo se haga de la manera más adecuada se necesita que exista un plan para trabajar en la utilización de los suelos”, argumentó Gutiérrez.

El subdirector del Instituto de Geología y Geofísica (IGG-Cigeo), doctor Edwin Obando, señaló que la tipificación de suelos es importante por la clasificación y determinación de su utilidad. En el IGG-Cigeo realizan estudios para la actualización del espectro para diseños de edificios y el comportamiento de los suelos, con lo cual los datos permitirán a quien desea construir en determinados puntos de la capital, cual puede ser el mejor método para desarrollar su edificación, lo que representa seguridad en la infraestructura ante fenómenos sismológicos.

Hay que tener en cuenta que las Normas Mínimas para desarrollo Habitacional fueron formuladas en  el  año  1982 y la última actualización se realizó en el año 2005, por lo que el JICA propone una urgente actualización como parte del Plan Maestro de Desarrollo Urbano de Managua.

El ambientalista Kamilo Lara, director del Foro Nacional de Reciclaje, consideró un problema que parte de esta expansión ocurre en áreas protegidas.

Según el estudio preliminar del JICA, el desarrollo de la ciudad, que incluye construcción de infraestructura y frontera agrícola, se ha adentrado en 893 hectáreas de las 10,280 catalogadas como área protegida. De estas hectáreas, el 49.5% ha sido urbanizado.

“El problema de la expansión debe verse de manera integral, con el tratamiento de una práctica efectiva del ordenamiento territorial, para que se desarrolle de acuerdo a las necesidades de la ciudad y no se amenacen las áreas protegidas”, expresó Lara.

El ambientalista señaló que la expansión está llegando a la zona de la cuenca sur, destinada a la infiltración de agua para los pozos que alimentan del vital líquido a la capital, la cual se verá afectada si no se hace de forma racional. Por otra parte, el despale tiene como efecto la erosión de los suelos y esto evita la retención de las aguas pluviales, que inundan la ciudad.

“Al mismo tiempo en las áreas protegidas se debe incentivar la reforestación, evitar el despale, poner límite a la frontera agrícola. Al mismo tiempo en el área urbana se necesita pensar en edificaciones verticales, entre otras alternativas. El desarrollo urbano tiene que ir acompañado de prácticas efectivas de manejo de los suelos”, alegó Lara.

La expansión de la ciudad obliga a la población a la necesidad de un mayor uso del servicio del transporte público, por las distancias se incrementa la cantidad de vehículos en las calles y se necesitan más áreas de parqueo, además esto determina también la expansión de los servicios básicos para satisfacer la demanda.

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