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ENTREVISTA

“No debemos tener miedo de otra cultura, idioma o religión”

Foto por: Cortesia/END

Como profesor en Texas Horacio Peña fue un destacado impulsor de las clases de español.

Horacio Peña. El escritor, poeta, narrador y teatrista nicaragüense radicado en Estados Unidos desde 1979 se ha destacado en ese país en el ámbito cultural y académico.

Después de 28 años impartiendo clases en la Huston-Tillotson University, de Texas, Estados Unidos, el nicaragüense Horacio Peña se jubiló en mayo de este año. Pese a su jubilación y tener 80 años de edad continúa orientando a sacerdotes episcopales que trabajarán con congregaciones hispanas.

Su pasión por las letras lo llevó a diversos países europeos, pero desde que se mudó a Estados Unidos en el año 1979, la temática de su poesía se vio influenciada por la riqueza cultural del país norteamericano. 

Durante su etapa como profesor en Texas fue un destacado impulsor de la clase de español, porque sostiene que la comunidad latina en Estados Unidos debe practicar más su idioma y no sobreponerlo al inglés.

Es miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua. En enero de 1967, un jurado integrado por el español Luis Rosales, el salvadoreño Hugo Lindo y el nicaragüense José Coronel Urtecho, le otorga el Premio Internacional del Centenario Dariano por su libro “Ars Moriendi y Otros Poemas”, escrito en Madrid y París entre 1964-1966. 

¿Cómo fue su experiencia siendo profesor de la Huston-Tillotson University?

Huston-Tillotson University es una histórica universidad para  educar a los afroamericanos, pero su población universitaria es muy diversa: latinos, blancos, internacionales.

Me he desempeñado principalmente en la parte cultural, organizando el Mes de la Historia Negra, el Mes de la Herencia Hispana, el Día de Martin Luther King y el Día del Libro. Durante mi permanencia en la universidad, impartí clases de español, literatura y cultura latinoamericana.

He organizado exhibiciones de  fotografías y de artículos sobre los problemas de nuestro tiempo: la discriminación racial, el hambre y la pobreza que hay en el mundo, los problemas de la educación en un mundo que ha sido invadido por la tecnología.

¿Hay alguna anécdota como profesor en Estados Unidos que lo haya marcado personalmente?

Recuerdo que en mis primeros días en Austin le pedí a una persona una dirección en español y me contestó en ese idioma. Así fui descubriendo la vitalidad del idioma y de la cultura, no tan solo en Texas, sino en todo los Estados Unidos.

Una vitalidad que ha creado temores y recelos en ciertos sectores del país, que ven con  cierto miedo que los Estados Unidos se convierta en dos países: uno latino y el otro anglo. Incluso hay libros que alertan contra esta presencia del idioma español  y de la cultura. Nos guste o no, vamos hacia una globalización que no se puede detener. No debemos tener miedo de otra cultura, de otro idioma, de otra religión. Son los extremismos los que han creado la violencia en que vivimos. Hablamos de una americanización de Latinoamérica, pero también podríamos  hablar de una latinoamericanización de los Estados Unidos.

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En su poema “El Inmigrante” habla de la necesidad de aprender un nuevo idioma, pero sin olvidar el nativo. Como profesor en Estados Unidos, ¿cuál es su valoración de la generación joven de origen latino?, ¿Usted percibe que se están americanizando demasiado o están haciendo un balance?

En mis clases he tenido latinos que no hablan español. Por una razón u otra, perdieron el idioma. El inglés es el idioma para salir adelante, pero algunos no se dan cuenta que hablar inglés y español es todavía mejor que hablar un solo idioma. Algunas escuelas para niños, se anuncian como una escuela que enseña en dos idiomas. No rechazar ni negar ningún idioma, hacer un balance, es la solución a la globalización.

¿Cuándo se fue de Nicaragua y por qué razón?

Salí de Nicaragua en agosto de 1979, pero regresamos más o menos cada dos años. Cuando enseñaba en la  Universidad Nacional (Autónoma de Nicaragua) había alguno que otro profesor que tenía un doctorado y vi que ese sería el futuro de la universidad: una facultad con doctorados, no que el  título te diera la virtud de enseñar y saber. Pero nuestra sociedad te juzga por títulos, por lo que tienes y no por lo que eres.

Entonces obtuve una beca a través de una embajada para estudiar un doctorado en el Departamento de Español de la Universidad de Texas y me quedé.

¿Qué recuerda de su vida en Nicaragua, su infancia, su familia?

Mi familia era pobre y vivíamos alquilando casas. Toda esa vida familiar de pobreza se describe en mi cuento “La casa”,  que se tradujo al inglés y  apareció  en una antología del cuento contemporáneo centroamericano. Nuestra niñez se desenvolvió en el barrio Santo Domingo, lugar que también extraño.

Usted es reconocido en los círculos intelectuales como uno de los poetas nicaragüenses más importantes, ¿Qué piensa de ese título?

La mucha o poca fama del poeta o del artista es una cosa muy frágil. Está sujeta a la política, al momento cultural que se vive, a la moda o las modas del momento. Es muy difícil que una poesía o una pintura le guste a todo el mundo.

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¿Cómo se describe como escritor y qué quiere comunicar a su público a través de sus escritos?

Mis poemas y mis cuentos reflejan un mundo angustiado y angustiante. Un mundo que se está destruyendo a sí mismo.  En uno de mis más recientes poemas, “El fin del planeta Tierra”, unos habitantes de otros mundos visitan el planeta después de su total exterminio y uno de los extraterrestres pregunta al otro: “¿Por qué se destruyó el planeta Tierra?”. Y el otro contesta: “El odio. En el planeta tierra se odiaban los unos a los otros”.

A pesar de mi visión pesimista del hombre, hay en mi obra lo que Pablo Antonio Cuadra llamó una poesía o un poeta cargado de esperanza.

¿Cómo ha influenciado en su poesía el vivir en  Estados Unidos?

 La vida y la tragedia del inmigrante se reflejan mucho en mí. “El inmigrante” es uno de mis cuentos más dolorosos, habla de hechos históricos de nuestro tiempo en que miles de personas siguen muriéndose en los desiertos. 

La inmigración ha dividido a los Estados Unidos y alrededor de las ciudades santuarios se levanta una feroz lucha. En Oriente son miles los que mueren ahogados cada día tratando de llegar a Europa.

Cuénteme un poco sobre qué está haciendo actualmente en Estados Unidos, ¿en qué está trabajando?

Trabajo en la elaboración de tres artículos sobre Rubén Darío: Darío y nuestra Nicaragua natal; Darío y la historia y el quehacer político en Latinoamérica; y Darío y los acontecimientos que están pasando en el mundo. 

Es la  visión cosmopolita de Darío sin olvidar sus raíces nicaragüenses. Es la historia de Nicaragua con  su corrupción política y económica, que es la que ha destruido a los países latinoamericanos. En el hombre, como decía Darío, hay mala levadura. 

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¿Cuáles considerada que son sus publicaciones más destacadas?

Además de haber dado clases en Huston-Tillotson todavía imparto una clase en el Seminario Episcopal del suroeste. Fue aquí donde escribí un largo ensayo: “Los mil rostros de Dios en la poesía centroamericana”. La clase de español que imparto en el Seminario es a estudiantes que se preparan para  trabajar en las iglesias hispanas.

Este ensayo fue traducido al inglés por  Rob Cogswell, que era bibliotecario del Seminario y se publicó en febrero de 1999 en  el Journal of Hispanic /Latino Teology, una de las revistas más importantes dedicada a divulgar el pensamiento teológico latino.

El ensayo ha tenido gran divulgación, primero en Anamnesis, de los Padres Dominicos, México en 1992 y luego en Costa Rica y Ecuador.

¿Qué es lo que más extraña de Nicaragua?

Las amistades que se han muerto. Amigos poetas, pintores, profesores, periodistas. 

¿Qué habría sido de usted si no hubiera salido de Nicaragua?

Ahora a mis ochenta años esa pregunta me obsesiona más que nunca. Probablemente hubiera envejecido en Ciudad Jardín, en la R-35. Me pregunto si habría tenido el valor de escribir y hablar contra las injusticias y crímenes que se cometieron durante lo que pudo haber sido una revolución salvadora. Me pregunto si me hubiera hecho el sordo y el ciego ante esos crímenes, injusticias, como lo hicieron algunos de mis amigos.

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¿Cómo le gustaría ser recordado y dónde le gustaría ser enterrado?

Me gustaría ser recordado como alguien que quiso hacer el bien, pero ya San Pablo nos dice: El bien que quiero hacer no lo hago, el mal que no quiero hacer, ese sí lo hago. Enterrado donde Dios quiera.