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El éxito persiguió a un nicaragüense que salió del sector de la Calle Nueva en el Puerto de Corinto, Chinandega, para lograr un doctorado en matemáticas en el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de México, que da a su vida un giro de 180 grados.

Oliver Antonio Juárez, de 33 años de edad, es la persona que cuenta con un doctorado en México. Buena parte de la población en Corinto lo recuerda jugando en la calle, yendo al Instituto Nacional Azarías H. Pallais o conversando animado con un grupo de amigos de la secundaria.

“Al terminar la secundaria, quise una carrera universitaria. Supe que estudiaría matemáticas por la destreza que desarrollé en el ciclo diversificado. Pero hacían falta 250 córdobas que mi madre consiguió con trabajos domésticos fuera de la casa”, recordó el ahora Doctor Juárez.

Para él, fue muy emocionante ver a Rosa Francisca Romero, su mamá, llegar a México para acompañarlo a presentar au tesis doctoral.

“Eso, me llenó de orgullo”, subrayó Juárez.

Después de una pausa, retomó la conversación y prosiguió: “Somos una familia de escasos recursos y recuerdo el sacrificio de mi madre al reunir 250 córdobas para que yo viajara a la capital e hiciera mi examen de admisión. Ese pequeño monto fue el que necesité para nuestras vidas”, explicó.

“Yo no soy una persona brillante. Sólo soy una persona atrevida que sueña y lucha”, dijo Oliver Antonio Juárez.

La comunidad portuaria recibió la noticia con orgullo la presente semana. “Qué satisfacción saber que llegó tan lejos, después que atravesó junto a sus tres hermanos todas las dificultades para alcanzar una meta”, dijo su vecino Junior Cáceres.

Fue una lucha

El corinteño, apasionado de los números, señaló que las calificaciones le abrieron las puertas a una beca de estudio, una maestría en la Escuela de Física de esa alma Mater y a disponer de una oportunidad que le otorgó el Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología de México.

Oliver Juárez, doctor en matématicas, junto a su familia. Cortesía/ENDNo hay duda que hubo tesón y sacrificio. Katya Reyes, compañera de secundaria, lo recuerda como una persona disciplinada en las aulas, al que pocas veces se le vio en las fiestas escolares. “Era sociable, pero apartado”, resumió.

Para Juárez, el doctorado era su obsesión. “En este nivel tenés que proponer problemas matemáticos y resolverlos”, dijo el ciudadano corinteño, quien reconoce que cuando llegó a aquel país lo limitó el frio y las comidas.

“Aquí la temperatura baja mucho y vengo de una tierra cálida, debí lidiar con el frío y la comida”, admitió mientras se le ve una sonrisa.

Ahora, Juárez tendrá que decidir si regresa a México o se queda en Corinto.

“Las oportunidades de trabajo en México son escasas, pero los estímulos para la investigación son muy buenos. Yo quiero hacer investigación, pero en Nicaragua no hay oportunidades, así que estoy tratando de establecerme aquí con mi esposa e hijo.

Al indagar porqué muchas personas desarrollan fobia a las matemáticas, Juárez explicó que existen estudiantes que por alguna razón se les dificulta el aprendizaje.

Otro obstáculo, indicó, puede ser que el maestro no prepare bien sus clases y un tercer factor es que el sistema escolar no favorece ciertas competencias en la matemática.

“Los actores para el proceso de enseñanza – aprendizaje son: el alumno, padres o madres, el maestro y el Ministerio de Educación", remarcó.

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