•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Nacida en Matagalpa y radicada en la ciudad de Sacramento (California, Estados Unidos), la fotógrafa profesional Suyen Torres ha captado en imágenes cada expresión de los artistas culinarios y sus creaciones fuera de Nicaragua desde hace tres años. 

Dos de sus fotos también fueron postuladas en la categoría de mejor fotografía de comida del mundo.

Con siete años de experiencia en la fotografía profesional, actualmente trabaja en la revista local “Sacramento Magazine”, en California.

Ha trabajado con comida de diversos orígenes culturales, pero se declara amante de la cocina nicaragüense, tanto de los platillos como de las cocineras, y de todos los elementos que se hallan en un fogón rústico como los que hay en las zonas rurales de su país de origen.

Descubrió su pasión por la fotografía cuando era estudiante de mercadeo, y luego se dio cuenta de que podía utilizar su talento para fusionar ambas facetas con el fin de iniciar su vida profesional. 

A sus 36 años ha realizado al menos siete cursos de fotografía, algunos de ellos en Buenos Aires (Argentina). 

sus fotos también han aparecido en empaques y portadas de revistas.

¿Cómo te diste cuenta que te gustaba la fotografía?

Fue como diversión y porque me llamaba la atención, pero como me fui a Buenos Aires lo utilicé como otros ojos para conocer la ciudad, para explorar. Ahí me metí a publicidad, a estudiar un posgrado en creatividad y planificación. Luego me di cuenta de que no tenía un lugar en la publicidad, no era mi fuerte estar en una agencia. Unos amigos de Nicaragua me dijeron: “Bueno si la publicidad no es lo tuyo, ¿por qué no mezclás la fotografía con la publicidad?”. Lo hice y me encantó. 

¿Cómo inició el aprendizaje de fotografía en Buenos Aires?

Estando allá pude aprovechar y busqué trabajo. Les escribí a todos los fotógrafos publicitarios del país para entrenarme, no como fotógrafa porque no sabía nada, sino como asistente para ver su trabajo. Empecé a trabajar con un fotógrafo publicitario muy reconocido, él no me pagaba, pero podía observar sus sesiones. Podía trabajar con él como asistente haciendo algunas cosas como poniéndole abanico, sirviendo café, abriendo la puerta y mandando correos, pero estaba ahí presente y pude ver ahí como trabajaba con las agencias.

¿Qué te ayudó a que pudieras emprender tu camino en el mundo de la fotografía?

Creo que es más que todo aventarme, recibir ayuda y estar en el camino. La pasé difícil, pasó tiempo en que no tenía que comer, estaba trabajando y estudiando, salía a las 7:00 a.m. y regresaba al apartamento a las 10:00 p.m., estaba cansadísima pero sabía que eso me iba a ayudar.

¿Cuándo fue que empezaste a trabajar de lleno en la fotografía profesional?

Al regresar a Nicaragua todavía tenía inseguridad de ser fotógrafa porque pensaba que me iba a morir de hambre, que no me iba a poder mantener con eso, todavía lo veía como un hobby, pero en cuanto llegué empecé a trabajar con agencias de publicidad. En Nicaragua me entrené muchísimo porque hice bodas, retratos, fotografía con una revista, hice un poco de fotografía de comida. 

¿Por qué decidiste salir del país para hacer fotografía de comida?

Allá no se puede hacer, no hay tantos restaurantes que pagan por el servicio. Cuando me regresé, en 2014, decidí que eso quería hacer. Quería intentarlo en Nicaragua, pero no había suficiente mercado para dedicarme solo a eso. Me casé y me vine para acá. Cuando vine aquí, lo tomé como tiempo de entrenamiento y una vez que obtuve mis papeles, ya pude empezar a aplicar a puestos.

Hablemos acerca de la fotografía de comida, ¿qué tan difícil es incursionar en ese género?

La fotografía de comida pareciera que es enfocada en comida, pero no lo es. Tenés otras cosas, fotos de los chefs, retratos, ambientes, porque cada restaurante es un mundo, cada quien le pone su estilo y el arte culinario es sobre mezclar sabores, crear algo diferente y yo soy media comelona. Entonces cada vez que voy a una sesión pruebo todo, me encanta conocer a los chefs, me inspira ver qué están haciendo, ese tipo de arte.

¿Qué emociones querés transmitir a tu público con una sola foto de un platillo?

Lo que quisiera transmitir es una historia, el ambiente, la personalidad del lugar, del chef y eso de lo que envuelve el arte de crear un plato. Es algo que todos compartimos como seres humanos, compartimos la comida. Además de los colores, que son tan bellos. Hay lugares a los que no les ves tantas cosas bonitas, pero siempre les tenés que hallar algo, es tener los ojos muy abiertos, estar presente, trabajar con lo que tenés, enfocarte en lo que te gusta.

¿Qué elementos contiene una foto perfecta?

La foto perfecta tiene el mensaje, el momento, la luz, los colores y es diferente, no la misma foto 1,000 veces.  Cuando estoy en un restaurante no puedo cambiar lo que está, ni modificar las cosas a mi manera, veo qué es lo que me inspira y cómo lo puedo hacer ver mejor. Usualmente el chef sabe cómo hacer que su comida se mire bonita, no me tengo que preocupar tanto por ello. 

¿Cómo ha sido la experiencia de adentrarse en la fotografía en un país diferente?

La diferencia de aquí es conseguir los clientes y el contacto, en Nicaragua es más fácil porque la gente ya conoce tu trabajo, pero aquí tenés que llamar a las agencias, ir a visitarlas. Además la idiosincrasia es diferente, la gente es más mental, más seca, el humor es diferente, la manera en que se relacionan. Me he tenido que adaptar a eso, los nicas somos bien abiertos. 

Por otro lado, ¿qué oportunidades ha supuesto para tu formación profesional estar en Estados Unidos? 

Yo diría que la especialización es una de las ventajas, tenés un poco más de restaurantes y chefs. En una revista local que estoy trabajando ahorita hacen fotografías de comida, le dan propaganda a los restaurantes nuevos y siempre hay propaganda acerca de los chefs. He trabajado en varias portadas, eso ha sido bonito. Hay más cursos, más actividad cultural de comida de varios países del mundo, hay muchísimos restaurantes abriéndose, la cultura de la comida está creciendo muchísimo aquí y eso es como un “boom”. Antes la gente comía como más sencillo, ahora siento que están queriendo más experiencias culinarias, están viéndolo como un arte.p

En el caso de la fotografía de comida nicaragüense, ¿qué elementos te gusta plasmar en las imágenes?

Cada vez que voy a Nicaragua lo veo con otros ojos, valorando más la cocina nicaragüense. Además pienso que la manera en que te trata la gente allá es superamistosa, abierta y amable. Son procesos muy largos de cocina, yo creo que eso es lo que más me gusta, quizás no el plato final pero sí la parte del proceso, que es bien involucrado, con muchos detalles, eso me encanta que hay muchas mujeres ahí haciéndolo. Me gustan las cocinas de leña, que sea bien rústico. 

¿Cuál es tu género fotográfico preferido?

Hay muchas cosas, me gustan los retratos, me gusta la comida también y los estilos de vida. No tengo algo definido, me encanta hacer retratos porque tomás la personalidad de la gente, me gusta la diversidad. 

¿Qué proyectos planeás desarrollar en el futuro?

Me gusta la idea de regresar a la cultura un poco, salirme un poco de los chefs e irme a la parte de las abuelitas cocinando, porque es gente que lo hace por amor, que tal vez no tienen un título de chef, pero que cocinan superbien y le ponen mucho amor a lo que hacen. Hacer historias acerca de ellas, de nuestro pasado. Me gustaría hacer un libro de comida centroamericana, ya sea un libro de cocina o un libro de la cultura. Estoy recopilando fotos de cada vez que voy  a Nicaragua, trato de ir a buscar lugares, así como en el mercado, porque me gusta mucho la luz natural y ver las expresiones de la gente, los ojos de las personas en el mercado, que son tan llenos de vida. 

En unos dos años más o menos pienso hacerlo, porque quiero que sea bastante bonito para Nicaragua y ver si encuentro fondos para hacerlo en toda Centroamérica, o ver si lo hago y se lo vendo a alguien. No sé cómo, pero sí siento que lo voy a hacer.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus