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Después de veinte años de vivir, estudiar y trabajar en Inglaterra, a Lizzette Robleto de Howarth la reconocieron recientemente con la orden “Orgullo de mi país” en la embajada de Nicaragua en Londres, por su trabajo como impulsora de cambios en políticas internacionales desde diferentes organizaciones.

El reconocimiento la ayudó a reconectarse de forma positiva con el país, comenta Robleto, una mujer caraceña de 44 años a quien todavía le emociona imaginarse tomando el bus de Managua a Jinotepe, viendo las “colinas ondulantes verdes” a su paso por El Crucero. 

Estudió Medicina por varios años en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), Managua. Migró en los años noventa. Sin embargo, una vez que consolidó su aprendizaje del inglés estudió Derecho en la Universidad de Londres. Desde entonces ha trabajado en pro de las mujeres migrantes y el comercio justo. Lizzette Robleto de Howarth con la embajadora de Nicaragua para El Reino Unido e Irlanda, Guisell Echeverri-Morales.

Actualmente trabaja para la Sociedad de Leyes (The Law Society) de Inglaterra y Gales como gerente de programas internacionales, desde donde gestiona formas de apoyar a la profesión legal y judicial en los países que necesitan apoyo técnico a través de intercambios de experiencias, organización de seminarios y conferencias, o implementación de proyectos de capacitación. 

¿Cuál es tu experiencia con inmigrantes latinoamericanas? 

Por tres años trabajé como coordinadora de una organización que se llama Servicios por los Derechos de las Mujeres Latinoamericanas (LAWRS, por sus siglas en inglés), fundada en 1983 por un grupo de mujeres latinoamericanas que vieron una brecha significativa en los servicios que existían para las mujeres que migran a Reino Unido desde América Latina y la demanda de esos servicios. Ese trabajo me permitió conocer más de cerca la problemática de las mujeres latinoamericanas refugiadas o inmigrantes, viviendo en el Reino Unido, las cuales se enfrentan a problemas de violencia, sin poder hablar el inglés, la adaptación a un nuevo país y la falta de redes que las apoyen. Esta fue una experiencia muy rica y me ayudó a entender el problema de la migración latinoamericana. Hay muy pocos nicaragüenses viviendo en Londres. La mayoría de latinoamericanos en Reino Unido vienen del sur: Brasil, Colombia, Ecuador, Bolivia, entre otros.

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¿Qué te ha motivado a trabajar en temas relacionados con la violencia hacia las mujeres?

Soy la mayor de mis hermanas y cuando pequeñas sufrimos severa violencia doméstica. En los ochenta, a pesar de los avances relacionados con la participación de la mujer, la violencia doméstica todavía no había sido legislada y, a pesar de los obvios daños causados por esta violencia sobre la integridad física y mental de las mujeres y las niñas y niños, todavía se miraba como un asunto de la vida familiar privada. También la actitud de la sociedad y de las instituciones del Estado no había cambiado tanto. Así que golpear a la esposa o a las hijas e hijos era algo a lo que mucha gente hacía la vista gorda, lo cual aparte de normalizar esta práctica, te demuestra lo arraigado que estaba el patriarcado en los valores de la sociedad nicaragüense. Esta es la razón principal por la que luchar contra la violencia hacia las mujeres ha sido una constante en mi vida. 

Afortunadamente, ha habido cambios legislativos que comienzan a generar un cambio pero tengo entendido que hay mucho todavía por hacer, especialmente en términos de mentalidad, para llegar a una completa equidad de género en Nicaragua. Tengo mucha esperanza en la nueva generación, ya que muchos jóvenes nicaragüenses están adquiriendo un nuevo set de valores que van  contra el sistema patriarcal. 

¿Qué ha sido lo más difícil a lo que te has enfrentado como migrante?

Vivir como migrante tuvo un efecto impactante y transformador en mi vida para lograr un nivel de seguridad personal y profesional. Como inmigrante, puedo decir con seguridad que he tenido que esforzarme enormemente y trabajar más duro para lograr salir adelante, ya que tienes que “probar” que te la puedes. El mercado laboral inglés es súper competitivo, así que tienes que estar constantemente preparándote para continuar siendo competitivo.

Ha sido necesario para mí trabajar y estudiar al mismo tiempo, lo cual ha significado un gran nivel de sacrificio financiero y personal, ya que no he contado con apoyo familiar desde que salí del país. Una gran cantidad de disciplina ha sido necesaria para llegar donde estoy ahora. Sin embargo, las recompensas personales y profesionales han sido enormes, sobre todo porque me ha demostrado de lo que soy capaz si le pongo mente y esfuerzo.

¿Cómo ha sido ocupar tus posiciones de trabajo siendo mujer latina y además migrante?

En todos los trabajos que he obtenido desde que llegué a Londres he tenido que trabajar tres veces más duro para probar que ser mujer, latina e inmigrante no son obstáculos para alcanzar puestos de responsabilidad y liderazgo. El llegar a dominar el idioma y sus matices me ha permitido entender más la cultura y el sentido de humor británico, los cuales han sido fundamentales para un mejor proceso de adaptación.

¿Has trabajado directamente en el cambio de políticas públicas en Nicaragua?

Directamente no. No obstante, ojalá que haya tenido un eco modesto en Nicaragua mi trabajo sobre “Femicidio en Centroamérica y México”, mis recomendaciones para la Organización Mundial de la Salud sobre el efecto nefario de la violencia de género sobre la salud mental y física de las mujeres, la importancia de la participación de organizaciones de la sociedad civil en la elaboración de políticas públicas, así como en los temas medioambientales y la protección de bosques. En mi nuevo rol en la Law Society estoy explorando cómo podemos apoyar al sistema legal y judicial en Nicaragua.

¿Cómo compararías a nivel social la forma en que se asume la equidad de género en Inglaterra y en Nicaragua?

Inglaterra tiene una rica historia de lucha por el derecho de la mujer y de hecho hay mujeres como Emily Davidson, quien luchó por los votos de las mujeres, y fue detenida en nueve ocasiones, estuvo en huelga de hambre siete veces y fue alimentada con fuerza en 49 ocasiones. Muchas de estas luchas se han consolidado a tal punto que han afectado la forma de pensar de la sociedad inglesa donde ciertos derechos se asumen, existe legislación que apoya estos derechos y hay más empoderamiento para enfrentar los estereotipos. 

Sin embargo, como en cualquier otro país, los retos continúan y siempre hay que estar vigilantes para que los derechos ganados no vuelvan para atrás. Esto incluye poner presión continua para que el Estado continúe el apoyo financiero a aquellas organizaciones que proveen servicios exclusivos para mujeres, como refugios o entrenamiento constante para la policía y hospitales, que son los primeros en lidiar con el impacto de la violencia doméstica.

En mi opinión, un cambio de mentalidad en la forma que vemos a los hombres y las mujeres es fundamental para que haya un cambio real y sostenible. Creo que en Nicaragua todavía existen muchos estereotipos de lo que la mujer puede o no hacer y esto limita seriamente las oportunidades que las mujeres puedan tener para alcanzar su potencial en la sociedad.

Antes trabajabas para la ONG británica Progressio. ¿Cuál fue tu experiencia en esa organización? 

Lideré el trabajo de Progressio por 7 años relacionado con la eliminación de la tala ilegal, a petición de organizaciones de la sociedad civil en América Latina y el Caribe. La tala ilegal tenía, y aún tiene, efectos múltiples que incluyen impactos negativos sobre los derechos de las personas, incremento en los niveles de pobreza, degradación ambiental, afectaciones del abastecimiento de agua, exposición de comunidades a la vulnerabilidad ambiental y contribución a la pérdida de biodiversidad. 

Mi análisis sugirió que para evitar poner comunidades en riesgo de retaliaciones por este comercio ilegal, necesitábamos solucionar las irregularidades en el comercio de madera, incluyendo la demanda internacional y el control en la cadena de suministro. Por ende, mi enfoque fue abogar por una ley europea que eliminara la entrada de madera ilegal dentro del mercado europeo. Afortunadamente, esta ley fue adoptada en octubre de 2010.

¿Qué tan difícil fue lograr que se aprobara dicha ley?

Conseguir la legislación fue bien complicado, ya que requirió una combinación de habilidades y conocimientos técnicos para evitar que el proceso quedara estancado y el esfuerzo perdido. Los desafíos también fueron altos, ya que necesitaba tener la evidencia para sostener mis argumentos en un contexto donde conseguir esta información podía poner en riesgo la vida y el trabajo forestal que las comunidades y líderes medioambientales estaban llevando a cabo en sus países. 

Mantener mi motivación y la de mis aliados, así como la concentración de esfuerzos y recursos en este objetivo por casi 7 años, fue también bastante complejo, ya que durante ese periodo hubo nuevos problemas, nuevas agendas, cambios políticos. Sin embargo, para mí los verdaderos protagonistas fueron las comunidades y líderes medioambientales, ya que a pesar de los riesgos con los que convivían día a día, continuaron con su lucha para proteger los bosques y su medioambiente.

¿Cómo conjugás tu vida familiar con tu trabajo y estudios?

Muy difícilmente. A pesar de eso, trato de ser más disciplinada y planear todo con mucha antelación. Sin embargo, ya no me siento culpable si algunas veces algo falla. ¡La vida no es perfecta! Pero también ayuda tener un esposo y amigos súper comprensivos. Creo mucho en compartir tiempo de calidad con mis seres queridos, así cuando se da la oportunidad la aprovecho al máximo.

¿Visitás Nicaragua con frecuencia? ¿Qué es lo que más te hace falta del país?

Desafortunadamente no viajo a Nicaragua con la frecuencia que me gustaría, ya que he tenido que combinar mis estudios a medio tiempo con mi trabajo a tiempo completo. Sin embargo, tengo esperanza de ir este año y así poder reconectarme después de casi 5 años de no visitar el país.

Lo que más me hace falta del país es la comida y la gente. Los nicaragüenses tenemos fama de ser muy amigables y solidarios. También extraño ver las montañas y los lagos, tomar el bus de Managua a Jinotepe pasando por el Crucero, con esa vista de colinas ondulantes verdes, o caminar por la calles de Granada hacia el lago, o pasear por las isletas. ¡Es definitivamente de sueño! 

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

En lo académico, estoy planeando hacer mi doctorado el próximo año. Me acaban de confirmar que tengo una oferta incondicional para comenzar mi doctorado en Leyes en octubre de este año. Y en lo personal, continuar viajando y conociendo lugares. También disfrutar más tiempo de calidad con mi esposo, el cual me ha apoyado enormemente.

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