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El escritor nicaragüense Carlos Castro Jo es originario de Bluefields. Nació en 1960, es descendiente de familia costeña y de inmigrantes chinos y alemanes.

“Mi abuelo alemán tuvo un hijo con una nicaragüense, mis abuelas eran nicaragüenses, así es que yo soy, genéticamente hablando, porque me hice un examen de ADN, amerindio, asiático, europeo y africano. Estudié primaria y secundaria en Bluefields, posteriormente me gané una beca para estudiar en Estados Unidos, fue así que llegué a ese país”, comparte.

Castro Jo es autor de los poemarios “Al margen de lo visible (2001)”, “Insomnios y soliloquios” (2009) y “Tambor de pueblo” (2013). También es coautor con Carlos Calero de la antología de poesía nicaragüense de la generación de los ochenta “Las cartas sobre la mesa” (2012).

El quinto libro escrito por él marcó un precedente en su carrera literaria, porque es el primero en el que se permitió distanciarse de los versos para dar paso a su capacidad para contar historias bajo el título “El pirata Morgan y otros cuentos”.

En esta entrevista el escritor y sociólogo comparte cómo llegó a Estados Unidos, cómo ha sido su vida laboral en ese país y sus perspectivas sobre la política bajo el gobierno de Donald Trump.

¿Qué carrera iba a estudiar con la beca que le otorgaron para viajar a Estados Unidos?

Cuando yo me fui iba a estudiar antropología, pero cuando estaba allá decidí que era mejor que estudiara sociología, porque la mayor parte de la antropología era antropología física y realmente no me interesaba mucho, me llamaban mucho más la atención todas las cuestiones sociales y culturales. En la universidad había muy pocos maestros en esas dos áreas, pero pude estudiar sociología en la Universidad de Oregón.

¿Cómo obtuvo la beca?

Fue una beca especial en los años 80, producto de las relaciones internacionales con todo el asunto de la solidaridad con Nicaragua que hacía que viniera gente a hacer investigaciones. En ese contexto vino una lingüista a realizar estudios con los ramas, ella venía a contactarse conmigo para llevar a cabo este trabajo en la Costa Atlántica. Una persona del gobierno en ese tiempo y Ray Hoocker solicitaron una beca para mandarme a estudiar, porque yo leía  mucho y decían que sería bueno que me aprovechara. Ellos hablaron con la lingüista para conseguir esa beca.

Me fui a estudiar para regresar, pero me casé allá y tuve un hijo allá. También me llevé a mi hija que tenía en Nicaragua.

¿Cómo fue su experiencia al llegar a Estados Unidos?

Fui directo a la universidad, pero encontré una cultura totalmente diferente y al comienzo me tocó vivir el choque cultural que todo el mundo pasa al llegar a otro país y no entender cómo relacionarse. Eso fue lo más determinante al inicio de mi experiencia, pero como fui directo a la universidad, ahí el ambiente tiende a ser más abierto, hay gente de todas partes del mundo, así que no es tan complicado.

¿Qué hizo una vez que concluyó sus estudios?

Para ese entonces ya estaba casado, entonces me postulé para algunas posiciones para dar clases, porque yo estudié un doctorado en sociología. Hice investigación en el área de San Francisco sobre el mercado laboral, después mi esposa consiguió un trabajo en Oregón y nos mudamos a esa ciudad. Ahí me postulé para algunos trabajos y terminé dando clases de sociología, ahora soy profesor de sociología.

¿Desde hace cuánto tiempo se desempeña como docente?

Desde hace más de 10 años. Creo que todos los docentes tratamos de hacer que los estudiantes aprendan, algunos tienen interés en la sociología pero la gran mayoría no. Para mí ha sido una gran experiencia porque hay gente nativa de los Estados Unidos, pero también algunos son hijos de inmigrantes, sobre todo de Ucrania y Rusia, así como de Latinoamérica, mexicanos en su mayoría. Me he encontrado a algún nicaragüense en esos grupos tan diversos en los que son ricas las discusiones culturales, así que aprendo bastante hablando con los jóvenes.

¿Ha tenido desventajas en el campo laboral por ser latino?

No. Las universidades norteamericanas y la educación norteamericana en general tratan de expandir la visión a los estudiantes. A mí me contratan porque traigo una perspectiva diferente que les ayuda a los estudiantes a entender otras culturas, así que esa ha sido una ventaja para mí.

¿En qué momento inició su vida literaria?

Siempre he escrito y eso es parte de lo que voy a hacer toda la vida. Una vez hubo un concurso por el Día de las Madres, íbamos a hacer una tarjeta y el que escribiera la mejor frase tendría como premio que se iba a poner en todas las tarjetas. Yo escribí una que le gustó a mi profesor, él dijo que eso era un poema, recuerdo que estaba en tercer grado.

Yo escribo poesía porque soy nicaragüense, casi todos lo hacemos. También escribo cuentos y ensayos.

¿Qué temas ocupan su obra literaria? 

Mi literatura en general está basada en Nicaragua. Mi poesía tiene más cosas filosóficas, de amor, cosas universales. En los cuentos tomo a Bluefields como lugar, pero también a la gente, escribo con el lenguaje de Nicaragua y por eso cuando vengo compro literatura nicaragüense.

Ensayo, poesía y cuentos, cuando se refieren a cosas políticas tienen más o menos el  mismo tema. Mis ensayos son sobre cuestiones políticas, antes hacía artículos de opinión, pero ahora estoy más en los ensayos, que son más largos y no se pueden condensar en un artículo de opinión porque la realidad social es más compleja. 

¿En qué proyecto trabaja actualmente?

Estoy escribiendo dos libros de ensayos, uno es sobre Nicaragua. Los ensayos requieren mucha rigurosidad, así que estoy ciento por ciento concentrado en este proyecto.

¿Qué tanto pesa en su obra el componente político?

Como para todos los de la generación de los 80 que vivimos la Revolución, la política es muy importante. Crecimos en los 70, vivimos la lucha contra la dictadura. Todos los ensayos y algunos poemas son políticos, porque uno no se le puede esconder a la política.  

¿Cuál ha sido el principal cambio que usted ha percibido con la llegada del presidente Donald Trump a la Casa Blanca?

En mi opinión lo que más ha cambiado es el tono de la discusión, de los debates, se ha caído en el insulto personal y eso no era el estilo de la política en Estados Unidos. Trump ha alentado a grupos nacionalistas blancos, neonazis, que son una minoría. No hay condiciones objetivas para alentarlos porque la mayoría de los norteamericanos no están de acuerdo con el nazismo ni el racismo, hay mucha buena voluntad, pero él ha alentado a esos grupos minoritarios a lanzarse a las calles para tratar de cambiar el debate sobre inmigración en los Estados Unidos.

Sin embargo, yo pienso que al final los presidentes se van, tardan 4 u 8 años, yo sospecho que la república que existe va a sobrevivir, porque el presidente no puede correr a ningún diputado ni a un senador. A ellos los eligió el pueblo, ellos van a quedarse ahí y él se irá.

En alguna medida él va a influenciar a alguna parte de la población, pero mientras haya una sociedad que tiene prácticamente pleno empleo, la mayor parte de la gente está bien y necesita que haya inmigrantes para trabajar, por lo que no va a tener gran impacto su política.

Los latinos son una comunidad grande, según The New York Times, hay más hablantes de español en Estados Unidos que en España. Aclaro que no es una población monolítica, porque están los cubanos, los venezolanos, los nicas; cada grupo es diferente, algunos son más conservadores que otros,  no es monolítico ni racial ni políticamente, pero la mayoría son mexicanos y tienen más fuerza política. Mientras eso exista no veo condiciones objetivas para que triunfe el movimiento nacionalista de Trump, sobre todo porque la mayoría no está de acuerdo con él.

¿Cree que podrá construir el muro?

Creo que al menos lo intentará. Buscará hacer algo con el muro, pero ese muro tiene un gran problema en el propio Estados Unidos, porque los que estamos pagando impuestos somos los que vamos a pagar por ese muro y tendremos que pagar por mantenerlo. Entonces es un costo para los que estamos allá y con ese dinero se puede hacer hospitales, brindar mayor seguridad a la población.

Así que no creo que se haga ese muro, porque cuesta mucho y además hay un sinnúmero de problemas de tierras que tendría que resolver. En algunos lugares la gente no quiere que pase el muro por sus tierras. En algunas comunidades indígenas, como las de los navajos, no aceptan que les vayan a dividir su comunidad, lo que significa que podría generar muchas demandas si se hace.

Eso sí, hay que tomar en cuenta que Trump hace edificios, ese es su negocio, es un hombre que construye cosas, así que para él un muro es la solución pero la inmigración no es el problema fundamental de los Estados Unidos, él tiene un diagnóstico equivocado.

La gente en Estados Unidos necesita trabajadores y, como no hay suficientes visas para que la gente pueda ir a trabajar, lo hacen de manera ilegal. 

Políticamente puede hacer la mueca de que hizo algo en cualquier lugar, aunque haga un muro pequeño, dirá que hizo algo y en 4 años es imposible que lo termine.

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