•   Estados Unidos  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Querer es poder, dice un dicho que se aplica perfectamente a Marlon Moraga, un empresario nicaragüense que después de haber vencido muchos obstáculos en su vida ahora goza del éxito en Houston, Texas (EE. UU.). 

Nació en 1964 a la altura del kilómetro 3 de la carretera Norte, en el Barrio San Luis de Managua. Y según confiesa, ser voceador a los 12 años lo convirtió en una persona responsable, emprendedora y de bien. Aprendió desde muy pequeño a ganarse el dinero de una forma honrada.

A los 17 años tuvo que abandonar Nicaragua por la guerra, emigró hacia Honduras donde vivió por dos años con su padre, el legendario pícher del Bóer de los años 60, José Gregorio Moraga, mejor conocido como “Manojo”. Gracias a la ayuda de su papá pudo llegar a EE. UU., en 1984.

¿Cómo fue tu niñez en Nicaragua?

Mi niñez y la de mis hermanos no fueron fáciles, carecíamos de mucho, había pobreza y prueba de eso fue que en algún momento en la escuela Rubén Darío donde yo estudiaba en tercer grado, nos preguntaban cosas como quién comía carne todos los días en su casa. Yo no sabía que se comía carne todos los días. A veces mi mamá se las ingeniaba para que nosotros pudiéramos comer una vez pollo, pero nada más. Nacimos en una vivienda bien pobre, con decirte que no teníamos servicio sanitario, lo que teníamos era una letrina.

Además: Las pymes de América Latina y el Caribe están formadas por héroes y heroínas

¿La situación económica que vivías fue lo que te llevó a vender periódicos?

Así es, esa experiencia me marcó mucho y me siento muy orgulloso en decirlo porque aunque lo hice por muy poco tiempo, fue un trabajo donde aprendí a valorar que se pueden hacer cosas positivas en la vida desde muy joven. Aprendí a valorar las cosas cuando se hacen de una manera honesta,  aprendí a ser emprendedor, a no tenerle miedo relativamente a nada. Estaba extremadamente jovencito, caculo que pude haber tenido unos 12 años.

¿Por qué decidiste salir de Nicaragua? 

Lo hice cuando los sandinistas llegaron al poder. Jugaba baloncesto en la preselección de Nicaragua para en ese entonces, pero de alguna manera en el barrio San Luis donde vivíamos me tenían relativamente visto para entrar en las filas de las milicias en aquellos tiempos y mi mamá con el temor que no me fueran a mandar a la montaña como decían, buscó la manera para enviarme fuera. Recuerdo que me fui con Denis, mi hermano menor, para Honduras, ahí estaba mi papá viviendo.

¿Cómo fueron esos dos años en Honduras?

Fue muy difícil porque donde quiera que íbamos nos tildaban de guerrilleros, nos decían que éramos espías infiltrados. Yo tenía 17 años y mi papá relativamente no nos dejaba salir  a ningún lado por temor a que nos hicieran algo. Cuando viví en Honduras me sentí como que estaba en cautiverio. Tuve la fortuna de jugar baloncesto con el equipo de la Fuerza Aérea de ese país y ellos me ayudaron a conseguir la residencia para estar legal en Honduras. Mi vida cambió un poquito y ya tenía un poco más de flexibilidad para movilizarme. Si alguien me cuestionaba o la Guardia me paraba, yo mostraba mis documentos que decían que jugaba para el equipo de la Fuerza Aérea y eso me ayudaba mucho para que me dejaran tranquilo.

¿Cómo surge el viaje a EE. UU.?

Mi padre es un periodista deportivo muy reconocido en Honduras y siempre ha ejercido esta profesión en este país desde su llegada. Él tenía sus contactos y me ayudó a conseguir la visa y fue así como me vine. Tenía 19 años cuando llegué, me fui directamente a Houston donde mi hermano mayor quien ya tenía varios años viviendo en esta ciudad que me cautivó tanto, que la tomé como mi segundo hogar.

¿Te adaptaste muy rápido a la vida de los Estados Unidos?

Prácticamente sí, lo único que me costó un poco en adaptarme fue lavar mi ropa en lavadora, todo era en inglés y no entendía nada, yo estaba acostumbrado a lavar mi ropa en lavadero. Recuerdo también que caminaba horas en busca de trabajo porque no teníamos los recursos para comprar un carro en los primeros seis meses de estar viviendo en Houston.

¿Fue fácil conseguir permiso de trabajo?

Fue bastante difícil, pasé 5 años como indocumentado. Después de un tiempo viviendo en Houston las cosas para los migrantes se pusieron un poquito precarias. Mis dos hermanos y yo tomamos la decisión de irnos a vivir a Miami porque había cierta afinidad con la gente de Cuba considerando que manejan relativamente la política. La decisión fue salomónica en aquel tiempo, nos encontramos con accesibilidad al empleo y el no tener problema con la documentación cuando la policía nos pedía papeles, aunque obviamente entregamos papeles falsos, nadie nos cuestionaba. Después obtuve mis papeles gracias a mi exesposa quien era estadounidense y quien es la madre de mis dos hijos.

¿Qué te inspira a poner tu propia empresa?

Mi hermano mayor, José Aldemaro Moraga. Yo regresé a Nicaragua después de 8 años de estar ausente. Cuando regreso, mi hermano estaba administrando un negocio en La Piñata frente a la UCA. La actitud cómo manejaba los negocios me cautivó, no era un empleado tradicional que ponchaba su tarjeta y se regresaba a su casa a las 5 de la tarde. Él daba todo de sí para sobresalir en el trabajo, eso me cautivó y a mi regreso sentí la necesidad de emular la actitud de mi hermano. Tengo que darle crédito a él porque transformó con su actitud, la mía. 

¿Cómo surge tu empresa? 

Surgió de una forma cómica. Mi hijo tenía 5 años y vivíamos todavía en Miami, lo hice que se subiera a escalar una torre (en un parque infantil), en aquel momento valía US$5 el ticket. Desafortunadamente, al tercer paso se atemorizó por la altura y empezó a llorar para que lo bajara. Lo bajé en menos de 2 minutos y el dueño de la torre se ganó US$5. Este hecho me puso a pensar en que cómo este tipo ganó sin hacer relativamente nada. Regresé a Houston porque los precios de los trabajos estaban por el suelo en Miami por tanta migración. Empecé a trabajar fuerte y ahorrar para poder comprarme una torre de escalar. Puse todas mis tarjetas de crédito al máximo y con el dinero ahorrado la compré por US$30,000. Me empezó a ir tan bien que ahora me dedico al negocio de juegos mecánicos no tradicionales en Houston. Tengo 15 años de tener mi propia empresa.

Hay gente en Nicaragua que piensa que la vida ha sido injusta con ellos

Hay algo que me llama sobremanera la atención en Nicaragua, hay muchísima gente de escasos recursos y sin temor a equivocarme, la mayoría de todas esas personas de escasos recursos tienen teléfono de última generación. Ellos tienen acceso a las redes sociales. Facebook, es una herramienta de trabajo tan sencilla que nadie o casi nadie la usa para hacer negocio. Solo la usan para socializar. Te daré un ejemplo sencillo. Me cuesta creer que una persona no tenga un artículo en su casa que no lo esté utilizando ya sea nuevo o usado, me cuesta mucho creer que todo lo que tenga la gente en sus casas les sirva. Las personas perfectamente pueden utilizar las redes sociales para poner a la venta lo que no estén utilizando en sus casas. La mejor ventana para que la gente pueda hacer negocios son las redes sociales en estos dorados tiempo. Así fue como surgió Ebay, pero, mucha gente de escasos recursos le da prioridad a las cosas que los siguen esclavizando.

¿Te consideras un triunfador?

No, sencillamente me considero un emprendedor. Una persona que no se cansa de trabajar, una persona que quiere salir adelante, una persona que no quiere tener el estándar de la mayoría del ser humano, una persona que trata de hacer las cosas de la manera más transparente posible, una persona que le gusta tratar de dar la mano al que puede, de tratar de ayudar a los que más necesitan, pero sobre todo una persona de familia. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus