
Ingrid Narváez, de 18 años, competirá en los 400 metros planos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Nacida en Tola, municipio rivense poseedor de playas de ensueño, empezó a correr hace cinco años en la Escuela “Gaspar García Laviana”, tras ser descubierta en la clase de Educación Física.
La joven inició en el atletismo casi por una travesura de estudiante. En las carreras que hacían en la escuela, ella parecía una liebre, así es que un profesor la empezó a entrenar. Actualmente estudia administración de empresas, pero contempla prepararse para llegar a ser entrenadora de atletismo en Tola.
Ingrid Narváez es una muchacha morena y coqueta de poco hablar. Sus actuaciones la dibujan como una persona pasiva, pero firme. Su cuerpo incita a hacer ejercicios, y sus aspiraciones la retratan como alguien enamorada de su pueblo.
Llegó a Managua el martes pasado para prepararse previo a los Juegos Olímpicos que se celebrarán en Londres, del 27 de julio al 12 de agosto, adonde participará en la competencia de los 400 metros planos.
No habla de ganar y tampoco narra las vicisitudes que le ha tocado atravesar para llegar hasta donde está. No se puede decir que es risueña, pero tampoco que es seria. Ingrid sabe en qué momento reír o callar.
La carrera de atleta de esta chavala inició más bien como una especie de travesura infantil, y luego como una manera de sobrellevar la adolescencia y de entretenerse en un pueblo costero donde no abundan diversas formas de diversión.
A los 13 años, Ingrid superaba a sus compañeras y compañeros de clase en las carreras de velocidad.
Así fue como el profesor de Educación Física en el Instituto Nacional “Gaspar García Laviana”, de Tola, Mario Acevedo, se fijó en la chavala bajita, de tez oscura, pues tenía madera para las competencias de velocidad, y le propuso entrenarla.
“Yo era excelentísima en Educación Física. Siempre tenía de 90 para arriba. De allí fue que vino todo”, dice entre risas, tras confesar que en las otras clases no tenía las mismas calificaciones, pues no se entregaba con igual entusiasmo.
Para entonces ella apenas estaba entrando a la adolescencia, y no le prestaba la importancia necesaria a eso de las carreras. Luego de varios campeonatos le agarró sabor a este deporte y se disciplinó.
“A los 13 años le miré velocidad. Si ella fuese alta sería mejor, pero a pesar de ser pequeña la miré que para su edad corría bastante rápido. Fue un inicio duro, porque en un principio el músculo no está adaptado, entonces hubo que irlo adaptando jugandito”, recuerda el entrenador Acevedo.
El estadio de atletismo del Instituto Nicaragüense de Deportes está mojado, pero aun así Ingrid debe entrenar.
Para empezar, se quita la camisa ajustada de la selección guatemalteca que hoy viste, y en la que está inscrito el nombre de ese país. La camisa es un regalo al que le tiene apego emocional, según parece. Hay que pedirle que se quite esa camisa para realizar las fotos. Luego que se ponga en posición de salida una y otra vez.
Ingrid accede a todo con una sonrisa forzada. Quizá lo que más le cuesta es quitarse las tres o cuatro pulseras que anda en las muñecas, sus anillos y el reloj blanco de faja gruesa.
“Usted pregunte y yo le respondo”. Ingrid es de las que no habla de más. “¿Mi mayor fortaleza? Es Diosito, porque me ha permitido estar acá. ¿Qué espero de Londres? Mejorar mi marca. Esto es lo mejor que le puede pasar a un atleta. ¿Qué me gustaría ser en un futuro? Administradora, quiero estudiar para ser entrenadora de atletismo. Hay personal allá y me gustaría poder ser entrenadora”.
La entrevista se acaba. Se avecinan días pesados para esta chavala de 112 libras y 1.60 de estatura que nos representará en Londres.
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