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  • AFP

Si el coraje fuera un deporte olímpico, los diez atletas que forman el primer equipo de refugiados de la historia de los Juegos deberían ganar muchas medallas en Rio-2016.

Desde Yusra Mardini, una nadadora adolescente de Siria, que cruzó valientemente el Mediterráneo desde su país en una pequeña embarcación en mal estado, hasta Popole Misenga, que pasó ocho días escondido en un bosque para escapar a las luchas sangrientas del Congo, cada uno de los deportistas refugiados ha superado situaciones dantescas para mantener vivo su sueño olímpico.

Mardini, de 18 años, expresó su felicidad este sábado por su participación en Rio, donde competirá en los 100 metros mariposa y los 100 metros libres.

"Es verdaderamente un honor para mí estar aquí", dijo Mardini este sábado en una rueda de prensa.

Hace menos de un año, Mardini nadaba para salvar su vida. Durante un peligroso viaje a la isla griega de Lesbos, se hundió el bote en el que viajaba.

Mardini y su hermana saltaron al agua, se agarraron a una cuerda y pasaron las tres horas y media siguientes en el agua junto al bote.

Mardini, que se ha establecido en Alemania junto a su familia como refugiada, afirma que representará orgullosamente a Siria, al movimiento olímpico y a su país de adopción cuando compita en Brasil.

"Será por mi país, por Alemania y por el Comité Olímpico Internacional, ya que ellos me dieron todo el apoyo necesario para hacer estos posible", dijo Mardini.

A Mardini se le ha unido en el equipo de refugiados otro nadador sirio, Rami Anis. Anis huyó de Siria en 2011 para evitar ser reclutado por el ejército, llegando a Bélgica desde Estambul en octubre del pasado año.

"Estoy muy orgulloso de estar aquí", dijo Rami a la prensa este sábado.

"Pero siento un poco de tristeza de no estar participando como sirio. Estamos representando a gente que ha perdido sus derechos humanos y se está enfrentando a injusticias".

El nadador de 25 años de los estilos mariposa y libre describió al equipo de refugiados como un grupo "que no desespera".

"Tenemos una voluntad de acero, aunque nos sentimos tristes, por supuesto, debido a las guerras en nuestros países", dijo Anis.

Para el judoca congoleño Misenga, las consecuencias del devastador conflicto en su familia han ido muy lejos.

El deportista de 24 años rompió a llorar cuando fue preguntado sobre el mensaje que enviaría a través de su participación olímpica.

Misenga tenía solo nueve años cuando huyó de la guerra en Kisangani, en la República Democrática del Congo. Separado de su familia, se escondió en la jungla durante ocho días antes de ser rescatado y llevado a un centro para desplazados en Kinshasa.

Después se asentó en Brasil, quedándose en el país tras el Mundial de 2013.

"Tengo dos hermanos a los que no he visto en años. No recuerdo sus caras", dijo Misenga entre lágrimas este sábado.

"Quiero enviarles abrazos y besos. Estoy aquí en Brasil participando y espero poderlos traer un día a vivir conmigo en este país", señaló.

Otra refugiada de la guerra del Congo, Yolande Mabika, siguió los pasos de Misenga, asentándose en Brasil.

"Esto no es solo una lucha por el deporte, sino una lucha por la vida. Cada uno de nosotros tiene sus propias historias que contar", explicó.

El técnico Geraldo Bernades afirmó que la pregunta de si alguno de los refugiados puede ganar una medalla, carece de importancia.

"La gente pregunta si pueden ganar una medalla. Y yo digo que ya han ganado sus medallas, con el solo hecho de participar en Rio", dijo el entrenador.

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