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En el resplandeciente escenario de los Juegos Olímpicos, la capacidad de asombrarnos no se agota. No hay manera. Siempre aparece algo más fantasioso. Cuando el extraordinario nadador Michael Phelps, de 19 años, provocó un impacto en Atenas 2004, atacando ferozmente al ganador de siete oros con marcas mundiales en Múnich 1972, Mark Spitz, consiguiendo seis preseas doradas y dos bronces, nos preguntamos con incredulidad ¿Será capaz de igualarlo o superarlo?Michael Phelps, el mejor nadador de todos los tiempos se despide en Río.

 

Un enorme reto, pero Phelps lo logró cuatro años después en Beijing 2008, obteniendo ocho oros en el más grande alarde visto en la historia de Juegos Olímpicos. Su proeza, superaba lo imaginable. Y en su próxima parada olímpica, Londres 2012, Phelps agregó cuatro oros y dos platas, para completar 18 medallas doradas en tres competiciones olímpicas, agregando dos de plata y dos de bronce, para un total de 22. Obviamente esa es la más grande hazaña en estos Juegos.

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Antes de Phelps, el rey del asombro era Mark Spitz con sus siete medallas de oro ganadas en la pileta de Munich 72, cada una de ellas acompañada de un récord mundial, dejando a expertos y profanos con la boca abierta. Spitz no dejó nada para otros en 100 y 200 metros libres, 100 y 200 metros mariposa y en tres pruebas de relevo. ¡Guau! Ese es un paquete que parecía inalcanzable, hasta que apareció este Phelps fuera de serie.

EL FENOMENAL BOLT

¿Y qué decir de Usain Bolt? La gacela de Jamaica, pretende ganar por terceros Juegos consecutivos, los oros en 100 y 200 metros. ¿Se imaginan eso? .Agregando los oros en relevos 4 por 100, Bolt acumula seis medallas en dos ediciones, 2008 y 2012, y atrapa la atención en este 2016. Dueño de las fabulosas marcas de 10.58 segundos en 100 metros y 19.19 en los 200 durante el Mundial de Berlín, Bolt pretende volver a golpear a los incrédulos saltando sobre los problemas de la reciente lesión, ganando por tercera vez el oro en las dos especialidades, y quizás en el relevo.

¿Se acuerdan de Kornelia Ender? Sí, la súper- nadadora de la RDA que en 1973 estableció cuatro marcas mundiales en el Torneo de Belgrado y fue parte de otras dos victorias en los relevos antes de llegar a Montreal en 1976. Ya en los Olímpicos, obtuvo tres medallas de oro en pruebas individuales y otra como parte del relevo combinado. En ese momento, algo asombroso.

Nadia Comaneci.Quienes disfrutaron de la década de los 60, pueden decir que la máxima hazaña ha sido el salto de 8 metros con 90 centímetros en longitud, logrado por Bob Beamon durante las Olimpiadas de México 68 o los fantásticos 43 segundos con 8 décimas de Lee Evans en 400 lisos, en esos mismos Juegos. Fueron marcas de otra galaxia y una prueba de ello, es el tiempo que resistieron tantos embates hasta ceder frente a los impulsos de Mike Powell y Butch Reynolds.

Si usted pertenece a la vieja generación, seguro que se apunta a las cuatro medallas de oro ganadas por Jesse Owens, en las Olimpiadas de Berlín, en 1936, cuando hizo palidecer a Hitler y estremeció el planeta, ganando los 100 y 200 metros lisos, el salto largo y participando en el relevo triunfador del 4x100.

OWENS ESTREMECE EL PLANETA

Esa hazaña de Owens, humillando al Fuhrer, acuchillando su arrogancia, fue por largo rato la referencia obligada de la grandiosidad, hasta que Carl Lewis lo igualó con cuatro de oro en las mismas pruebas, durante los Olímpicos de Los Ángeles. Es cierto que no asistieron los países del Este europeo por las controversias políticas que más adelante afectaron los Juegos de Seúl, pero aún con todos en la estufa, Lewis lo hubiera logrado. Su superioridad en ese momento era indiscutible.

Hay más historias que pueden aspirar a la nominación de “La más grande proeza olímpica”, como el puntaje de Nadia Comaneci en Montreal, durante las pruebas de gimnasia. Esa calificación de 10 obtenida por la gimnasta rumana, es irrepetible. Todos sus movimientos fueron perfectos en las diferentes especialidades. Ella parecía estarse moviendo sobre el arco iris de la mano de los Dioses del Olimpo.

El soviético Alexander Ditiatin obligó a que todos los reflectores lo iluminaran ganando 8 medallas en Moscú: tres de oro, cuatro de plata y una de bronce en gimnasia. ¿Qué les parece?

El ganar descalzo la prueba de maratón como lo hizo Abebe Bikila, en 1960, para repetir en 1964, con zapatos, nos obliga a incursionar en el territorio del asombro. ¿Y qué decir de lo hecho por Emil Zatopek? “la locomotora checa”, que ganó el oro en 5 mil, 10 mil y el maratón, durante los Juegos de Helsinki, en 1952. Zatopek hubiera sido capaz de correr de Nueva York a Buenos Aires sin permitir que alguien estuviera adelante.

OJO CON LO HECHO POR OERTER

Todas esas argumentaciones contundentes, vistas desde cualquier butaca, se convierten en discutibles, al momento de compararlas con la hazaña de Al Oerter, el lanzador de disco norteamericano que ganó medallas de oro en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos, compitiendo en lanzamiento de disco.

¿Saben ustedes lo que es eso? Pues equivale a dominar el panorama olímpico durante 12 años, retando a los rivales y sobre todo al almanaque. En 1956, durante los Juegos de Melbourne, Oerter, de 20 años, se impuso a sus compañeros Fortune Gordlen y Desmond Koch, con un disparo de 56 metros y 36 centímetros; cuatro años después en los Olímpicos de Roma, Oerter volvió a dominar la prueba con un disparo de 59 metros y 18 centímetros; volvió a escena en 1964 en Tokio y nadie le daba posibilidad de conseguir su tercera medalla de oro, debido a que estaba inscrito el checoslovaco Luduvic Danek, dueño en esos momentos del récord mundial de la especialidad y que tenía largo rato de no perder una prueba. Fue una lucha durísima, y Danek, que había llegado a rascar los 63 metros, no pudo pasar más allá de los 60 metros con 52 centímetros; en tanto, Oerter, enviaba el artefacto a 61 metros, para su tercera medalla de oro en tres Olimpiadas increíbles.

Oerter llegó a México en 1968 con 32 años encima. Hizo un esfuerzo supremo para clasificar en el equipo olímpico de los Estados Unidos, pero al igual que en Tokio, no fue colocado entre los favoritos. El récord mundial era de su compañero de equipo, Jack Silvester, quien había logrado disparar el disco más allá de los 60 metros. Doce años después de Melbourne, Oerter sorprendió a medio mundo superando a Silvester en la lucha por la medalla de oro, con un lanzamiento de 64 metros con 78 centímetros, mientras Silvester “encocado”, se conformaba con 63.50 metros. Lo más llamativo es que en ninguno de los cuatro Juegos Olímpicos Orter fue considerado favorito.

NOVENO ORO PARA LEWIS

Apunten esto por favor: en los Juegos realizados en Atlanta en 1996, se le ocurrió a Carl Lewis obtener su novena medalla de oro, precisamente en salto largo. Él había dominado esa especialidad tanto en Los Ángeles como en Seúl y Barcelona; y al ganar en Atlanta, se abrazó con Oerter en un equilibrio espectacular.

¿Cuatro medallas de oro en cuatro Olimpiadas consecutivas? Quizás el extraordinario peso pesado, Teofilo Stevenson, lo hubiera conseguido en Los Ángeles, pero los cubanos decidieron no asistir y tal posibilidad se desvaneció. Stevenson ganó la medalla de oro en la categoría pesada durante los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972, repitiendo en Montreal 76 y Moscú 80.
Otras dos proezas dignas de estar en un ranking son los triunfos de Juantorena, en 400 y 800, durante los Juegos de Montreal, todavía no repetidos; y la demostración de Michael Johnson, ganando 200 y 400 en Atlanta. No podemos obviar las 9 medallas conseguidas por el corredor finlandés Paavo Nurmi, sumando sus actuaciones en los Olímpicos de 1920, 1924 y 1928.

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