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Encadenado, gimiendo fuerte, implorando por una medalla de oro, Brasil ha sido víctima de su fatal martirio en la historia del futbol en Juegos Olímpicos. Ese futbol tan pontificado, que ha conseguido cinco Copas del Mundo, solo se ha acercado a la conquista de la máxima presea olímpica, sin conseguirla. ¡Ah, si aquel cabezazo de Oscar casi a quemarropa empata el duelo con México en Londres hace cuatro años, quizás, quizás, quizás, Brasil hubiese ido más allá de solo arañar el oro!

Sorprendentemente, México sacó esa medalla de oro de la cueva de los leones, saltó, gritó las dos estocadas clavadas por Oribe Peralta y festejó ruidosamente con música de mariachis, haber sepultado una vez más, la vieja ilusión brasileña de conquistar el oro olímpico. Marcelo lloró, Neymar se mostró destruido, Juan quería que lo tragara la tierra, Oscar continuaba sacudiendo su cabeza frenéticamente, Brasil estaba conmocionado, pero el mundo seguía andando. 

CON NEYMAR A LAS BRASAS

Esta tarde, Brasil estimulado por la presencia casi siempre desequilibrante de Neymar, ansioso por impresionar, saltará a la cancha del estadio “Garrincha” para enfrentar a Sudáfrica --un inesperado vencedor en Sídney 2000 por 3-1 en la etapa de grupos, dejando a medio mundo con la boca abierta--, mientras el campeón defensor, México, se fajará con Alemania, en tanto Argentina se cita con Portugal, en los tres principales duelos de una jornada con ocho programados en la fecha inicial de la fase de grupos.

Nunca olvidaré aquel partido Brasil-Camerún que presencié en Sídney 2000 en los cuartos de final, síntesis de lo que es un caos. Después de ser derrotados por Sudáfrica, el equipo brasileño que dejó en casa a Romario, derrotó 1-0 a Japón y avanzó a cuartos de final para tomar el reto de Camerún. El gol de Mboma adelantó a los africanos, pero Ronaldinho empató y cuando Camerún sufrió dos expulsiones, se dio por un hecho la presencia de Brasil en semifinales. No fue así, el equipo que creció con un alarde de agallas fue Camerún que con un gol de Mbami en el minuto 113 decapitó a Brasil.

Han pasado cuatro años desde el cabezazo fallido de Oscar frente a México casi contra reloj, pero los lamentos por esa última frustración siguen rebotando contra el inmenso Pan de Azúcar, pasando frente al Cristo de Corcovado con sus brazos abiertos en un reclamo interminable, y siguen flotando sin hundirse frente a Copacabana. El viejo drama tiene barbas y anda en silla de ruedas. Nunca el oro olímpico en futbol. Escucha eso Neymar y ve qué puedes hacer.

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