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En la hora de la verdad, que es la hora de buscarnos a nosotros mismos, este Michael Phelps de 31 años, se disfraza y logra aproximarse, a aquel Phelps que fue capaz de ganar ocho medallas de oro en Beijing 2008. Lo vimos con su asombroso tiempo de 47.12 segundos en su trozo del relevo libre 4 por 100, contribuyendo eficazmente como factor inspiración, para una medalla de oro de Estados Unidos considerada poco probable frente a la presencia de Francia y Australia; y volvimos a verlo anoche, golpeando el agua con la determinación de Espartaco y un deseo que ensanchaba el oleaje, hasta que finalmente, por alcanzar otro trozo de orgullo, fue superado por el húngaro Tamas Kenderesi, quién le arrebató el triunfo en una de las dos semifinales de los 200 mariposa, su especialidad.

UNA GRAN PROYECCIÓN

Doblando primero por los 50, 100 y 150 metros, Phelps estaba nuevamente sometiendo a prueba nuestra capacidad de asombro. Seguramente quería ganar, clasificar como el mejor, llegando antes y mostrando un tiempo superior. Faltando 25 metros, Phelps todavía estaba adelante. Para él, se trataba de una final. Fue entonces que el húngaro Kenderesi activó sus motores de reserva y le robó el botín registrando 1 minuto 53.96 segundos por 1:54.12, de Phelps. 

Lo más impresionante es la determinación de Phelps. Se observó su empeño en impresionar mostrando autoridad y lo estaba logrando, como la noche anterior, cuando su presencia en el relevo 4 por 100 libre estuvo en duda hasta el último instante, por no haberse familiarizado con ese estilo en la distancia durante los últimos años. Sin embargo, Phelps estuvo formidable y fue la pieza clave. 

ELECTRIZANTE CIERRE

Por la mañana, fue tercero en su hit eliminatorio clasificando para semifinales. Vio ganar al húngaro Laszlo Cseh el primer grupo con 1:55.18 dejando atrás a los japoneses Seto y Sakai que enseñaron las uñas, y se preparó para fajarse con Kenderesi y su viejo enemigo sudafricano Chad LeClos, quien lo derrotó en esa especialidad, los 200 mariposa, en Londres 2012. Su salida fue fuerte y su deslizamiento submarino estupendo. Phelps estaba adelante desde la salida. Su doblez en los primeros 50 metros, tan preciso como en los 100. En el carril tres, Phelps sentía la presencia de Kenderesi que avanzaba por el cuatro, pero no tenía visión clara sobre la sombra de LeClos. 

Mantuvo la ventaja en el giro de los 150 y se proyectó hacia una victoria que lo agigantaría hoy en la final. No se pudo. Los brazos y los pulmones de Kenderesi fueron más fuertes y sus piernas se movieron apropiadamente, para superarlo. Un cierre electrizante, como debe serlo el de esta noche. No podemos perdernos eso de tanta excitación. Phelps tratando de hacer más historia. ¿Será capaz? La intriga amaneció flotando sobre nuestras cabezas.

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