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Michael Phelps apostó todas sus fichas al cuatro y ganó: es el número del oro que alcanzó ayer y el de títulos en una única prueba, algo nunca antes hecho en una piscina olímpica.

En Atenas-2004, Pekín-2008, Londres-2012 y ahora Río de Janeiro-2016, subió a lo más alto del podio en los 200m combinados, carrera que además sella 12 años de rivalidad con su compatriota y amigo Ryan Lochte, y el brasileño Thiago Pereira, que de nuevo se quedó rezagado, esta vez séptimo, a tres segundos y medio del tetracampeón.

Phelps llegó con más de un cuerpo de ventaja de su escolta, el japonés Kosuke Hagino (+1.95 segundos), y del chino Wang Shun (+2.39), que completó el podio.

Tocó la pared con 1:54.66 en el cronómetro, a 66 centésimas del récord mundial de Lochte, que llegó en quinto lugar.

No es la única actuación del ‘Tiburón de Baltimore’ en el centro acuático de Río: el veterano nadador de 31 años disputa también la semifinal de los 100m mariposa, prueba, de nuevo, que ya ganó en las tres ediciones anteriores y que será la última individual de su carrera.

Donde está Phelps hay aplausos y ovaciones, algo que ha destacado y hasta agradecido. 

Pero esta vez fueron todos para el brasileño. Bajo la batuta de su madre, Rose Vilela, el “¡Vai Thiago!” (¡Dale Thiago!) fue ensordecedor. La consigna la tenía impresa en camisetas color verde y sus acompañantes de azul.

Vilela se mostraba nerviosa, ansiosa y abrazada a una bandera, y vio a su hijo, una vez más, comenzar con mucha fuerza, pero desinflarse en los últimos 50 metros, en el estilo libre. De hecho, Pereira fue primeros en los 50 y se mantuvo segundo en los 100 metros después.

Igual, Phelps se llevó aplausos, porque al final de cuentas, ¿quién no quiere contar que vio al deportista más laureado de la historia olímpica -incluida la era antigua- agrandar su leyenda? ¿Quién no quiere decir ‘yo estuve ahí’? Es historia y él lo agradeció desde el podio.

La suerte 

Mientras Pereira se secaba las lágrimas de la que tal vez sea su último duelo con los grandes, su compatriota Bruno Fratus, la otra esperanza de la natación brasileña, se coló en la final de los 50m libres.

En esta prueba, en la que los nadadores agitan tan rápido los brazos que la superficie de la piscina parece convertirse en un baño de espuma, Fratus tocó la pared con 21.71 segundos en el cronómetro, mejorando su marca de la eliminatoria más temprano.

Bronce en el Mundial de Kazán, el brasileño es dueño del octavo mejor tiempo de 2016 (21.74), pero su mejor marca personal, establecida en diciembre, es de 21.37.

Brasil tiene en esta prueba el oro olímpico de César Cielo en 2008. Es la gran ausencia del equipo anfitrión en Río-2016, al que no clasificó en medio de una mala fase.

El francés Florent Manaudou venció su semifinal con 21.32, mejorando su tiempo, que era el mejor del año. En Londres-2012 consiguió el oro desde carril siete en una prueba que tiene un alto componente de suerte.

El estadounidense de 35 años Anthony Ervin, con el tercer mejor tiempo, buscará en Río completar un cuento de hadas: ganar el oro 16 años después de compartir título olímpico con Gary Hall Jr en Sidney-2000.

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