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Simone Biles también falla. Y eso es noticia porque desde que irrumpió en el circuito profesional no se tenía constancia. Ayer fue bronce en la viga y se quedará sin el récord de conseguir cinco oros en Río, el único desafío que ha osado resistirse a la mejor gimnasta del mundo.

Tras sus exhibiciones en la final individual, por equipos y de salto, la estrella estadounidense no pudo sumar el cuarto oro consecutivo en sus primeros juegos, a donde vino a ingresar en la historia olímpica por la puerta grande.

La victoria se la acabó llevando la holandesa Sanne Wevers, mientras que la plata fue para la también estadounidense Lauren Hernández.

Nadie había sido mejor hasta ahora en Río que el prodigio de Texas. En todos los aparatos que tocaba, arrasaba, tantas veces como hiciera falta. Con la excepción de las barras asimétricas, su ejercicio maldito al que entierra con sus notas estratosféricas en el resto del gimnasio.

Pero el mundo se enteró ayer de que esta joven de 19 años y 1.45 metros de puro genio y músculo rocoso también puede desequilibrarle la presión.

Milésimas de pánico

Más dubitativa que en sus dos paseos anteriores por la viga, donde siempre fue la primera, sus pequeñas imprecisiones al comienzo del ejercicio hubieran podido presagiar una catástrofe para cualquier otra gimnasta, menos para ella. Pase lo que pase, Simone siempre acaba cayendo perfecta en la colchoneta y con una enorme sonrisa de regalo.

Pero su explosiva fuerza la traicionó esta vez, después de un mortal hacia adelante del que aterrizó sobre la pierna izquierda. Tras unas milésimas en las que pudo pasar lo peor --la imagen de la campeona en el suelo--, se reequilibró con el brazo y continuó hasta el final, aunque con el récord aplastado bajo la viga.

“No sabía que se me había resbalado el pie hasta que bajé de la barra y pusieron la repetición. No sé realmente lo que pasó”, dijo después.

Pese a todo, volvió a acabar exacta el ejercicio, pero esta vez la sonrisa duró menos. En el abrazo con su entrenadora no hubo lloros, pero sí decepción contenida y al mal tiempo buena cara.

“No estoy decepcionada con la medalla que he conseguido porque a cualquiera le encantaría ganar un bronce en unos juegos. Estoy decepcionada con la rutina que hice. No de toda, solo del mortal, supongo, porque el resto estuvo bastante bien”, aseguró.

Tampoco facilitó el trago que la siguiente en competir fuera la elegante Senna Wevers, quien llevaba días llamando la atención por su finura y expresividad de otra época.

Con su buena nota (15,466), la holandesa puso nombre a lo que todo el mundo sabía, pero nadie se atrevía a decir aún: Biles se había quedado sin su cuarto oro, a un abismo de más de siete décimas de la futura campeona y con el bronce en el aire hasta el último momento.

Pero que nadie se vaya, el show de Simone aún no ha acabado.

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