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¡Cómo presiona el pasado! Lo vimos hace cuatro años en Londres, cuando Brasil fue incapaz de superar a México en el duelo final por el oro olímpico en futbol, una presea nunca conseguida por los ganadores de cinco Copas del Mundo. Aquel equipo se veía mejor que este, y los lamentos por el cabezazo de Oscar,  que hubiera enviado la batalla a tiempo extra, empatando 2-2, todavía se escuchan en todos los rincones de Río, lo mismo que los gemidos por las estocadas que asestó oportunamente Oribe Peralta para volver a matar la ilusión.

IMPREDECIBLE DUELO

Brasil vuelve a instalarse en una final olímpica y jugando en casa, después de acribillar alegremente al equipo hondureño 6-0 con dos goles de Neymar, uno de penal, dos de Gabriel de Jesús, uno de Marquinhos y otro de Luan. Su rival será Alemania, un tranquilo vencedor de Nigeria 2-0 con dardos de Lukas Klostermann y de Nils Petersen, quien en el torneo ha sido un artillero implacable. No necesitó excederse el equipo alemán cabalgando sin alteraciones nerviosas sobre ese 1-0, que naturalmente mantenía encendidas las esperanzas de Nigeria de provocar un impacto, hasta que en el último minuto, Petersen las mutiló definitivamente con el segundo gol.

Apenas sonó el silbato, Brasil se volcó rápido sobre Honduras y Neymar entró al área adelantándose a la salida del arquero, perdiendo el equilibrio después de empujar la pelota que fue hasta las redes en el minuto uno. Era lo que necesitaba Brasil, una cápsula tranquilizante lo más temprano posible. Gabriel Jesús  culminando con zarpazos dos rápidas y bien hilvanadas incursiones, aumentó 3-0 en un primer tiempo clarificador. La goleada estaba dibujada con grueso pincel. Gol de Marquinhos a los 51 resolviendo frente a la cabaña en el área pequeña, otro de Luan entrando por la derecha y el penal ejecutado por Neymar con frialdad, cerró el marcador 6-0.

EL FACTOR NEYMAR

El reto brasileño es sepultar el pasado, tumbar la maldición, y conquistar su primer oro olímpico en futbol. Nada sencillo, mucho menos contra estos alemanes tan sólidos atrás y capaces de ser tan agresivos como lo fueron masticando a Portugal 4-0, dejando una gran impresión.

Distanciado de aquel “juego bonito” que lo llevó a la cumbre y lo sostuvo tanto tiempo, este joven Brasil tendrá el sábado una enorme presión encima y necesitará del funcionamiento de Neymar a lo Messi, manejando los hilos, haciendo trazos y buscando entrar en combinaciones para poder alcanzar la incidencia requerida, frente a la dureza y buen juego de Alemania.

Veo difícil la tarea de Brasil que pasó dos juegos consecutivos sin marcar en la fase de grupos. Nadie espera un duelo desequilibrado como visto en el 2014 entre las dos selecciones mayores sin Neymar entre los culpables del macabro 7-1, pero una derrota por cualquier marcador, aún registrando Brasil una actuación merecedora de reconocimiento, sería fatal, trágica. ¿Cómo escapar al pasado y sepultarlo? es la gran intriga de los brasileños.

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