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Unas flexiones para terminar

El estadounidense Meb Keflezhgui corrió este domingo el maratón. Cuando iba a entrar en la meta, en 33ª posición y a más de ocho minutos del vencedor, el keniano Eilud Kipchoge, se resbaló y cayó al suelo mojado del Sambódromo, pero lejos de importarle, reaccionó con humor y se puso a hacer unas flexiones sobre la línea de llegada. Nada mal para un veterano de 41 años, después de más de dos horas y cuarto de intenso esfuerzo para recorrer los 42,195 km de la mítica prueba que cierra el programa atlético de los Juegos.

Sin precedentes en el mundo árabe

Seis medallas, un resultado casi igual que el de sus camaradas masculinos: las mujeres árabes han obtenido un resultado sin precedentes en estos Juegos, con más títulos olímpicos que en ninguna otra edición pasada. Las medallistas llegaron de Egipto, Túnez, Irán y Bahréin y brillaron en disciplinas como la halterofilia, la lucha libre, el taekwondo y la esgrima, además del atletismo, único deporte en el que solían destacar las atletas femeninas procedentes de países musulmanes. Desde la participación de las pioneras en Múnich-1972 y hasta Londres-2012, la mujeres árabes habían ganado un total de 10 preseas, por 84 los hombres desde su primera participación en Ámsterdam-1928. Pero en Rio han ganado seis, más de la mitad de lo que consiguieron en 40 años y solo dos menos que los atletas hombres.

¿Reconversión a la vista?

Usain Bolt siempre está dispuesto a hacer alguna gracia en la pista; forma parte del 'show' y uno de los elementos que han forjado su leyenda. Horas después de su triunfo en 200m, sobre las 01h40 locales, cuando ya nadie queda en el estadio, el velocista jamaicano reserva una última broma para los voluntarios de la organización. Empuña una jabalina y tras una carrera para tomar impulso, suelta el artefacto, que después de volar durante unos cinco segundos, se clava en el césped del Estadio Olímpico. Según el periodista francés que grabó la escena, Bolt logró una marca de unos 56 metros, destacable teniendo en cuenta que los decatletas lanzan alrededor de los 65. Ahora que él mismo ha dicho que ya está "viejo" para la velocidad, quizá pueda reconvertirse en esta otra disciplina atlética. Quizás no llevaría nunca a un décimo oro olímpico, pero el espectáculo estaría garantizado en el tartán.

Premio al esfuerzo

En el deporte olímpico no solo reciben recompensas, en forma de medallas, los ganadores. En el maratón, uno de los atletas más ovacionados fue el iraní Mohammadjafar Moradi, que llegó tan exhausto que apenas conseguía avanzar en los metros finales. Tras caerse, se levantó y caminó, tambaleándose hasta la meta, terminando en un puesto 129 (2h31:58) con sabor a oro. La escena recordó a la llegada de la suiza Gabriela Andersen-Schiess, que conmovió al mundo en Los Angeles-1984.

Desnudos ante la injusticia

La lucha libre vivió este domingo un momento surrealista. En el combate por el bronce en la categoría de 65 kg, el mongol Ganzorig Mandakhnaran cree tener la pelea ganada ante el uzbeko Ikhtiyor Navruzov y cuando quedan seis segundos para el final comienza a festejarlo, rehuyendo el cuerpo a cuerpo con el rival. Después de cumplirse el tiempo y cuando el mongol celebra ya el triunfo con sus dos entrenadores, los jueces deciden penalizarle con puntos y dan el triunfo a su adversario, que también lo celebra. Tras varios minutos de protestas infructuosas, los dos preparadores mongoles deciden quitarse la ropa y entregársla a los árbitros para denunciar lo que consideran una decisión injusta. Finalmente son los servicios de seguridad los que tienen que sacar de la pista a los dos técnicos, en calzoncillos, y la medalla cuelga del cuello del uzbeko.

Guerra de banderas

Las polémicas territoriales españolas viajaron hasta los Juegos Olímpicos de Rio-2016 acompañando a la selección española de baloncesto que este domingo se colgó el bronce al ganar a Australia en el partido por el tercer puesto. Antes de comenzar el partido, mientras en las gradas empezaban a aflorar las banderas españolas rojas y amarillas en medio ellas apareció una, también con el rojo y el amarillo, pero acompañados de un triángulo azul con una estrella en su interior: era la "estelada", la bandera independentista de la región de Cataluña. El portador de la solitaria enseña fue inmediatamente recriminado por otro de los espectadores que, rodeado de estandartes españoles, estaba allí viendo como calentaban los Gasol y compañía.

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