•  |
  •  |
  • END

El actual conflicto diplomático entre Colombia y Ecuador tiene distintos y complejos aspectos de los cuales muchos actores con fuerte presencia en la región latinoamericana están intentando obtener el máximo provecho.

A lo largo de los últimos años América Latina ha vivido un proceso de transformación política con fuerte presencia de los movimientos y fuerzas de izquierda; lo que ha provocado una cierta polarización entre países afines políticamente con los Estados Unidos y países críticos de la superpotencia mundial. La ofensiva militar colombiana en territorio ecuatoriano es un capítulo más, y el más funesto, de la escalada de violencia política entre Bogotá y el eje continental que gira en torno a Caracas.

Desde cualquier ángulo que se considere, la agresión militar colombiana no tiene justificación alguna, y mucho menos la ya tan gastada excusa del combate al terrorismo, bajo la cual se ha invadido países, impuesto gobiernos en distintas partes del planeta y ahora se pretende desestabilizar a la región en virtud de intereses geopolíticos demasiado mezquinos.

Muchos actores ganan en este conflicto, y también pierde la inmensa mayoría de la población de los países involucrados, las economías nacionales y la región latinoamericana en su totalidad, porque una vez más se convierte en escenario de disputas geopolíticas alentadas por los Estados Unidos en su confrontación con Venezuela. El conflicto le cae como anillo al dedo a la Casa Blanca, que ha constatado que su política, o la ausencia de ésta hacia Latinoamérica ha propiciado las condiciones para el retorno exitoso de la izquierda en la región. Para Washington es, como siempre lo ha sido, un asunto de intereses económicos, ya que Chávez se ha convertido en un verdadero problema y un catalizador de un eje adverso a las prácticas de manoseo político descarado que por décadas han practicado en nuestros países.

No hay que ir demasiado lejos en el análisis para deducir que detrás de la acción militar colombiana está la CIA y que el presidente Uribe es tan sólo una pieza de un complejo ajedrez geopolítico regional. El presidente Uribe también saca su provecho político porque de esta manera tiende una cortina de humo sobre el lamentable fracaso del Plan Colombia y sobre las críticas que lo señalan a él de sabotear el intercambio humanitario. Adicionalmente allana el camino para que en medio de la crisis la Casa Blanca presione al congreso norteamericano para aprobar el TLC con Colombia.

El presidente Chávez tampoco podía faltar al baile ya que es uno de los principales objetivos del ataque colombiano que busca encajonarlo en la ignominiosa categoría de presidentes vinculados con el terrorismo. Chávez sale a hacer suyo el conflicto porque también éste le dará un respiro político a nivel interno desviando la atención de los graves problemas económicos que enfrenta actualmente Venezuela, como son el desabastecimiento de alimentos y la elevada tasa de inflación que tiene en la actualidad. Sin embargo, Chávez está intentando una jugada peligrosa porque en el trasfondo del conflicto se viene anunciando una serie de señalamientos muy delicados sobre sus supuestos nexos y financiamiento a las FARC, que ahora le cuelgan una etiqueta de terroristas cuando desde hace más de cuatro décadas han existido sin que eso haya nunca preocupado a Washington.

Chávez debe tener cuidado de no convertirse en blanco de la lucha global contra el terrorismo que lleva a cabo la Casa Blanca, misma que la precandidata demócrata Hillary Clinton ha criticado afirmando que es una diplomacia de vaqueros. No por el hecho de que esté o no vinculado a las FARC, sino porque Venezuela tiene mucho petróleo.

Daniel Ortega también trata de alcanzar su parte aprovechando la oportunidad que le brinda la relevancia de este conflicto para atacar a Colombia a propósito del diferendo fronterizo que se ventila en la Haya entre los dos países. También trata de congraciarse con la línea dura de la izquierda chavista llegando incluso al servilismo con el hecho de romper relaciones diplomáticas con Colombia, algo que nadie le había pedido, al amparo de argumentos peregrinos.

Como vemos hay mucho en juego en este conflicto. La mano poderosa de Washington está presente de principio a fin. Lo que queda esperar es que la OEA trate de evitar en lo posible la confrontación armada y el derramamiento de sangre con fines políticos otra vez en la región. La OEA debe condenar el ultraje a la soberanía territorial del Ecuador. Debe haber una resolución de condena firme y tajante. Cualquier otra resolución ambigua lo que hará será echarle más leña al fuego ya que son muchos los intereses detrás de este conflicto.


*Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus