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En estos momentos el estado mayor del Ejército de Colombia se encuentra en un verdadero éxtasis. Los representantes de los diferentes cuerpos armados que participaron en la mencionada operación, se felicitan mutuamente y brindan con Chantré. Dentro de poco el excelentísimo presidente de Colombia, el Señor Álvaro Uribe Vélez, les hará entrega de reconocimientos y medallas.

Más de 3000 militares, apoyados por aviones, helicópteros y la tecnología más sofisticada de rastreo electrónico satelital que posee el ejército colombiano participaron en una acción militar en territorio ecuatoriano, para aniquilar dos escuadras de guerrilleros, entre ellos Luis Edgar Devia Silva, alias “Raúl Reyes” --miembro del secretariado de las FARC-- y la figura más destacada en las negociaciones político- diplomáticas que impulsan las FARC y Guillermo Enrique Torres, alias “Julián Conrado”, considerado uno de los ideólogos de este movimiento guerrillero. Ninguno de estos dos dirigentes guerrilleros pertenecían al núcleo de los estrategas militares, sino que pertenecían al núcleo político-militar que apoyaba una solución negociada al conflicto colombiano. “Raúl Reyes” era el portavoz y negociador internacional de esta organización guerrillera. Es público que en 1998 se reunió con representantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos, en ese mismo año sostuvo un encuentro con el Premio Nobel de la Paz, actual presidente de Costa Rica, Oscar Arias. Fue hasta el día de su muerte el interlocutor con el gobierno francés, reconocido públicamente por el ministro de exteriores de Francia Bernard Kouchner. Entre otros gobiernos europeos, mantenía contactos activos con Suiza. Conocía personalmente al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y al de Nicaragua, Daniel Ortega. Esto no es un secreto, es de conocimiento público, de conocimiento internacional, no es un delito. Si se quiere contribuir a solucionar un conflicto de cualquier naturaleza, sólo se puede lograr incidiendo en las partes involucradas. Eso es lógica elemental. Ahora el gobierno colombiano quiere presentar estos contactos como ilegales, perversos y criminales, para ganar terreno político y seguir justificando su concepción guerrerista.

Esta acción militar, exagerada y violatoria del derecho internacional, tiene un mensaje bien claro: “No estamos interesados en una solución pacífica”. Porque si analizamos bien esto, un triunfo militar no se obtuvo. Sin embargo, se viola el espacio aéreo y terrestre de un país vecino, y, lo que es peor, se le bombardea y lo que es aún más grave, se comete una masacre en dicho territorio, al mejor estilo de las fuerzas paramilitares colombianas. Y para redondear el asunto mencionado, el presidente de Colombia le miente abierta y descaradamente al presidente del Ecuador al decirle que se trataba de una “persecución en caliente”. Cuando desde hacía semanas se estaba fraguando dicho ataque, desde hacía semanas el ejército colombiano sabía que iban a violar el territorio ecuatoriano. Ahora no es la primera vez que tropas colombianas y los paramilitares ingresan en territorio del Ecuador, lo han hecho también en Panamá y lo han hecho e intentado varias veces en Venezuela. El problema radica en la forma, la magnitud, la mentira y el cinismo expuesto por las autoridades colombianas y el hecho de que ahora Ecuador es gobernada por un gobierno digno. Si esto se permite hoy, mañana va a ser peor. Por esas razones el planteamiento del gobierno del Ecuador es consecuente y se basa en tres puntos: a) Suscribir un acuerdo de inviolabilidad de la soberanía de terceros países, b) Investigación in situ de los hechos por una Comisión de Verificación de la OEA,
c) Condenar la violación a la soberanía ecuatoriana. El gobierno del Ecuador al plantear el punto número dos abre sus cartas y se dispone a la vez a ser investigada. ¿Por qué el gobierno de Colombia rechaza estos dos últimos puntos? Porque no les conviene que se investigue a fondo.

Las FARC no tiene sus Frentes en territorio ecuatoriano o venezolano o panameño, los tiene bien puestos en territorio colombiano. El 35% del territorio de ese inmenso país está en manos de la guerrilla. Que la guerrilla incursiona a los países vecinos esporádicamente, es bien sabido, que los paramilitares también incursionan, también es sabido, ya sea para perseguir a la guerrilla o para realizar sus negocios de narcotráfico. Lo hicieron durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, durante el gobierno del Dr. Jaime Lusinchi, -que dicho sea de paso-, durante este gobierno también hubo movilización de tropas y de la fuerza aérea venezolana en 1987, después que una corbeta colombiana “Caldas” violara aguas territoriales de Venezuela. Esto no es nuevo. Que Colombia no tenga capacidad y voluntad para resolver su crisis interna, que dura más de medio siglo, no es culpa ni de Ecuador, ni de Venezuela. Estos dos últimos países más bien son afectados y víctimas de esa crisis. Ecuador tiene que cuidar casi 600 kilómetros de frontera común con Colombia, lo que implica movilizar casi 10 mil soldados e invertir casi 100 millones de dólares anuales para cuidar esa frontera. Venezuela tiene que proteger 2216 kilómetros de frontera común. Es decir, casi 24 veces la distancia entre León y Managua. Cuántos soldados y dinero se necesitan para resguardar una frontera tan inestable.

Ya para ir atando cabos. 1) “Raúl Reyes” fue sustituido por uno de los más destacados estrategas militares del Bloque Sur, Milton de Jesús Toncel, alias “Joaquín Gómez”, uno de los bloques más activos de esta organización guerrillera, sobre todo por razones históricas, ya que el Bloque Sur dio nacimiento a las FARC.

2) La voluntad política del gobierno colombiano de buscar una solución a la liberación de los rehenes de uno y otro lado, quedó fuertemente desacreditada. 3) La violación flagrante a la soberanía territorial del Ecuador tiene al gobierno colombiano en una situación penosa y de insolación diplomática. Ecuador hasta el momento había mantenido una posición neutral en este conflicto, tratando de entender a las dos partes. 4) Queda al descubierto que la asesoría militar y de inteligencia por parte de Israel y de los Estados Unidos, apuesta a una solución militar a cualquier costo. 5) Como consecuencia inmediata, las FARC endurecerán sus posiciones tácticas y estratégicas. De modo que el costo humano, político y económico de la conflictividad colombiana es inmenso. Colombia es un tema para la reflexión, la meditación y el pensamiento.

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