27 de julio de 2011 | 00:00:00

Las ideas educativas de Bolívar

Carlos Tünnermann Bernheim | Opinión



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El Libertador Simón Bolívar, de quien celebramos un aniversario más de su natalicio el 24 de julio recién pasado, tuvo ideas muy claras sobre la educación, a la que atribuía una enorme importancia, al extremo de afirmar:  “Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso en que camina la educación”.

A través de sus discursos, cartas, proclamas, leyes y escritos varios, expuso sus ideas acerca de la educación que debía darse a las nuevas repúblicas.  En muchos de sus escritos hay párrafos, frases y hasta páginas enteras sobre educación, tanto en su aspecto doctrinario o teórico, como en los aspectos prácticos. Al respecto habría que recordar sus decretos sobre el sistema educativo de la Nueva Nación Boliviana pero, más que todo, recordar su proyecto: El Poder Moral (Angostura, 1819), para percatarnos de sus acertadas ideas pedagógicas. Porque es ahí, en su célebre discurso ante el Congreso de Angostura y en el anexo a la Constitución, presentada a ese mismo Congreso, en la Constitución de Bolivia y en el pliego de recomendaciones para la educación de su sobrino Fernando, donde se condensan -más claramente- las ideas pedagógicas del Libertador.  Además, cabe mencionar el interés que puso en el establecimiento de las “escuelas lancasterianas” así como en las distinciones que dispensó a José Lancaster, cuando éste llegó a Colombia, en busca de un ambiente propicio para su método.

Aceptaba Bolívar la necesidad de educar al hombre en la sociedad y para la sociedad, puesto que dice: “Bueno es que el ciudadano sea un literato, un sabio, pero antes de eso debe ser un ciudadano.  Saber sus obligaciones sociales es el primer deber de un republicano, la primera de sus obligaciones es vivir de una industria que no le perjudique a otro, directa ni indirectamente”. Con esto Bolívar se adelanta, con gran visión, al objetivo que hoy día se asigna a la educación contemporánea:  la transmisión de los códigos de la moderna ciudadanía y la formación de ciudadanos capaces de actuar como miembros activos de una democracia participativa.

Bolívar consideraba la educación como una función y responsabilidad del Estado, “El Gobierno debe ser maestro”, afirma en uno de sus escritos, y en otro párrafo reafirma: “La educación literaria y civil de la juventud es uno de los primeros y más paternales cuidados del Gobierno.  Queda así establecido, para las nuevas repúblicas, el principio democrático de la educación como un derecho de todos los ciudadanos”.

Es notorio el interés de Bolívar por la educación de la mujer.  A este respecto, son muy significativas las siguientes disposiciones:  “Que entre tanto y sin pérdida de tiempo se proceda a establecer en cada ciudad capital de Departamento una escuela primaria con las divisiones correspondientes para recibir a todos los niños de ambos sexos que estén en estado de instruirse”.

En la ciudad de Cuzco (Perú) fundó un colegio para niñas, cuya creación y reglamentación fueron establecidas por decreto firmado por el propio Libertador.  En uno de los “considerando” de ese decreto dice: “La educación de las niñas es la base de la educación de las familias”, con lo cual Bolívar se adelantó a la propia UNESCO, que hoy prioriza la educación de las mujeres, principalmente de las campesinas.

Se puede afirmar que Bolívar se preocupó por todos los aspectos de la enseñanza, desde las matemáticas, hasta el lenguaje, sin olvidar la estadística, la educación física, la disciplina, la recreación, las condiciones físicas de los locales, los premios y castigos a los educandos, la formación de los educadores, a los que llamó “directores”, como una manifestación del aprecio que dispensaba a quienes se dedican a la labor docente.

El sueño de Bolívar de dar a los pueblos una completa libertad de expresar su pensamiento, de ejercer el derecho a la educación y la cultura, de escoger libremente a sus gobernantes y de disponer de las riquezas del suelo que les es propio, sigue siendo una aspiración por la cual aún luchan los pueblos de América.  Porque, como escribió José Martí, Bolívar está “en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado en la roca de crear”...   “Lo que no dejó hecho, sin hacer está todavía”.


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