7 de septiembre de 2011 | 00:00:00

Las ventajas de la democracia

Carlos Castro Jo* | Opinión



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Haciendo la salvedad de que la democracia no nace solo de la voluntad de los individuos, y dado que algunos líderes políticos no están convencidos de su importancia, vale la pena preguntarse si la democracia es mejor que la dictadura. La pregunta es importante, además, si se asume que los seres humanos tienen necesidades que satisfacer y la democracia, en lo abstracto, no es una de ellas.  Asumiendo todo eso, ¿cuáles son las ventajas que tiene la democracia sobre la dictadura?

Éstas son algunas de ellas:
El debate que ocurre en una democracia tiene una serie de beneficios: la autocorrección del sistema, la legitimización del gobierno y la oportunidad de los débiles de defenderse de las arbitrariedades de los poderosos.

En el debate en una democracia todos pueden dar su opinión.  Si hay elecciones limpias, libertad de prensa, derecho de asociación, independencia de poderes y respeto a la ley, el sistema tiene oportunidades de autocorregirse. Estas instituciones, que en su conjunto constituyen lo que generalmente se llama democracia, dan la oportunidad a los más capaces de emitir su opinión y de luchar por sus ideas.

En los regímenes dictatoriales solo los servidores del régimen opinan, siempre para alabar al dictador.  A cambio, el dictador los emplea y los promueve a cargos importantes.  Como los serviles generalmente son los menos capaces, las dictaduras tienden a ser ineficaces e ineficientes.  Los dictadores, porque están rodeados de un coro de aduladores y pusilánimes, que no pueden disentir porque pueden perder sus puestos, ni cuenta se dan cuando han perdido contacto con la realidad.

Eso hace que sus leyes y programas no tomen en cuenta al pueblo, ya que no dependen de su opinión, lo que conduce a la pérdida de legitimidad.  La democracia, por otro lado, dependen de la opinión pública. Un gobierno elegido democráticamente cuenta con la aprobación de la mayoría de la población y ésta está dispuesta a apoyarlo y a obedecerle, no a insurreccionarse.

La democracia también le sirve al pueblo para defenderse de la arbitrariedad de los poderosos.  Los partidos políticos que no tienen democracia interna tienden a promover jefes políticos que “cepillan” a los dirigentes o son leales a los dirigentes (ser leal a una persona no es lo mismo que ser leal a unos principios) y, a veces, esos dirigentes y jefes políticos son prepotentes y arbitrarios. Si no hay democracia, las bases no tienen forma de deshacerse de esos sujetos.

Lo mismo pasa a nivel de la nación.  Un dictador puede ser benevolente o tiránico, pero si es tiránico, el pueblo no tiene mecanismos para deshacerse de él fácilmente.  En países capitalistas democráticos como Canadá o Suecia, los trabajadores tenían más derechos que en la URSS donde supuestamente estaban en el poder.

Otra ventaja de la democracia es que en ésta el conocimiento y la experiencia no residen en una sola persona.  Eso trae otro beneficio: la existencia de cuadros con conocimiento y experiencia.  Los ejemplos de Cuba y Costa Rica valen para demostrar este punto.

Cuba ha tenido logros extraordinarios.  Cuba es el número 51 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.  Por supuesto que Cuba no es el único país latinoamericano con ese nivel: Chile y Uruguay están por encima, en el número 44 y 50, respectivamente.

Pero Cuba tiene una posición respetable y uno no puede llamarse de izquierda si no ve con preocupación que, con un cambio de sistema, el pueblo cubano puede perder esos logros.

Ahora, ¿hubiera Cuba logrado lo mismo siguiendo otra vía, con más libertad, menos prisioneros y con instituciones fuertes? Probablemente sí.

Costa Rica era más pobre que Cuba en 1950 y ahora está prácticamente al mismo nivel. De acuerdo con la “Historia económica de América Latina” de Víctor Bulmer-Thomas, en 1950 el Producto Interno Bruto de Cuba era de 450 dólares, el de Costa Rica de 318.  Ahora Costa Rica es el número 54 en el Índice de Desarrollo Humano.  Su nivel de alfabetización es de 95.0% y la expectativa de vida al nacer de 78.7 años.  Los de Cuba son 99.8% y 78.5 años, respectivamente.

Pero el sistema de Costa Rica no depende de una persona. Ésta ha desarrollado tal nivel de institucionalidad que los cambios de gobierno no ponen en peligro esos logros. Uno no puede decir lo mismo de Cuba.

Otra ventaja de la democracia es que es un mecanismo que resuelve pacíficamente los conflictos que existen en una sociedad.  Ningún grupo social -sea éste una familia, un partido, una nación, o una clase social- es homogéneo.  Siempre hay intereses diversos y algunos en contradicción con otros.  En vez de resolverlos por la fuerza, con su saldo de destrucción material y de vidas humanas, es más beneficioso resolverlos pacíficamente.

Por eso, a largo plazo los países democráticos pueden mantener un crecimiento económico sostenible y pueden, si el pueblo logra hegemonía, mejorar el nivel de la mayoría. Las dictaduras también pueden crecer rápidamente pero, si son derribadas por la fuerza, como en el caso de Somoza, la destrucción que dejan, más la falta de preparación de los que las reemplazan, terminan produciendo un retroceso económico.

Este tipo de democracia, por supuesto, no es perfecto.  Como cualquier otro sistema, puede ser manipulado por los poderosos para no expresar los intereses del pueblo. Pero no por eso hay que descartarlo, eso sería como botar al niño con el agua sucia de la bañera.

En las democracias existen suficientes mecanismos para que la voluntad popular se imponga.

Lo que hay que hacer es mejorarlas.  Los demócratas deberían trabajar para lograr que sean más eficientes y para que tengan la capacidad de mejorar el nivel de vida del pueblo.

La izquierda debería luchar por educar al pueblo y por crear leyes e instituciones justas.

Marx creía que era posible construir el socialismo por la vía pacífica en los países democráticos. Por lo menos, el pueblo, bien informado y educado, es capaz de tomar decisiones correctas.

*El autor es poeta y sociólogo.


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