22 de abril de 2008 | 19:15:00
| END Deconstruyendo San Antonio
Noel Sampson Ortega* | Opinión
En los últimos días, lamentablemente debo decir semanas, he despertado con una conducta apacible pero indignado con una imagen que fuera de las cosas cotidianas de las mañanas: el Sandino en la loma, los multifamiliares de cuatro pisos, la señora de las verduras en la esquina, el viento de la zona baja de la ciudad, personas hurgando la basura, gente corriendo por ejercicio, distrae mi atención un paisaje repentino impulsado por una prisa sospechosa. Un puño de obreros midiendo, colocando estacas, excavando en la tierra, descargando material, podríamos decir construyendo.
El contratista del proyecto no es fácilmente reconocible, pero su identificación no es substancial. Así transcurren los días, un proyecto del Gobierno, decían unos, de los CPC, murmuran otros, en fin, la procedencia tampoco es muy importante en el presente planteamiento.
El Reparto San Antonio es uno de los barrios más antiguos de la capital, es para todos los managuas y para los que estamos de paso un punto importante en la iconografía de la Managua clásica, pero dejemos lo clásico para los que recuerdan y añoran y concentrémonos en lo que vivimos y sentimos, refirámonos a la cultura urbana del barrio.
San Antonio, más que un barrio, es un pequeño pueblo dentro de una ciudad, el barrio se aglomera en torno a un centro más virtual que físico, donde está la cancha deportiva, un predio baldío y soleado, y la idea de un parque que no existe, ya que el Parque San Antonio está fuera de este núcleo por estar confinado bajo cercas y alambres en los terrenos de las ferias de Microfer.
El centro del barrio se convierte en el corazón de la comunidad, una cancha que amanece y anochece jugando, conversaciones en las bancas, fútbol en las tardes, béisbol los sábados, kermés los domingos, y en la meca de los barrios sandinistas vigilia y conciertos los dieciocho de julio, el barrio vive en un universo compacto pero sensible a todo lo que sucede en el resto de la ciudad, el barrio siempre es el mismo, tratando de resistirse al tiempo o tal vez obligándose a asimilar la situación del país.
Ahora el reparto está siendo rodeado y atrapado por un proyecto de viviendas extremadamente mínimas en espacio, confort y seguridad estructural. Estas viviendas rompen el esquema y llaman totalmente la atención por estar en un sector donde las casas están hechas de hormigón armado para resistir eventos sísmicos.
Estas nuevas viviendas se construyen a partir de poco más de treinta centímetros bajo la superficie de la tierra, sin vigas ni zapatas diseñadas, columnas prefabricas compuestas de una sola varilla de un cuarto de pulgada, losetas prefabricadas, bloques colgando en ventanas con dinteles invisibles, en resumen, la degeneración total de lo que debería ser la vivienda social.
Consideremos ligeramente su ubicación y reglamentación, las viviendas están siendo construidas sobre áreas verdes de la Zona Central de Managua, en el bulevar de la dupla sur, en los terrenos aledaños al reparto y en el costado sur del barrio San Sebastián. Estas construcciones violentan totalmente los requisitos constructivos mínimos para esta zona, el uso de suelo y tiran a la basura los planes de desarrollo urbano de la capital, y en especial el Plan Maestro del Área Central.
Conciente de la necesidad de la gente, y de lo que se sufre por no tener una vivienda propia, no estoy en desacuerdo con la construcción de viviendas para la gente, siempre y cuando éstas sean estudiadas y ubicadas en los lugares más adecuados y con la calidad suficiente para soportar las afectaciones del entorno.
Una vivienda de mala calidad en un hábitat violentado y bajo condiciones de necesidad con orientaciones populistas no vienen a solucionar ningún problema, por el contrario, la inclusión de más sujetos y variables que considerar aporta más complicaciones a la cuestión urbana de la capital.
Ahora, lo triste es que ya no queda poco más que resignarnos al nuevo paisaje impuesto, y a hacer el esfuerzo de no dormir más ante el sonar de los martillos en una Managua subvalorada en los tiempos en que las decisiones verticales desarticulan cualquier sentido de lógica para las personas que viven en los barrios eternos.
*Arquitecto de la Comunidad