18 de julio de 2008 | 20:35:00

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La Revolución Sandinista: revolución ganada y continuada

Fredy Franco* | Opinión



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La Revolución Popular Sandinista marca una impronta en la historia nacional y latinoamericana, por la consecuencia y profundidad de los cambios, por simbolizar la lucha de liberación nacional y social en dicho momento histórico y por el heroísmo, la originalidad y creatividad con que fue defendida, construida y conducida.

Como todo proceso socio-político --y más si se trata de una verdadera revolución que afecta intereses y visiones del mundo-- se ha discutido, reflexionado y escrito bastante sobre la revolución sandinista, y así como tiene sus consecuentes defensores tiene sus acérrimos detractores. Así como se ha escrito la “Revolución de la esperanza”, “La Revolución del Pueblo”, también se ha escrito “La Revolución Perdida” o la “Revolución enredada”. Sin embargo, pese al ataque mucha veces infundado, la hipercrítica, la oposición a ultranza, muchos de esos mismos acérrimos detractores han reconocido algo de esa revolución o por lo menos no pueden negar la realidad y la incidencia transformadora que desempeñó en su
momento histórico y sus efectos históricos en Nicaragua y en la región.

Si provocó reales cambios sociales que posibilitó conquistar derechos para el pueblo, abrir espacios de participación e incidencia del pueblo en el poder y en la cosa pública, si abrió y dio nuevos impulsos a la democracia en sus dimensiones representativas y participativas, si provocó reales cambios institucionales y un ordenamiento jurídico progresista, si se hizo efectiva la dignidad, independencia y soberanía nacional perdida desde que nacimos como nación en el siglo XIX, ¿a dónde está lo de “revolución perdida”? Más bien deberíamos hablar de una revolución ganada, porque por primera vez se comenzó a construir y defender la nación nicaragüense con una visión integral y el pueblo comenzó a ser “dueño de su historia, arquitecto de su liberación”, como dice el himno sandinista.

Y la pérdida de las elecciones en febrero de 1990 no fue la derrota de la revolución, fue un revés político-electoral. La revolución --como toda revolución verdadera-- había echado raíces en el pueblo en conciencia, en organización y en movilización; el FSLN --como partido de la revolución-- mantuvo un importante apoyo electoral (arriba del 40% de los electores) y espacios significativos de poder y participación en el Parlamento, en los gobiernos locales y en las instituciones del Estado; se preservaron las bases jurídicas de la revolución expresada en la Constitución de 1987, las transformaciones sociales de la propiedad urbana y rural y unas fuerzas armadas (Ejército y Policía) patrióticas y humanistas.

Y aunque las políticas neoliberales de 1990 a 2006 hicieron retroceder al país en todos los órdenes y lograron afectar logros revolucionarios, no pudieron revertirlos todos, todavía están presentes muchas transformaciones originadas por la revolución. Pero la revolución sigue vigente no sólo por lo que se preserva sino precisamente por lo revertido que hay que recuperar, y porque en pocas palabras: el retroceso social provocado (80% de pobreza, 60% de desempleo, etc.), el cascaron nacional existente (Nicaragua se hizo más dependiente y fue vaciada en sus cimientos jurídicos y económicos) y el debilitamiento profundo del papel del Estado en el desarrollo económico-social, hacen más necesaria y vigente la revolución, que debe expresarse en un cambio del Modelo o del Sistema neoliberal.

Por eso la llegada al gobierno nacional del FSLN y sus aliados abre una nueva etapa para el impulso --en nuevas condiciones históricas-- de la revolución, que demanda --como en la primera etapa-- mucha consecuencia, originalidad y creatividad, considerando prioritariamente las transformaciones en el marco de las necesidades sociales y nacionales de Nicaragua, los obstáculos y carencias heredadas y presentes a los que se enfrenta, y también las correlaciones políticas de Nicaragua y de la región.

El FSLN es el partido mayoritario de Nicaragua, pero no tiene la mayoría política suficiente para avanzar con más celeridad en los cambios que se requieren, debe --por tanto-- construir una mayoría política que le permita hacer cambios jurídicos e institucionales que hagan posible los avances sociales, económicos y políticos necesarios en esta etapa histórica.

Las transformaciones sociales para erradicar la pobreza y superar las grandes desigualdades existentes requieren avances económicos y una mejor o justa distribución de la riqueza en el país. Pero el país ha sido vaciado económicamente, el Estado perdió más de 500 empresas (principalmente por el saqueo y robo de los tres gobiernos neoliberales anteriores), los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad han sido estrangulados por las políticas neoliberales y en cambio se ha heredado una situación de grandes privilegios para las empresas del gran capital nacional y transnacional; revertir esta situación excluyente y de privilegios demanda voluntades y acciones aceleradas y sostenidas para empoderar económicamente a los sectores excluidos y crear una base económica progresista con el concurso de todos los actores económicos, priorizando el sector estatal, cooperativo, autogestionario, de pequeños y medianos productores del campo y la ciudad.

Igualmente dichos cambios requieren una profundización democrática en lo económico-social y también en lo político, trascendiendo la democracia representativa, desarrollando la democracia participativa y avanzando hacia una democracia directa en que el poder del ciudadano con su incidencia real y efectiva en los asuntos públicos permita orientar el desarrollo hacia los intereses mayoritarios del pueblo.

También se debe lograr de manera fundamental y efectiva la soberanía e independencia nacional. Sobre esto se han dado pasos claros con la amplia y diversa, pero de principios, relaciones internacionales de Nicaragua, tanto con las naciones como con los organismos internacionales, en la que se negocia desde posiciones nacionales dignas. En dichas relaciones se privilegian las relaciones sur-sur y el revolucionario proyecto de integración y cooperación conocido como el ALBA.

Ésa es parte de la agenda revolucionaria de este momento histórico. El FSLN sigue siendo el partido de la revolución y su rol sigue vigente por su consecuencia con los principios y objetivos estratégicos, por la solidez, creatividad y versatilidad para resistir y avanzar en medio de las peores condiciones y mantener en alto la bandera del antiimperialismo, la lucha social, la justicia y solidaridad, a las que renunciaron algunos provenientes del sandinismo en este trayecto histórico y que hoy le hacen el coro, el juego o son parte de la estrategia desestabilizadora de la derecha contra el gobierno sandinista.

No es fácil hacer avanzar rápidamente los cambios que espera el pueblo en las condiciones que recibió el país el FSLN y los complejos problemas de la economía internacional, a la que se une una estrategia de confrontación y desestabilización de los sectores derechistas del país, que pretenden hacer ingobernable el país y afectar sustancialmente la gestión del FSLN, más en este año de elecciones municipales. Pese a lo anterior, en los primeros 18 de gestión del gobierno sandinista hay avances innegables en todos los órdenes, que se profundizaran poco a poco con la participación del pueblo junto a una continuada gestión gubernamental efectiva, con sentido nacional y con rostro humano.

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