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El Mula Nasrudín llevó al mercado una vaca para venderla y conseguir dinero para la  dote de su hija Leila, que ya iba algo retrasada a sus cuarenta años. Pasó gran parte de la  mañana y el Mula seguía esperando sin conseguir venderla.

Llegó uno de sus compinches de juego en la Casa de té y le dijo:
Mula, no sabes vender, déjame hacer a mí. Esto requiere su técnica. El Mula le pasó el  ramal y se dijo para sí “Siempre es bueno aprender artes nuevas”.

-¡Vaca joven preñada de cuatro meses! Y la vendió en un momento para irse a la  partida de cartas con el Mula.
-¡Este sí que es bueno, Maestro! -comentó alborozado Sergei-. ¡Qué burro!
-Sí, en Occidente tienen personajes con salidas parecidas. Bertoldo en Italia, Abundio en España y hasta Sancho Panza.
-¿Quién era Abundio?
-Aquél que vendió los zapatos para comprar betún –respondió el Maestro riéndose–. Y  la moto para comprar gasolina. Algún día, dice el Maestro sufí Idries Shah, alguien  levantará una estatua sobre la tumba de nuestro propio asno para que podamos proseguir  más libres nuestro camino.

fajardoccs@solidarios.org.es

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