Ha caído en mis manos un breve escrito de Chapman Cohen (1868-1954), quien fue el tercer presidente de la Sociedad Secular Nacional de Gran Bretaña. Esta organización fue fundada a raíz de que a Charles Bradlaugh se le negara su escaño en el Parlamento por no prestarse al juramento religioso. El fragmento de Chapman que resumiré a continuación procede de su obra “Essays In Freethinking” (Ensayos sobre el Librepensamiento).
La humanidad ha creído en dioses y personajes heroicos sobrehumanos desde sus albores. Por lo general, estos héroes y divinidades son generados de maneras fantásticas. Sobran los ejemplos, pero me limitaré a exponer algunos de ellos.
María estaba desposada con José y antes de tener ningún contacto carnal con él, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo; así fue generado Jesucristo. Cuando Acrisio, rey de Argos, recibió la advertencia de que le mataría el hijo de su hija Dánae, edificó una torre de bronce donde ésta fue hecha prisionera. Pero el dios Júpiter visitó a la doncella en forma de nube de oro, y así nació el semidiós Perseo.
Cuando Coatlicue andaba por el campo, bajó del cielo una bolita de plumas que ella cogió y guardó en su pecho, generando al dios Hutzilopochtli. De la sangre de Agdestris, que había sido asesinado, brotó un granado. La virgen Nana cogió algunos de sus frutos y se los puso en el pecho, engendrando al dios Atis.
Krishna nació de la virgen Devaka y Rómulo de la virgen Rea Silva. Un día que se estaba bañando, una doncella celestial descubrió una fruta roja en su falda, la comió y dio a luz al fundador de la dinastía manchú. También Fo Hi nació de una virgen. La hija virgen de un rey de los mongoles se despertó un día envuelta en una luz y engendró a tres varones, uno de ellos Gengis Kan.
Según millones de cristianos, de todas estas historias la única cierta es la primera, porque está en el Nuevo Testamento; todas las demás son falsas.
¿Por qué nacieron así todos estos personajes? Se trata de una vieja historia que se remonta muy lejos en la historia de la condición humana. Muchas cosas que ahora nos resultan evidentes sólo se descubrieron tras el paso de muchas generaciones. A nosotros, por ejemplo, nos parece natural la muerte, pero la humanidad primitiva la veía como el resultado de haber sido embrujado por el enemigo, o agredido por espíritus tribales.
Lo mismo sucede con el nacimiento. Nada es tan claro, diríamos hoy, como que el nacimiento de humanos es fruto de la unión de un hombre y una mujer. Sin embargo, todavía en tiempos recientes existían culturas que ignoraban este hecho.
En el norte de Queensland se creía hace poco que las mujeres recibían los bebés de espíritus de la naturaleza. A orillas del río Proserpine, un ser sobrenatural llamado Kunya introducía el bebé en las mujeres mientras se bañaban. Durante muchísimo tiempo fue usual en todo el mundo la existencia de prácticas mágicas para tener hijos.
El origen de los dioses salvajes figura en multitud de obras, pero pocos hoy en día tienen el valor de señalar que nuestras ideas modernas de dios descienden de aquellas ideas primitivas y claramente erróneas, y que carecen de otros cimientos más sólidos.
La historia cristiana de la concepción virginal, como las otras versiones clásicas de la misma leyenda, constituye una supervivencia de la creencia primitiva de que todo nacimiento era sobrenatural. A medida que avanzó el conocimiento sobre la procreación, la interferencia del mundo espiritual en la cuestión del nacimiento acabó limitada a la aparición de personajes especiales.
Para las personas informadas, ya no se trata de investigar histórica o filosóficamente la veracidad de la religión, sino que lo importante es la psicología de la religión. El análisis pertinente no es el de si está justificado que los humanos crean, sino el de cómo llegaron a creer que eran ciertas esas cosas.
La antropología encierra el secreto de la divinidad. Cuando un misionero se propone convertir a un salvaje, está atacando a un pariente de su religión. El salvaje guarda el secreto de la creencia en el nacimiento sobrenatural de Jesucristo.
* El autor es ingeniero civil y músico.
pedrocuadra56@yahoo.com.mx
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