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Sábado 31 de diciembre-2011- 04.06 PM
Los medios han sostenido durante más de medio siglo que el loterillazo se ejerce preferentemente contra gente humilde. Una apreciación objetable, parcial e inadecuada de una práctica que se ha extendido hacia otros ámbitos y afecta un universo mayor. En estricta semántica son timadores que venden, ofertan, rifan y prometen entregar dinero, carros, camionetas, viajes, empleo, edificaciones, carreteras, becas, escuelas, etc., por apuntarse en una rifa, enviar un mensaje, remitir una módica suma o entregar el voto, si al final no cumplen lo prometido. La rueda de la fortuna, tómbolas, tragamonedas, el toro rabón, elecciones, correos electrónicos, chat y entrega de vigésimos de lotería premiados son tentaciones recurrentes en cuyas redes caen atrapadas centenares de personas de distintos estratos sociales.
Los chocoyitos de la suerte que visitaban las fiestas patronales, adiestrados por sus dueños, caminaban directamente a extraer con sus picos una esquela conteniendo un mensaje cifrado elaborado estrictamente para vos. Jamás se confundían, para que no quedase ninguna duda que ese sobre y no otro era el que te correspondía. Los campesinos iletrados bajados de la montaña y llegados de las llanerías chontaleñas, creían a pie juntillas lo que el dueño de los chocoyitos leía sobre su futuro inmediato. Otros quedaban sin un centavo lanzando las pelotitas de vidrio sobre el embudo del toro rabón, buscando cómo ganar diez, veinte, cincuenta o cien córdobas, convencidos de que esa era su noche de suerte. Los más incautos tiraban sus billetes sobre los premios que obtendrían si la rueda de la fortuna se estacionaba en el número que lo haría feliz.
Los juegos de azar y la prostitución estaban falsamente prohibidos. El jefe militar de la plaza los aprobaba a cambio de dinero. Las putas bajaban de Pueblo Nuevo a pasar examen al Centro de Salud, ubicado en el mero centro de la ciudad. Los más desinhibidos se apostaban en la barbería del Maitro Blanco para verlas desfilar. Las que poco salían para ser examinadas eran las putas bajo el mayorazgo de doña Otilia Ampié, putas finas por las que suspiraban los hombres más bragados. En los corredores de los billares de Tito Madriz y el compadre Casimiro Suárez, estos juegos jamás se detenían, tampoco eran objeto de acechanzas en la Zona Roja. El comandante departamental recibía los lunes la paga por aprobar su existencia. Los sacerdotes condenaban al infierno a quienes aprobaban estas prácticas y a las ovejas descarriadas por visitar estos lugares.
Las experiencias exitosas en otros lugares del país sentaron cabeza en Juigalpa. Un chontaleño astuto como un zorro, cobró fama nacional cuando rifó en Managua su edificio de varios pisos y al final él mismo se lo sacó. Asomaban los síntomas incurables de la corrupción. En algunos círculos locales celebraban con gracia la ocurrencia del chontaleño. Para no quedarse atrás otro chontaleño decidió probar suerte. Mandó a rifar su coche. Vendió todas las acciones y celebró el sorteo el día y hora establecidos. Nadie supo cual fue el acto de prestidigitación que realizó para que el premio cayera en el número que había adquirido su hermana. Para disipar dudas volvió a rifar el coche y tuvo la grandísima suerte que el premio cayera en familia.
La firma Claro ofrece sorteos todos los días. En los casinos igual. Dichosas las personas que han salido premiadas. Si yo fuese el jefe de relaciones públicas, ya hubiese sacado una fotografía mostrando los rostros de los felices ganadores. En diversas ocasiones he sido ganador de diez minutos gratis, para usarlos tengo que enviar un mensaje a un precio ínfimo. Nunca lo he hecho, jamás lo haré y no es que descrea de la suerte.
En cada elección los políticos ofrecen terminar con la pobreza, el desempleo, el hambre, las enfermedades, la falta de viviendas, construir caminos y carreteras. Las elecciones son consideradas por ciertos votantes una especie de lotería a la que se apuntan cada cuatro o cinco años. En cada elección tiran su apuesta sobre la mesa en búsqueda del vellocino de oro. El ciudadano que expresa su insatisfacción por ambos no cuenta, se le ignora. Solo les queda elegir entre A o B. Convencido advierte “quienes se dedican a expandir la libertad y la democracia no ven ninguna ironía en la descripción del proceso que acabo de hacer”. En verdad para el Premio Nobel de Literatura, en las elecciones nada queda al azar. ¡Son un juego cerrado, aunque los políticos las ofertan de manera diferente!
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