En los últimos días, a propósito de los frijoles y productos lácteos, se han manifestado dos contradicciones de las cuales, como país, podemos extraer dos lecciones que ayuden al desarrollo.
En ambos casos se ha planteado la contradicción entre exportar o limitar las exportaciones para asegurar el abastecimiento del mercado interno. De por medio, hay muchísimos ganadores y perdedores, sobre todo teniendo en cuenta que detrás de la producción de frijoles, leche y queso hay centenares de miles de productores y trabajadores que se benefician de la bonanza de los precios de exportación, y se ven perjudicados cuando se limitan las exportaciones; a la vez, se trata de productos de la canasta básica, y su encarecimiento, por la relativa escasez en el mercado interno, afecta negativamente a los consumidores.
La lección que se extrae de esa contradicción es obvia: incrementando la producción se puede servir a “dos señores”, exportar y abastecer apropiadamente el mercado interno.
En mis recorridos por Nicaragua he conocido lo que señalan los estudios: el crecimiento extensivo de la producción agropecuaria, arrasando la frontera agrícola, ha llegado a su límite. A la vez, y con motivo de la reciente presentación de un estudio sobre la tenencia de la tierra, se daban cifras de productividad que revelan que la única frontera que nos queda, enorme por cierto, para incrementar dramáticamente la producción agropecuaria es el incremento de la productividad. Nuestros niveles de productividad agropecuaria siguen estando más cerca de los de hace casi un siglo, que de la productividad media mundial, y ya no digamos la de países desarrollados.
Como señala Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, “el incremento de la productividad de un país es el único camino que conduce a un mayor nivel de vida de la población en el largo plazo”.
Cambios en la productividad no son de corto plazo, aunque algunos resultados se pueden ver de inmediato, y basta recordar el efecto positivo del programa “libra por libra”, esto es el acceso a semilla mejorada. Pero si los mayores y sostenidos cambios en la productividad requieren tiempo, hay que recordar, como bien lo saben los campesinos, que el camino largo hay que empezarlo pronto. Por tanto, más urgente tomar acciones al respecto.
Cambios en la productividad también dependen de múltiples factores: infraestructura, conocimiento de los productores, asistencia técnica, créditos para inversiones, seguridad de los derechos de propiedad, insumos, redes de comercialización, entre otras cosas. Si son muchos factores, por tanto son muchos los actores involucrados: gobierno, bancos, universidades e institutos técnicos, empresas de maquinaria e insumos, y, desde luego, los propios productores.
En resumen, por los plazos, los requerimientos y los actores involucrados, cambios en la productividad requieren políticas y programas persistentes, que van más allá de cualquier gobierno, pero cada gobierno, sin renunciar a su propio sello, tiene la responsabilidad de asegurar que la acción coordinada de actores y factores se mantenga. Si cada gobierno implica un cambio radical en las reglas del juego, o una partidización de políticas, programas e instituciones, como ha sido nuestra historia, no vamos a ninguna parte.
Y es aquí donde aflora la segunda contradicción: mientras en general se impedía la exportación de frijoles, algunos privilegiados con acceso al gobierno continuaron exportando, con el doble beneficio del acceso a la exportación, a buenos precios, y la compra en el mercado interno a precios de “guate mojado”, porque los productores se quedaron sin mercado de exportación, y hasta con dificultades para pagar los créditos adquiridos. Es decir, la “privatización corrupta” de las decisiones gubernamentales se aparece no solamente como un problema ético y político, lo que ya es suficiente, sino también como un problema técnico que limita las posibilidades del crecimiento de la producción.
Las lecciones son para todos: no se puede separar la agenda técnica de la agenda institucional y política. Y si todos, gobierno y ciudadanos, aprendemos esas lecciones, todos ganamos.
* El autor es economista y político
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