6 de febrero de 2012

Las instituciones realmente democráticas favorecen a los pobres

Carlos Castro Jo | Opinión

A principios de enero, el alcalde de León, Manuel Calderón, un militante sandinista de larga trayectoria, fue destituido de su cargo.  Según Calderón, la decisión la tomaron arriba, en el Consejo de Comunicación y Ciudadanía. 

Después de su destitución, su hermana, la poeta Esthela Calderón, habló a los medios de comunicación en contra de la arbitrariedad y la prepotencia con que se hizo la destitución (los medios oficiales no dijeron nada sobre el suceso).  Eso provocó su destitución de los cargos de Coordinadora General del Teatro Municipal José de la Cruz Mena y Coordinadora Técnica del Simposio Internacional Rubén Darío.  El simposio estaba programado para comenzar el 18 de enero y la poeta Calderón ya lo tenía organizado. 

¿Qué nos dicen estos sucesos?  Ellos muestran las debilidades de los sistemas autoritarios  y demuestran por qué es importante tener un sistema de instituciones democráticas. 

Los hermanos Calderón no estuvieron de acuerdo con esas decisiones y a ellos no les queda ningún lugar donde apelar. No hay instituciones partidarias ni estatales donde hacerlo. Si se cometió una injusticia no hay un lugar donde se pueda buscar justicia. Un sistema democrático tendría una serie de instituciones a las que se puede recurrir.

En el caso del alcalde, el pueblo es el único que debería ponerlo y quitarlo. Eso es democrático. Esta iniciativa de quitarlo debió haber sido discutida y aprobada en el municipio donde sucedió.  Si el partido estaba interesado en retener la alcaldía y creía que el alcalde no estaba haciendo un buen trabajo, podría haberlo reforzado.

¿Puede el partido pedirle la renuncia a un alcalde? Claro que sí, pero no debería forzarlo a renunciar. Aunque esta debería ser una decisión de los votantes, si la dirigencia nacional quisiera pedirle la renuncia a un alcalde, por lo menos debería discutir y buscar la  aprobación de la dirigencia y base del partido en la región o municipio donde esto va a suceder.

Otra instancia a la que se puede recurrir en una democracia es a los medios de comunicación. No hay razón por la cual se deba destituir a una persona -la hermana del alcalde en este caso- solo porque acudir a los medios. Los medios de comunicación tienen el deber de vigilar al gobierno para que este cumpla con su función y para que sus funcionarios no abusen del poder. No existe democracia sin medios independientes.

El sistema judicial es otra de las instancias a las que se puede recurrir, pero para lograr justicia se requiere que el Poder Judicial sea independiente del Poder Ejecutivo. Esta es una condición necesaria: el juez o jurado no debe ser juez y parte.

Estas ideas, vale la pena recalcar, no son de derecha. Ciertamente no son leninistas ni maoístas ni castristas, pero eso es porque los líderes de esos procesos fueron hijos de la tradición autoritaria de sus tierras que no pudieron romper con la misma. Otros socialistas, Allende o Lula, provienen de otra tradición, y no son menos de izquierda que los primeros. Esta última tradición cuenta en sus filas con muchas figuras ilustres, entre ellas la del General Sandino.

Los ciudadanos de una democracia no necesariamente están mejor informados que los de un sistema autoritario. Los ciudadanos de una democracia no necesariamente son más virtuosos que los de una dictadura. Pero es más probable que el que tenga la razón gane en un sistema de instituciones;  en un sistema autoritario gana el más fuerte.  

La excusa, por supuesto, es que se hacen estas cosas para beneficiar a los pobres. Pero esta es una falsa dicotomía. No hay ninguna razón por la cual a los pobres no se les pueda ayudar con un sistema de instituciones fuertes en el que se respete la ley.

En realidad es lo que más los ha beneficiado, es lo que los beneficia a largo plazo.  Por ejemplo, el crecimiento de Nicaragua para este año se espera que sea alrededor del 4.0%.  Esto no es suficiente para levantar al país de la pobreza. Actualmente el gobierno no sabe cómo lograr un crecimiento de un 6% o 7% (y no solo por las condiciones de la economía internacional). Según varios análisis económicos, un sistema de instituciones fuertes, donde todos los ciudadanos respeten la ley, le agregaría aproximadamente un 2% al crecimiento actual. La inversión extranjera y parte de la ayuda internacional necesarias solo vendrán cuando se respeten las instituciones y las leyes.

Un gobierno comprometido con el crecimiento económico y con una mejor distribución del ingreso mejoraría mucho el nivel de vida del pueblo. Si es un sistema, y no un proyecto personal, los beneficios serían duraderos.

* El autor es sociólogo

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