8 de febrero de 2012

Ejército de desempleados

Valentín Barahona Mejía | Opinión

Los países que funcionan bajo el régimen de producción capitalista se caracterizan por mantener un ejército de desempleados. La desocupación es un mal que agobia a los trabajadores, lo cual beneficia a la clase capitalista. El fantasma del desempleo genera  una sórdida competencia en la clase obrera; los que tienen empleo se aferran al mismo, mientras que los desocupados forcejean por sustituir a los que tienen trabajo.

El obrero quizá vivió el desempleo, por lo que le aterra volver a esa situación. Bajo esa incertidumbre, el proletario está dispuesto a trabajar por un salario miserable, acepta las reglas del juego, en cuanto a disciplina laboral; llegadas puntuales al trabajo; estar pegado a los instrumentos de producción; rendir con productividad… De faltar a estas normas sin compasión podría ser lanzado al desempleo, siendo repuesto por otro trabajador, el cual solo espera la señal para trabajar, aun con un salario mucho menor.

En tiempos de gran bonanza económica, los países capitalistas desarrollados mantienen una reserva de desempleados, que oscila entre el 5 y 10% de la fuerza laboral nacional. Esa reserva de desocupados permite a los capitalistas negociar en ventaja y pagar salarios bajos, pero a la vez permite expoliar y sacar el jugo máximo a la fuerza laboral en cuanto a productividad y eficiencia.

Cuando el sistema capitalista entra en crisis, el ejército de desempleados aumenta brutalmente. Por ejemplo, en  Estados Unidos, tiene  un desempleo que anda entre 13 y 15 millones de trabajadores.  Ese drama social afecta a 49 millones de estadounidenses que viven en niveles de pobreza. En Europa la situación es crítica. España tiene un desempleo de 22.5 %; en Grecia, Italia, Portugal, la desocupación está golpeando como nunca antes, millones de europeos han perdido los empleos sin que se vea una solución a corto plazo.

El desempleo trae como corolario aumento de la pobreza, aumento de la indigencia; en las ciudades se ven hombres, ancianos y niños pidiendo limosna para poder comer, las mujeres se prostituyen. Familias enteras pierden sus viviendas por no poder pagar las hipotecas.

Centeneras duermen en las calles o bajo los puentes. La ayuda económica que facilita el gobierno o centros humanitarios no son suficientes para paliar la crisis. Aumentan en la sociedad los niveles de criminalidad, en especial delitos patrimoniales, como robo con violencia, lo que al final eleva los índices de homicidios y asesinatos. A ese estado de cosas es a lo que conduce el insensible e inhumano régimen de explotación capitalista. Los países que de verdad luchan contra el flagelo del desempleo son los de corte socialista, como Cuba, China y Vietnam.

En Nicaragua, el desempleo es monstruoso. Desde la década de los años noventa, el ejército de desempleados  ha ido en crecimiento imparable.  

Los pocos empleos que generó el gobierno revolucionarios en los años ochenta fueron abortados con el gobierno neoliberal de los años noventa. En los subsiguientes años, miles y miles de trabajadores fueron lanzados a la desocupación. El sector privado  ante el problema del desempleo ha mostrado una actitud pusilánime, la clase empresarial nunca ha realizado esfuerzos de envergadura para bajar la tasa de desempleo en el país. Desde hace décadas nuestra economía arrastra un desempleo brutal que ningún gobierno ha sido capaz de enfrentar valientemente para resolverlo.

Según las estadísticas, Nicaragua tiene una fuerza laboral de 2.5 millones de trabajadores, de éstos trabajan formalmente 750,000, que equivale a un 30%; el 70%, que es 1.7 millones, se mueven en el sector informal o subempleo, es decir el mayor porcentaje de la fuerza laboral de este país vende agua helada en los mercados, vende café, tienen una pequeña pulpería, un taller de vulcanización, vende lotería, vende comida en los mercados y otro porcentaje por falta de alternativas laborales son lanzados al mundo de la delincuencia para sobrevivir. De este ejército de desempleados se aprovechan los capitalistas para pagar a sus trabajadores salarios de hambre, cada día se enriquecen más y más a costa de la miseria de los trabajadores. Este gobierno ha sido inepto para resolver el problema del desempleo, lo que ha obligado a miles de nicaragüenses a emigrar a otros países en busca de alternativas.

Granada, 25  de enero 2012
* El autor es abogado y notario público.

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