8 de febrero de 2012

La mortalidad de los dioses

Pedro Cuadra Morales | Opinión

La mayoría de los dioses en los que han creído los humanos ya están muertos. Una lista parcial de dichos dioses es la que presento a continuación y que extraje de un texto de Henry Louis Mencken (1880-1956):

Zeus, Huitzilopochtli, Wotan, Texcatlipoca, Quetzaltcóatl, Xiehtecutli, Centeotl, Tlazolteotl, Mixcóatl, Xipe, Dis, Tarvers, Moccos, Epona, Mullo, Damona, Esus, Drunemeton, Silvana, Dervones, Adsalluta, Deva, Beliasma, Uxellimus, Borvo, Grannos, Mogons, Sutekh, Rehep, Baal, Anat, Astarté, Ashtortet, Hadad, Nebo, Dagón, Melek, Yau, Ahija, Amón-Re, Isis, Osiris, Pta, Moloch, Yaveh, Arianrod, Nuada Argetlam, Morrigu, Tagd, Govannon, Goibniu, Gunfled, Odín, Dagda, Ogma, Ogyrvan, Marzin, Dea Dia, Marte, Iuno Lucina, Diana de Éfeso, Saturno, Robigo, Furrina, Plutón, Cronos, Vesta, Engurra, Zer-panitu, Belus, Merodach, Ubilulu, Elum, U-dimmei-an-kia, Marduk, U-sab-sib, Nin, U-Mersi, Perséfone, Tammuz, Ishtar, Venus, Lagas, Beltis, Nirig, Nusku, Nebo, Aa, En-Mersi, Sin, Asur, Apsu, Beltu, Alali, Kuski-banda, Mami, Nin-azu, Zaraqu, Qarradu, Zagaga, Ueras, Thor.

Pido disculpas si en la lista se me ha ido alguno que todavía esté vivo. Lo hago porque en una ocasión vi un video de un conferencista donde éste mencionaba que él había dicho en público en una ocasión que el dios Júpiter estaba muerto y que tal afirmación le había acarreado un número considerable de cartas de protesta de parte de adoradores de ese dios.

Todos estos dioses han sido, en su momento y en su región, dioses de pueblos civilizados; dioses de alto rango en los que creían millones de personas que los veneraban. Todos eran omniscientes, omnipotentes e inmortales.

Para adorar a estos dioses los humanos no escatimaron esfuerzos. Les construyeron innumerables monumentos y sitios de adoración. En su nombre corrieron ríos de sangre animal, y a veces humana, en innumerables sacrificios de expiación. Por defender la fe en ellos, se libraron incontables batallas. Los esfuerzos realizados por sus creyentes para convertir a los infieles, fueron considerables. En las épocas y regiones del mundo en las que predominaba alguno de ellos, quienes no los adoraban eran muchas veces considerados bárbaros e ignorantes.

Todos estos dioses contaron con su casta de sacerdotes especializados en el conocimiento de sus divinas voluntades. Muchos de ellos tuvieron sus textos sagrados y sus rituales. Se les rezó hasta el cansancio, y se les pidió muchas concesiones especiales. En sus historias abundan los milagros, las resurrecciones, los nacimientos de vírgenes, los ascensos al cielo, los iluminados que tuvieron visiones de ellos, etc.

En algunos casos estos dioses contaron con grupos diferentes de creyentes que interpretaban sus divinas voluntades cada uno a su manera, y que con frecuencia se mataban entre sí tratando de imponer sus interpretaciones particulares. Ninguno de estos dioses se presentó nunca personalmente para aclarar las cosas y exponer cuál de los grupos de sus adoradores estaba en lo correcto.

Muchos de estos dioses vivieron durante muchos siglos; sin embargo, todos están muertos.

Hoy en día en el mundo hay muchos dioses que todavía están vivos. Tenemos a Alá, a Jehová, a Jesucristo, a Ganesha, a Krishna, y un largo etcétera. No dudo que los creyentes en estos dioses piensan que sus divinidades vivirán para siempre. Pero yo pienso que no lo harán. No encuentro ninguna diferencia sustancial entre ellos y sus predecesores que ya están muertos. Tampoco veo diferencia de fondo entre las actitudes de los fieles modernos y las de los antiguos; siguen creyendo en milagros y otras ideas fantasiosas, siguen creyendo en la infalibilidad de los textos sagrados, se siguen matando entre sí por ideas religiosas, etc. Una diferencia es el número de creyentes en los dioses que hoy están vivos, pero ésta no es sustancial sino el producto del incremento exponencial de la población mundial; es una diferencia circunstancial.

Es posible que muchos de quienes lean este artículo piensen (o hasta me escriban argumentando) que me equivoco. Pero estoy seguro de que la identidad del dios que dichos lectores señalarán como inmortal y verdadero, dependerá del país en donde este artículo sea publicado (y de la época en que sea leído, si es que su contenido llegara a perdurar). Los atributos que le encaramen a ese dios, dependerán de a cuál de los grupos de adoradores de la deidad en cuestión pertenezcan esos lectores.

* El autor es ingeniero civil y músico.
pedrocuadra56@yahoo.com.mx

imprimir comentar
Compartir:
  • Google Bookmarks
  • Menéame
  • Fresqui
  • Del.icio.us
  • Facebook
  • Twitter
  • MySpace

Otras noticias en Opinión


Lo más popular

Su comentario ha sido recibido. Nuestro personal lo revisara y determinara si es adecuado publicar su contenido.

Kilómetro 4 Carretera Norte. Managua, Nicaragua   web@elnuevodiario.com.ni

Teléfono: (505) 2249-0499 | PBX/Fax: (505) 2249-0700

GüeGüe - Desarrollo y hospedaje web