Hay muchos principios para llegar y mantenerse en el poder, que se practican desde los tiempos de los principados, pero que aún siguen vigentes; sólo necesitamos poner un poco de atención a nuestra realidad para convencernos si tal vigencia es casualidad o es que la historia se repite.
Heredar un Estado es una posibilidad de continuar en el poder, siendo esta una de las vías más fáciles de conservar el mismo, pues basta con que el heredero le dé continuidad a los lineamientos del antecesor para mantener el orden.
Si se llegara a dar el caso de que una nueva fuerza lograra destituirlo, podría recuperarlo con mucha facilidad ante la primera adversidad que enfrentara aquel que lo destituyera.
Cuando surge una nueva fuerza es más difícil mantener el poder, pues el nuevo gobierno debe contar con nuevos elementos en su totalidad para que le sean fieles, en caso contrario enfrentará una gran división, dado que los nuevos súbditos le podrían continuar siendo fieles al antiguo mandatario y otros no estarán contentos si no les compensa, ya sea en la medida esperada o en la que el antiguo lo hacía.
Y es que es una ley natural: causa su propia ruina quien favorece al poder de otro, ya que este poder es defendido por la fuerza y/o por la astucia. Por eso, cuando un gobernante se desarma, abre todas las posibilidades para ser derrocado.
La naturaleza de los pueblos es vulnerable, es fácil convencerlos de algo pero es muy difícil mantenerlos convencidos. Es por eso que cuando se pierde la credibilidad se actúa por la fuerza. Si se es un ciudadano común y se llega al poder con poco esfuerzo, le resultará difícil conservarlo. Este es el caso de aquellos que ocupan el dinero como medio para alcanzarlo.
En cambio, al llegar al poder con el apoyo popular, conservarlo después le será fácil, pues serán muy pocos quienes no quieran obedecer.
Todos estos principios se previeron hace más de 400 años, y hoy parecen ser producto de nuestra misma realidad.
Partamos de la historia más reciente, con el caso de los Somoza, que pretendieron eternizarse en el poder manteniendo siempre a un miembro de la familia. Mientras se mantuvo ese lineamiento se pudieron mantener en el poder.
Los sandinistas, por su parte, pensaron contar con el apoyo popular, y fueron derrotados abrumadoramente, pues se mantenían en el poder por la fuerza de las armas y tan pronto se deshicieron de ellas cayeron
El caso de Arnoldo Alemán, quien emergió con una fuerza nueva y trató de mantener lealtades comprando conciencias. Finalmente facilitó la llegada al poder de su principal adversario y este mismo acabo con él. El ingeniero Enrique Bolaños no pudo gobernar a plenitud por la lealtad de algunos partidarios de su anterior líder.
Finalmente, tenemos el regreso de los sandinistas, causado por la ambición de algunos que usaron medios débiles para mantenerse en el poder.
Todos estos principios coinciden en una sola idea, promovida por un servil que trataba de congraciarse con un gobernante de turno, y es que fueron formulados para que los príncipes pudieran mantenerse en el poder.
Hoy día, cientos de años después, esas prácticas se siguen repitiendo, con el agravante de que los políticos que las implementan son considerados “grandes estrategas” por lograr mantener a los caudillos en el poder. Pareciera que en nuestra psiquis están predeterminadas esas conductas que se convierten en parte de nuestra cultura.
La patria sigue a la espera de una juventud con nuevos principios, valores, dispuesta a realizar verdaderas transformaciones sociales y a borrar de nuestra memoria histórica los antiguos vicios que no permiten a Nicaragua levantar cabeza.
* El autor es ciudadano nicaragüense.
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