18 de febrero de 2012 | 00:00:00

Eloy Alfaro en Nicaragua

Jorge Eduardo Arellano | Opinión



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A cien años del bárbaro magnicidio de ese representante del liberalismo en nuestra América que fue el gobernante ecuatoriano Eloy Alfaro, acaecido en Quito el 28 de enero de 1912, recordemos que vivió en Nicaragua. Vino por primera vez a mediados de 1885, al concluir su victoriosa campaña contra el régimen tiránico de Ignacio Veintimilla; en esa ocasión, un joven liberal de 18 años, que muy pronto deslumbraría al mundo con su creación poética, llegó a entrevistarlo: Rubén Darío. A tal fecha se remonta la entrañable amistad que le profesó Fernando Sánchez, otro joven liberal nicaragüense que más tarde sería miembro del gabinete de José Santos Zelaya, y él entonces lo acogería en su residencia de León.

Su segunda visita puede calificarse de triunfal. Data de enero, 1894, y a ellas aludió su hermano de ideas e ideales: el colombiano Juan de Dios Uribe, afirmando que el gobierno de Zelaya quiso tener cerca al general Alfaro “para aprovechar sus consejos y experiencias en el grado de conflicto con el dictador Domingo Vásquez, de Honduras”. Agrega Uribe que, al arribar ambos a Corinto, “la multitud lo reconoció sobre cubierta, y fue recibido por el Ejército y por el pueblo con vítores y músicas guerreras”.

El fogueado caudillo dio su apoyo moral y táctico a Zelaya en su guerra contra el gobierno hondureño. Otra vez radicó en León, en casa de Fernando Sánchez y, como siempre, observaba con preocupado interés a su patria. Entonces recibió la noticia de que su hijo Bolívar, de apenas diez años, había fallecido, acrecentándose con este dolor la intensidad que desplegaba en su lucha de exilado. Y se trasladó a Costa Rica, donde cambiaría impresiones con José Martí y Antonio Maceo, para gestionar luego —en nombre del Ecuador— el Tratado de los Cuatro. Este consistía en un compromiso con los representantes de Nicaragua, Venezuela y Colombia, para apoyar la causa liberal en esos países y en el suyo. Así Zelaya puso a sus órdenes armas, hombres y el vapor “Momotombo”, por lo cual Alfaro viajó por tercera vez a Nicaragua.

En ese contexto Alfaro recibió el grado de General de División del Ejército de la República de Nicaragua, en León, el 12 de enero de 1894, manifestando su decisión de tomar las armas y derramar su sangre en defensa de la causa liberal de Nicaragua. Desde el puerto de Amapala, El Salvador, adonde se había trasladado para trabajar en sus planes expedicionarios al Ecuador, ofreció su espada a Zelaya para batir a los ingleses que habían ocupado militarmente Corinto. “El Presidente Zelaya estuvo de acuerdo —resume el desenlace de su actitud Alfredo Pareja Díazcanseco—, pero no pudo vencer la intriga diplomática y tuvo que ceder, las concesiones hechas a los ingleses irritaron a Alfaro y más porque debía callar”.

Solucionado el conflicto con Inglaterra, Alfaro viajó por cuarta vez a Nicaragua, a finales de mayo de 1895. Según La Gaceta Oficial, estuvo presente en un banquete ofrecido a los embajadores de Guatemala, El Salvador y Honduras que habían mediados en el conflicto. Inmediatamente se marchó a través de Corinto, embarcado en el “Momotombo”, con cien mil pesos y gran parte del armamento nuevo adquirido en Europa por el gobierno de Zelaya. Este, además, reconocía la beligerancia del gobierno provisional de Alfaro antes de tomar el poder por las armas en Ecuador el 22 de junio de 1895.

Desde entonces, practicando el internacionalismo liberal, Alfaro opuso el panamericanismo de James Blaine el ideal bolivariano, empeñándose en instaurarlo. El 10 de agosto de 1896 invitó a todos los países hispanoamericanos para reunirse en México, convocatoria a la que asistieron siete de ellos. Al año siguiente, aprovechó la visita al Ecuador de su viejo amigo Fernando Sánchez para asignarle el encargo de presentar su plan sobre la Gran Colombia al Presidente Zelaya, plan que incluía la unión centroamericana.

El plan de Alfaro de integrar la gran Colombia, sin embargo, no cesaba. Pero dejó de tomar la iniciativa. En abril de 1901 surgía en Quito una Junta Patriótica Colombiana —organizada por liberales de ese país— que le proclamaba Supremo Director de la Antigua Colombia, disponiendo del apoyo de los generales José Santos Zelaya de Nicaragua, G. Vargas Santos de Colombia y Cipriano Castro de Venezuela, “esclarecidos caudillos de América”, como los denominaban en ese documento.

Existen mayores datos que revelan el “bolivarismo” del líder ecuatoriano. Mas los anteriores bastan para destacarlo con motivo del centenario de la muerte de esa figura que abrió la brecha de entrada al siglo XX en su país, como Zelaya en Nicaragua, encarnando el liberalismo, no solo como ideología sino como temple.

* El autor es escritor e historiador nicaragüense.


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