6 de marzo de 2012 | 00:00:00

¿Y la violencia en las relaciones de noviazgo?


“La violencia psicológica es sutil y se funda principalmente en el chantaje emocional aprovechándose del vínculo afectivo que siente una pareja. No obstante, la violencia en el noviazgo es gradual y tiende a ir en aumento”

Uriel Pineda Quinteros | Opinión



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Se dice que el amor es darle a alguien el poder de lastimarte, y tener la confianza en que no lo hará. Desafortunadamente, que te lastimen o maltraten no es algo que dependa de ti, ya que la conducta violenta de tu pareja es el reflejo de su baja autoestima, inseguridad o historia personal debido a que reproduce las situaciones existentes en su cuadro familiar.

En las relaciones de noviazgo, la violencia se presenta cuando el hombre busca resolver las diferencias por medio de actos de agresión física o sicológica. Esta se distingue de la violencia entre parejas establecidas por no existir hijos en común y ausencia de lazos económicos o matrimoniales, pero se fundamentan en la misma actitud sexista que tiene como presupuesto la superioridad masculina.

La violencia psicológica es sutil y se funda principalmente en el chantaje emocional aprovechándose del vínculo afectivo que siente una pareja. No obstante, la violencia en el noviazgo es gradual y tiende a ir en aumento, ya que el hombre necesita esforzarse cada vez más para sentir que tiene el mismo grado de control sobre su pareja. En consecuencia, aparece la violencia física que se manifiesta en jalones de brazo o pelo; pellizcos o apretones de mano en público como advertencia que no es de su agrado la actitud de ella; intimidación por medio de gritos; y golpear objetos próximos a él delante de ti.

Este fenómeno tiene su origen en estereotipos de género, ya que el ser humano desde su nacimiento es etiquetado con roles masculinos y femeninos acorde a su sexo. Esta situación  ubica a la mujer en un rol dependiente y debe pedir opinión para todo, el correlativo de esto es que el hombre debe actuar con firmeza y ser agresivo por su imagen pública.

Por esta razón la mujer es objeto de discriminación, un trato diferenciado por criterios sexuales que no son objetivos y razonables. En consecuencia, la discriminación en razón del sexo o género es objeto de protección en el ámbito de los Derechos Humanos en la

Convención de la Naciones Unidas Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer de 1979 y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer de 1994.

En virtud de estas convenciones se reconoce el derecho de igualdad entre hombres y mujeres para el ejercicio de sus demás derechos y adicionalmente compromete a los Estados parte a eliminar la violencia física o psicológica en contra las mujeres en razón del género.

Un novio violento se caracteriza por ser controlador y celoso. Inicia estableciendo reglas como que no deben existir secretos entre ambos lo que después utiliza para exigir explicaciones, también se muestra protector y se ofrece para irla a dejar y traer cuando en realidad le interesa verificar dónde y con quién vas. Otra forma de control son las constantes llamadas telefónicas y hasta la revisión del celular; asimismo, busca como cambiar su forma de vestir, hablar o comportarte, situación que se agrava si existen diferencias en condiciones socioeconómicas o edades.

La última forma de control es que las reglas de la relación están hechas a su propia conveniencia.
En cuanto a los celos, comienza fiscalizando a sus amigos, vecinos o parientes, desconfía de ellos y los descalifica. Para evitar su reclamo al respecto, usa datos de sus pasados noviazgos o exalta sus defectos y le califica “ofrecida”, con ello pretende legitimar prohibiciones sobre su trabajo, estudios o costumbres.

La resistencia a esas prohibiciones deriva en escándalos públicos o privados, también suele congraciarse con miembros de su familia para que tomen partida a su favor en las discusiones y hacerla sentir culpable. Constantemente amenaza con terminar y la relación se torna inestable.

Un novio violento no cambia por su espontánea voluntad, por ello hacen infinidad de promesas de cambio que no cumplen. Una relación así baja tu autoestima, te hace vulnerable a adicciones y sobre todo te atemoriza tener nuevas relaciones en el futuro. Las mujeres tienen derecho a vivir sin violencia y el Estado tiene la obligación de garantizárselos.

El noviazgo es la antesala de la familia, prevenir la violencia en esta etapa protege el derecho de la mujer a vivir sin violencia y crea un círculo virtuoso que protege a la familia en general. Por ello, como joven demando de mis autoridades una campaña de educación masiva para prevenir este flagelo.

*El autor es miembro de la Juventud del Partido Conservador.


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