30 de abril de 2012 | 00:00:00


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Volvamos al mar

Francisco Javier Bautista | Opinión

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“El océano es el origen de todas las cosas”
Homero

Venimos del mar, volvamos a él; el agua predomina en la composición del planeta. Los elementos que componen la vida, dando origen a sus primeras formas, evolucionaron en nosotros y vinieron del mar. ¿Has oído hablar de las propiedades curativas del agua de mar almacenada en los inmensos y profundos océanos? En el organismo humano predominan los flujos salobres: la sangre, el sudor, el orín, las lágrimas son saladas. La vida, para existir, requiere mayor alcalinidad y menos acidez. Mientras la acidez es signo de descomposición, la alcalinidad es síntoma de vida y sanidad.

En nosotros coexisten, por mutua conveniencia, bacterias y hongos que crecen dentro del cuerpo en armonía y equilibrio necesario, pero que pueden volverse dañinos al desarrollarse en exceso o reducirse, si se modifica el medio donde viven por la abundancia de azúcares, hidratos de carbono, aire y agua contaminada, desorden de la flora intestinal, antibióticos y otros.

Cuando los microorganismos se alteran y el funcionamiento celular es irregular, el síntoma visible es aumento de acidez. Inicia un proceso de descomposición, de destrucción celular, alterando el desempeño de los órganos, rompiendo el equilibrio y acercándonos a la muerte, circunstancia que ineludiblemente nos espera un día.

Es posible, según diversos estudios, que los estados de ánimo negativos: pánico, miedos, odio, ira, ansiedad, depresión, insomnio, en general el estrés (categoría con la que se califica a los desordenes humanos contemporáneos) aumenten la acidez en la sangre y afecten nuestras células, atrofiando su funcionamiento y produciendo descompensaciones. Según el norteamericano Sang Whang (Corea, 1931), el exceso de acidez en nuestro cuerpo cultiva el cáncer. Para Ryke Hamer (Alemania, 1935), las enfermedades y el cáncer tienen origen en una experiencia traumática.

René Quinton (Francia, 1966– 1925), miembro de la Academia de Ciencias, uno de los más reconocidos naturalistas después de Charles Darwin, investigó sobre lo que se llamó en Europa el “Plasma de Quinton” (1904); identificó al agua de mar como fuente natural y completa para las células, por ser un suero eficaz.

Entre el plasma marino y el plasma humano existe identidad fisiológica. En Canadá se nombra “Ocean Plasma”. El agua del mar contiene 118 elementos de la tabla periódica, numerosas sales, plancton y microorganismos en formas originales; constituye un cóctel alimenticio gratuito completo y diverso insustituible.

Nuestro cuerpo es un océano donde flotan, al igual que en el mar, microrganismos y nutrientes.

¿Cómo identificar el elemento o nutriente que falta en el organismo? El agua de mar los contiene mayoritariamente, lo que nuestro cuerpo requiera lo tomará y lo que no, en su funcionamiento regularizado, lo eliminará.

Es un compuesto antioxidante, reúne, entre otros minerales y sales: potasio, hierro, calcio, litio, flúor, fosforo, nitrógeno, yodo, sodio, cloruro de potasio, cloruro de magnesio, bicarbonato de sodio, sulfatos; tiene alcalinidad, lo que no es lo mismo que cloruro de sodio (sal común), sino un compuesto diverso, integral, natural y balanceado.

La “Ley de Medicina Natural, Terapias Complementarias y Productos Naturales de Nicaragua”, Ley 774 (octubre 2011), define la “Talasoterapia”, uso y beneficios del agua de mar, conocida como “hidrología marina” o “terapia marina”, parte de la medicina natural, terapias complementarias y productos naturales del Sistema Nacional de Salud. Legalmente establecida, los terapeutas pueden prescribirla y los pacientes consumirla con confianza; no tiene contraindicaciones aunque persista resistencia en muchos profesionales de la medicina que por desconocimiento y costumbre se limitan, no exploran los alcances de la medicina natural y las innumerables terapias alternativas, algunas ancestrales, tal y como lo reconoció la “Ley de Medicina Tradicional Ancestral” (29/3/2011).

La vida vegetal y animal requiere determinadas condiciones de acidez, salinidad y temperatura similares a las primigenias; ese equilibrio natural es la base de la salud. Decía Tomás Moro en Utopía, que la salud es el placer mas importante, sin ella, ninguno tiene cabida. El desequilibrio se traduce en enfermedad. El agua de mar, en su estado natural, ofrece los elementos que requieren las células, les invito a probarla.

El agua de mar, la verdad, no cura nada en particular, lo que hace –y es suficiente- es proporcionar a las células nutrientes, mantiene estable la salinidad para que la vida se preserve, induce el equilibrio mineral y regenera el medio interno. Por mi parte he comprobado sus beneficios. En la simplicidad de su origen radica la profunda amplitud de sus propiedades.

Según Tales de Mileto, el agua guarda el origen de la vida, es la “sustancia universal primaria”. Es fertilidad, alimento, refugio, frescura, equilibrio y bautismo. El mar concentró los elementos que juntos, provocaron el germen vital. La vida se levantó del mar, volvamos a sus aguas para seguir viviendo a plenitud el tiempo que nos toca.

Managua, 26/4/2012

*Economista.
www.franciscobautista.com


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