10 de mayo de 2012 | 00:00:00


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La educación en Nicaragua

Emiliano Ramírez | Opinión



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He leído artículos y propuestas de planes e ideas sobre el problema de la educación en Nicaragua. Todos redundan en los mismos aspectos: más presupuesto, mejores planes educativos, más capacitación a los maestros, más participación de la comunidad y padres de familias, y en alguna medida se han tocado  aspectos metodológicos de la educación.

Considero que todas las reflexiones sobre estos temas son muy valiosas. Sin embargo, creo que ha existido mucha timidez para abordar este tema desde el punto de vista de responsabilidad  humana, político-social y físico-mental

Cuando digo responsabilidad humana, me refiero a todo el aparato educativo, principalmente a los maestros, a los que han asumido el deber, el compromiso humano de construir, de transformar a niños y jóvenes en hombres y mujeres como individuos con carácter, con  espíritu de decisión, con sentimiento de la satisfacción en la responsabilidad, con entereza para abordar problemas vitales de la vida; al maestro que asume con  amor  inculcar en los estudiantes los valores de discreción, lealtad y espíritu de sacrificio para con él, su familia ,su patria y su pueblo; convencidos que estas  virtudes son indispensables para formar grandes hombres para grandes pueblos.

La enseñanza y cultivo de tales virtudes tiene más importancia y efectos positivos en la formación de los niños y la juventud, que muchas de las asignaturas que llenan los programas escolares. Es uno de los grandes problemas de la educación en Nicaragua. ¿Quién esta trasmitiendo todos esos valores, virtudes y principios a los estudiantes? ¿Lo estarán haciendo nuestros maestros? ¿Qué buenos estudiantes podemos esperar sin esos valores? Ni más presupuesto, ni mejores planes educativos, ni nada mejorará la educación si no se implementan esos valores.

Es el Estado a través de sus instituciones y mecanismos correspondientes el que debe garantizar las condiciones básicas para la educación, pero también debe controlar que efectivamente en cada escuela, en cada institución educativa se implementen esos valores.

¿Cómo y con quién construir y trasmitir esos valores cuando casi todos los actores actuales fueron absorbidos por la deformación educativa del neoliberalismo?

Una de las tareas primordiales del Estado es evitar que niños y jóvenes caigan en manos de malos educadores o educadores mal intencionados. Si eso ocurre, como creo que está ocurriendo, el problema de la educación en Nicaragua no tendrá solución. El Estado tiene la obligación de controlar su educación y oponerse a todo indicio de mala fe, y de mala formación. Recordemos que la influencia que ejercen los maestros sobre sus alumnos es la más eficaz y penetrante de todas, ya que no obra transitoriamente, sino en forma permanente.

En lo sistemático y en la eterna repetición de su prédica estriba el secreto de la enorme importancia que tiene la implementación de esos valores que he mencionado. Numerosos defectos morales que en la actualidad pesan sobre nuestra juventud, podrían ser, si no eliminados completamente, por lo menos atenuados en gran parte, gracias a las ventajas de un sistema de educación bien orientado.

Jamás debe el Estado dejarse sugestionar ni chantajear por nadie cuando se trata de la educación. Un Estado que ya no tiene la decisión firme de defender la política educativa de su pueblo, prácticamente está destinado a la claudicación.

La educación en Nicaragua, como en casi todos los países del mundo, enfrenta el gran reto de dos grandes monstruos que poco a poco están atrapando a nuestros jóvenes: las redes sociales de comunicación y los oprobiosos vicios (droga, alcohol, prostitución, etc.). Es aquí donde el gobierno debe aplicar con rigor y firmeza, en todos los centros educativos, aquel pensamiento de “Mente sana en cuerpo sano”, a través de un entrenamiento físico obligatorio, sistemática y permanentemente, hasta que el joven salga de secundaria. Debemos estar claros que el rol de la educación no consiste exclusivamente en insuflar sabiduría, es también su cometido anular la concepción errónea de que el ejercicio físico es cuestión personal de cada uno.

Paralelamente al proceso de la educación académica y el entrenamiento físico, debe iniciarse la lucha contra el emponzoñamiento del alma. Basta analizar el contenido de los programas de nuestros cinemas, internet, cable tv, revistas y otros medios de comunicación para llegar a la conclusión de que todo eso no es precisamente alimento espiritual que convenga a la juventud. El gobierno tiene la obligación de elaborar un plan para atender y cuidar a su juventud; no únicamente durante los años de la vida escolar; su obligación se extiende al periodo post-escolar hasta que alcance su desarrollo.

Granada 7 de mayo de 2012

* Profesor de Física yMatemáticas


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