14 de julio de 2012 | 00:00:00


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Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

La norma y sus criterios

Róger Matus Lazo | Opinión




La lengua estándar corresponde, en nuestro caso, a la lengua española constituida de un vocabulario y construcciones sintácticas de orden general, susceptible de ser utilizado en situaciones comunicativas diversas sin riesgo de ininteligibilidad. La palabra “caballo”, por ejemplo, es una voz culta, derivada del latín. Pertenece al español estándar y todo mundo, en España e Hispanoamérica, entiende lo que significa “caballo”. Pero si usted recurre al concepto de “caballo” en los distintos países hispanohablantes, se dará cuenta de que cada comunidad lingüística tiene sus propias variantes populares, con un contenido semántico diferente. Por ejemplo, en Nicaragua, Costa Rica, Perú, Guatemala, Colombia, Uruguay y Argentina significa ‘persona bruta o estúpida’. En Cuba significa ‘persona que posee amplios conocimientos o habilidades para hacer algo’. En Chile, “caballo” es un adjetivo que significa ‘estupendo, magnífico’ (lo que en Nicaragua llamamos “caballada”).

Usted dice “escoba” en España y en cualquier país de Hispanoamérica, y todos entienden que se trata de un utensilio de limpieza. Pero en algunos países hispanoamericanos hay formas compuestas y perifrásticas con la palabra escoba, con un significado especial: escoba amarga (planta silvestre, en Cuba y El Salvador); escoba de la bruja (planta parásita, en Ecuador); dejar la escoba (causar problemas o dificultades, en Chile); llegar con la escoba (despedir a determinados empleados en una institución o empresa, en Nicaragua).

Un “pichel”, todo mundo lo sabe, es una especie de vaso alto, ordinariamente algo más ancho del suelo que de la boca. Pero en Costa Rica llaman despectivamente “pichel” el rostro de una persona, en España designa un homosexual, y en Nicaragua una empleada doméstica.

Los hombres de mar utilizan el término “bichero” para designar el ‘asta larga que en uno de los extremos tiene un hierro de punta y gancho, y que sirve en las embarcaciones menores para atracar y desatracar y para otros diversos usos’. Sin embargo, en Venezuela denota una multitud de personas, animales o cosas; en el norte de España alude a un grupo de niños; en Cuba significa un anzuelo pequeño; los argentinos y uruguayos llaman bichero a la ‘persona que profesa un especial cariño por los animales’; entre jóvenes españoles se lo emplea para referirse a la persona que gusta de beber cerveza, y entre nicaragüenses se le dice bichero al hombre chismoso en asuntos de mujeres.

Todo hispanoparlante emplea la lengua estándar en la escritura, en la enseñanza del español como lengua materna y como segunda lengua, en situaciones formales y en la interacción con usuarios de otras variedades del español. Pero la norma no funciona con criterio absoluto para cada lengua. Cada variedad dialectal cuenta con una subnorma que emplea como criterio de uso en el país. Por ejemplo, en España dicen “le vi en una biblioteca”, lo cual es correcto de acuerdo con la norma española, pero no conforme a la norma de otras zonas de habla española, como en Nicaragua y otros países hispanoamericanos que dicen “lo vi”.

Lo normativo, por tanto, no siempre coincide en todos los lugares debido a la existencia de diversas variedades lingüísticas. Así, dentro del territorio de dominio del español, el seseo es “norma culta” en Andalucía, en Canarias y en Hispanoamérica, pero no lo es en el habla de Castilla; el voseo es normativo en Argentina, pero no en España ni en la mayor parte de Hispanoamérica. En España se dice: “Ese libro es vuestro”, y en Hispanoamérica se dice: “Ese libro es suyo”. En España y México se dice “tú” como norma culta, en Argentina “vos” y en el resto de los países “usted”.

La norma no funciona con criterio inmutable, sino que cambia a medida que evoluciona la lengua. La palabra “abogado” es un ejemplo cuyo uso se impuso con “b”, pese a que antiguamente se escribía con “v” por su raíz etimológica latina: advocatum. O el caso contrario: “maravilla” se escribe ahora con “v” y procede de la voz latina con “b” mirabilia.

Más recientemente, tenemos un caso de acentuación: los verbos adecuar, licuar y evacuar en las formas “adecua”, “licua” y “evacua” correspondían a la norma peninsular, pero con el tiempo y el uso hispanoamericano se impuso la forma considerada igualmente correcta “adecúa”, “licúa” y “evacúa”. Como dice Octavio Paz: “Gracias a sus variaciones, el español sigue siendo una lengua universal, capaz de albergar las singularidades y el genio de muchos pueblos”.

* Escritor y lingüista

rmatuslazo@cablenet.com.ni


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