3 de octubre de 2012 | 00:00:00


El síndrome del figureo

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Las Clases Sociales en Nicaragua

Por León Núñez | Opinión



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Parece que en este mundo no existe tema que no esté sujeto a controversia. Con el asunto de las clases sociales pasa igual. Los sociólogos no se han puesto de acuerdo ni siquiera sobre el concepto de clase, y si no se han puesto de acuerdo sobre el concepto de clase, más difícil será que se pongan de acuerdo sobre una jerarquización de las categorías sociales.

Si esto sucede con los sociólogos es fácil imaginarse el embrollo que deben armar los que no lo son. Sin embargo, a veces es importante meditar sobre algunas opiniones que sobre esta materia suelen emitir nuestros sociólogos autodidactas, a quienes se les debe atribuir el descubrimiento de una nueva clase: la chusma.

Antes de 1979, yo había oído hablar que en Nicaragua existía una clase alta, una clase media-alta, una clase media, una clase media-baja y una clase baja. Algunos amigos de Acoyapa, muy enterados de estas cosas, por haberse rozado en Granada, me ponían como ejemplo, para que yo entendiera mejor la clasificación, que los que vivían en Managua, por ejemplo, en Santo Domingo, formaban parte de la clase alta o media alta; que los que vivían en Colonial Los Robles formaban parte de la clase media-media; que los que vivían en Altamira D’Este pertenecían a la clase media baja; que los que vivían...La única discrepancia sociológica que escuché a este respecto, fue la de un experto en estas cosas, granadino por cierto, que decía que los que vivían en Bello Horizonte no formaban parte de la clase media-media sino de la clase media-baja y que los que vivían en Rubenia formaban parte de la clase media-baja-baja-baja.

Fue muchos años después, en Costa Rica, cuando volví a oír algo sobre las clases sociales en Nicaragua, pero con un criterio diferente. Un señor nicaragüense, que reiteradamente manifestaba su orgullo de descender directamente de la más rancia y antigua nobleza española, defendía la tesis de que en este país los nicaragüenses podían agruparse en cuatro clases sociales: los de primera, los de segunda, los de tercera y la chusma. Y que dentro de las tres primeras clases existen tres categorías. En la primera clase están comprendidos los de primera de primera, los de segunda de primera y los de tercera de primera. En la segunda clase están ubicados los de primera de segunda, los de segunda de segunda y los de tercera de segunda y en la tercera clase están situados los de primera de tercera, los de segunda de tercera y los de tercera de tercera.

Desde el primer momento supuse con acierto que el defensor de esta tesis era una persona de primera de primera, y no solamente en Nicaragua, sino en todo el mundo, pues siempre que se refería a políticos de nivel mundial lo hacía con la familiaridad con que se tratan los que han sido amigos desde la infancia.

Recuerdo que siempre hablaba de sus cenas con Chale (Carlos Andrés Pérez); de sus visitas a Miguelito (Miguel de la Madrid); de sus entrevistas con Felipillo (Felipe González); de sus traguitos con Güicho (Luis Alberto Monge); de sus conversaciones telefónicas con Margot (Margaret Tatcher), de las promesas de Ronnie (Ronald Reagan)...

No obstante que me “codeaba” con él en Costa Rica en las reuniones de la directiva de una organización de empresarios nicaragüenses en el exilio, no me pareció oportuno, de primas a primeras, pedirle que me explicara lo que yo consideraba apenas el enunciado de una complejísima tesis sociológica.

Cuando al fin me atreví a pedirle que me explicara su tesis sociológica no quiso hacerlo. Al menos me dijo que necesitaría de muchas horas para poder explicármela; que lo mejor era considerar algunos ejemplos. Entonces le pregunté por algunos nicaragüenses que estaban en el exilio. Me dijo, por ejemplo, que el ingeniero Alfonso Robelo era de primera de primera en León pero que en Managua había bajado; que siempre era de primera, pero de segunda de primera, pero que al casarse con una señora Cardenal había vuelto a ser de primera de primera; que el ingeniero Alfredo César era de primera, pero de segunda de primera; que el doctor Arturo Cruz era de primera de primera en Jinotepe, pero que en Managua era de primera de segunda; que los únicos de primera de primera que no bajaban en Managua eran los de Granada, me refiero lógicamente a los granadinos de primera de primera.

Quizás mi preguntadera la interpretó en el sentido de que yo podría estarme burlando de su posición sociológica, porque me preguntó de dónde yo era.

Yo le contesté: de la ciudad de Acoyapa. Y usted ¿cómo se considera en Acoyapa? me volvió a preguntar. Yo en Acoyapa soy de primera de primera, le respondí. Y levantándose de su asiento, me dijo que yo podría tal vez ser de primera de primera en Acoyapa, pero que él me garantizaba que en Managua yo era chusma.

No creí oportuno entrar en una discusión sociológica. No quise alegar que los que somos de primera de primera en Acoyapa, por muchas razones, no podíamos bajar tanto en Managua. El estaba convencido de que yo no alcanzaba en su escala jerárquica ni siquiera la categoría de tercera de tercera.

Después de esta amena como ilustrativa conversación pensé en las grandes dificultades del tema de las clases sociales. Pensé en que cómo era posible que hubiesen puntos de vista tan dispares no solamente entre sociólogos sino también entre los que no lo son. De todas maneras, para mí es siempre interesante conocer las diversas formas de ver la realidad para, de vez en cuando, contárselas a mis lectores.


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