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“No es una nueva manera de llamar un concepto antiguo, sino un nuevo nombre para una comprensión de la fuerza y la capacidad que tiene lo comunicativo; capacidad que ya se visibiliza plenamente en la sociedad”.

Pereira, Cadavid y Gumucio

Comunicación para el cambio social

 

Desde el año 2000, en un contexto de globalización e Internet como respuesta a la comunicación para el desarrollo, diversos actores en América Latina vienen apostando a la comunicación para el cambio social, como un nuevo paradigma que intenta construir un auténtico diálogo, estimular la participación, construir ciudadanía, democratizar la comunicación, devolver la palabra y convertir a los sujetos como actores centrales y agentes de su propio desarrollo humano y social.

La comunicación para el cambio social es participativa, surge de la sociedad, se basa en la propia cultura (respeto a las lenguas, y la historia), busca alianzas y establece redes, y además se define como “la apuesta cultural de cambio, se requiere legitimar y promover una actitud frente a la vida asumiendo: el desarrollo como meta personal y colectiva; una mirada común: gestando una identidad comunicativa que mire al futuro; un estilo de actuación basándose en el diálogo y la concertación” (Calandria: 2005).

La comunicación para el cambio social apuesta a la equidad de género y visibilización de las mujeres, etnias y niñez, y concibe la comunicación no desde el mediacentrismo comercial y partidario, sino que apuesta a otras formas de comunicación y construcción de imaginarios sociales y culturales por medio de la comunicación alternativa: asambleas de base, teatro, cabildos, uso de Internet, edu-entretenimiento, campañas y medios de comunicación con un modelo de sociedad civil, y basismo.

Surge como resultado de diversos debates que apuestan tejer con luz propia la mirada de la comunicación en América Latina. Como exponen Pereira, Gumucio y Cadavid, “no es una nueva manera de llamar un concepto antiguo, sino un nuevo nombre para una comprensión de la fuerza y la capacidad que tiene lo comunicativo; capacidad que ya se visibiliza plenamente en la sociedad, exponen Cadavid, Gumucio y Pereira (2011).

Este nuevo modelo de comunicación apuesta por el respeto a la cultura desde lo local, considera la cultura y el contexto histórico como base fundamental para la elaboración de mensajes y la participación activa de los individuos y colectividad. La comunicación ocurre en espacio determinado, esto significa que “hay que tomar en cuenta que lo que se logra en un país no se puede aplicar de manera idéntica a otro, porque entran en juego otros elementos de carácter cultural histórico, y político”. (Rodríguez, Obregón y Vega: 2002).

Toma distancia del modelo de desarrollo neoliberal y neoestructuralista. Entiende el desarrollo desde un enfoque de desarrollo humano y “basismo”, y tiene “una es una visión integral que busca ampliar capacidades, información, libertades, derechos y deberes, autoestima y equidad, es responsabilidad de todos: Estado, ciudadanos, organizaciones e instituciones, los ciudadanos son el centro del desarrollo, en tanto dueño de sus destinos deben participar y se planifica a largo plazo basado en análisis del presente y la visión del futuro”, (Calandria, 2005).

Clemencia Rodríguez, una de las primeras teóricas de este modelo, expone que en este paradigma se apuesta superar la comunicación vertical y darle un rol más activo a los sujetos, y lejos de trabajar en beneficio del mercado en la promoción de servicios y productos, se pretende alcanzar el desarrollo mediante el cambio de actitudes, conductas y creencias que impide el desarrollo humano. Se trata entonces de construir significado a “partir de un proceso de socialización, a partir del cual media, reelabora y resignifica el sentido de su vida y de los mensajes y de los estímulos que percibe”, (Rodríguez, Obregón y Vega: 2002).

La comunicación para el cambio social se sitúa en el siglo XXI, como una alternativa al desarrollo humano y social, que debe ser ajena a la influencia de actores tradicionales: partidos políticos, empresa privada, Estado, iglesias, medios de comunicación, donde el profesional de la comunicación de los movimientos sociales, ONG, Agencias de Cooperación y universidades, únicamente desempeñan un rol de facilitador, y por el contrario, las líderes y ciudadanas sean “el medio y fin” de su propio desarrollo, como matiza Rosa María Alfaro.

 

* Comunicólogo y Docente

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